El sufijo itis indica una inflamación. Se utiliza en medicina y todos sabemos que está señalando la enfermedad del órgano afectado. Nuestra sociedad está padeciendo hace más de dos décadas la enfermedad de la debatitis. La utilización de los debates, hasta superar todo plazo. Los partidos políticos, las asociaciones, la élite intelectual, se acogen a que el tema no está debatido para excusarse de tomar decisiones, llegar a conclusiones y definirse sobre los más trascendentales problemas de nuestro tiempo.

Este escudarse en que el “tema” no está debatido no solo sirve para eludir la adopción de medidas legales o políticas imprescindibles sino también, y este el principal objetivo, para mantener un estado de cosas injusto y opresivo sin límite de tiempo. De nada sirve que uno de los más urgentes, acabar con el infame comercio del cuerpo de las mujeres, la prostitución, esté en debate desde hace treinta años.

Desde que las mafias de la prostitución lo lanzaron a la palestra pública, con todos los medios de que disponen, utilizando a sus sicarios, proxenetas, madames, cómplices y beneficiarios, para, aprovechando lo que ya comenzaba a significarse como debatitis, lanzar el argumento de la “protección” de las mujeres prostituidas. Apoyándose en la distorsión perversa de la defensa de la “libertad”, y cambiando el lenguaje con que se las denominan, ahora son “trabajadoras del sexo”, plantean la regularización de esa “actividad”. A quienes nos oponemos a legalizar tal esclavitud sexual, lo que supone la denigración de las mujeres dándoles permiso a los hombres para utilizar su cuerpo con fines sexuales, nos han tachado de reprimidas, opresoras de la sexualidad, con prejuicios judeo-cristianos, anticuadas e intransigentes.

Pero no sería este frente de oposición el más difícil de luchar sino la doblez, la vacilación y la debilidad de aquellos que calificándose de “demócratas” no se definen, arguyendo que el tema está en debate, que hay muchas opiniones diferentes sobre él y que hay que oír a todas las partes. Mediante estos “argumentos” se dilata y se retrasa tomar la decisión de abolirla, y a la vez, estos liberales, que aceptan todas las opiniones, se pretenden más abiertos y comprensivos que los “rígidos” que queremos acabar con esa explotación femenina.

Las alcaldesas de las dos más grandes ciudades españolas, Madrid y Barcelona, han adoptado esta postura. La de Barcelona, que siempre se ha creído -la ciudad y la alcaldesa- más moderna, más vanguardista, más abierta y comprensiva que todas las demás españolas, se ha decantado abiertamente por regular la prostitución, concediendo permisos para abrir burdeles en la ciudad, y si no ha llevado a término su propósito ha sido porque las alcaldesas de IU de ciudades del contorno de Barcelona, que albergan a cientos de miles de habitantes, se han unido para criticarla. La decisión se quedó en el aire, porque, según ha declarado Ada Colau, el tema está en “debate”.

Este es el mismo argumento con el que Manola Carmena se ha negado a que el Ayuntamiento se declare abolicionista, a petición del Partido Feminista de España. Mientras tanto vemos y sabemos que miles de mujeres son prostituidas en nuestra ciudad, víctimas de la miseria, ante los ojos de todos, ciudadanos y policías, sin que ninguna institución las libere de esa infamia.

El debate detiene las decisiones para la transformación y el avance imprescindibles en nuestro país. En lo que hace referencia a los grandes problemas que afectan a las mujeres, tampoco es posible lograr el consenso –otro término de moda- entre los partidos políticos para modificar la Ley de Violencia de Género. Y ahí soportamos las infames cifras de feminicido anuales, sin escándalo, mientras seguimos debatiendo si conviene o no modificar una ley que no protege a las mujeres de la violencia machista.

Ahora ha saltado a la palestra de los debates el alquiler de vientres de mujeres. En esta avanzada ciudad de Madrid, que tiene un Ayuntamiento progresista, acaba de celebrarse, el 8 de mayo pasado, en el Hotel Meliá, una Feria en la que se han ofertado mujeres como si fuesen vacas, para ser inseminadas e incubar a un feto nueve meses, y entregarle después el producto ya terminado al cliente. Un reportaje del medio digital El Español.es nos cuenta cómo al periodista que se finge cliente le ofrecen mujeres de Estados Unidos, las más sanas y seleccionadas, de Ucrania, de Rusia, de India, para que sean bombardeadas con hormonas, se les extraigan los óvulos así producidos, se inseminen, se inserte el embrión nuevamente en el útero de la víctima, se espere los nueve meses de incubación y el comprador se lleve el niño. Previo pago, eso sí, de 50.000 a 200.000 euros: las estadounidenses son las más caras, como es natural. A los interesados se les regala un catálogo con las fotos de las posibles “madres”. Todas jóvenes, todas bonitas, todas sanas. No se si todas inteligentes.

Tampoco en este caso el Ayuntamiento de Madrid puede prohibir la Feria ni pronunciarse sobre semejante comercio, porque el tema de legalizar lo que llaman la maternidad subrogada, está a “debate”, y al parecer los máximos responsables del municipio no tienen criterio sobre el mismo.

De la misma manera se debate sobre si existe izquierda y derecha. Supongo que a partir de ahora tendremos que debatir también si existe el capital, la explotación de las clases trabajadoras, la lucha de clases y hasta la propia existencia de las clases. Y nadie puede pronunciarse mientras no se haya concluido este debate, que naturalmente no le interesa acabar ni al Capital ni al Patriarcado. Porque mientras los vacilantes, ignorantes, oportunistas y vendidos al Capital están debatiendo, los poderes de todo tipo siguen obteniendo sus beneficios de la explotación de trabajadores y mujeres.

Solo queda que discutamos si mantenemos la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas, aprobada el 10 de diciembre de 1948, porque como ha pasado mucho tiempo sería bueno que pusiéramos a debate la pena de muerte, la tortura, la esclavitud, las libertades fundamentales instauradas por la Revolución Francesa.

Que no se argumente que no son comparables la prostitución y el alquiler de vientres con los demás derechos, porque en estas explotaciones entra la humillación, la esclavitud, la tortura y tantas veces la muerte. Y se viola la libertad de las personas, porque ningún ser humano acepta libremente que su cuerpo sea utilizado sexualmente como si de un objeto se tratara. Solamente las infames condiciones económicas que sufren las mujeres en las clases más desfavorecidas las impelen a aceptar ser prostituidas. Ni la explotación sexual de las personas ni la utilización de las facultades reproductoras de las mujeres, son compatibles con los derechos humanos que establece la ONU y que nuestra Constitución ha aprobado. Sobe tales principios no se puede aceptar ningún debate.

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