(Síntesis de las charlas brindadas sobre el tema en Popayán y Cali, Colombia)

Si bien los movimientos guerrilleros del cono sur americano tuvieron como eje en común la lucha contra las dictaduras militares que se apropiaron de los gobiernos en las décadas del 60’ y 70’ del siglo pasado, e incluso llegaron a articular una Junta de Coordinación Revolucionaria (Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina, Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros de Uruguay y Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile) que entre otras cosas fabricó una sub-ametralladora para todas las organizaciones, fue muy dispar como lo fue su accionar cuando recrudeció la represión.

Para el análisis tomaremos los ejemplos argentino y uruguayo, para ver cuales de las experiencias vividas en ambas costas del Río de la Plata puede servir como modelo para la realidad actual colombiana.

En el caso argentino la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo, de origen marxista, fue derrotada militarmente durante la última dictadura militar argentina y la mayor parte de su comandancia muerta en combate o en las mazmorras de los Centros Clandestinos de Detención que los militares sembraron en todo el país. La organización Montoneros, de origen peronista, también fue derrotada en combate en la década del 70’, pero gran parte de la comandancia ‘logró huir’ al exilio para evitar la muerte, hecho sobre el que hay denuncias de acuerdos espurios con el Almirante Massera a fin de intercambiar libertad a cambio de constituirse como think tank del entonces jerarca de la Marina.

Tras la instauración democrática en 1983, la Justicia argentina persiguió a los líderes de Montoneros para que, en los estrados judiciales, rindieran cuentas de sus actos. Mario Eduardo Firmenich fue detenido y condenado, y aunque recibió el máximo de la condena posible, fue indultado pocos años después por el entonces presidente, peronista también, Carlos Menem.

En el caso uruguayo en tanto, los líderes tupamaros fueron capturados por las fuerzas militares y retenidos como una suerte de rehenes o escudos humanos ante un posible rebrote subversivo del MLN. En condiciones infrahumanas pasaron largos años en improvisadas celdas de castigo que se iban erigiendo en diferentes cuarteles militares. A diferencia de Argentina, en donde la transición democrática se dio por ruptura, en Uruguay no hubo juicios, por lo que con la asunción de Julio María Sanguinetti y la liberación de los presos políticos, estos se reintegraron a la participación política, esta vez sin armas.

Así entonces, en Argentina la participación de los cuadros montoneros se dio inicialmente a partir de la década del 90’ durante el gobierno de Carlos Menem, y aumentó con el arribo de la Alianza a finales de la misma década, puesto que muchos de los cuadros intelectuales de Montoneros militaban en el FREPASO (frente de centroizquierda ya desaparecido) que en acuerdo con la Unión Cívica Radical, gobernó Argentina a partir de 1999, aunque ocupando cargos de segunda línea fundamentalmente.

Tras la crisis de 2001, y con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno en 2003 con un discurso reivindicatorio de los postulados de los años 70’, que obviamente él no defendió en ese entonces, los cuadros montoneros en el gobierno aumentaron notablemente ocupando puestos de mayor responsabilidad.

En Uruguay, cuando el MLN-Tupamaros decide integrarse en el Frente Amplio comenzó a tener posiciones en el poder legislativo, y ya con el arribo del FA al gobierno tras la eliminación de la Ley de Lemas que, en la práctica, garantizaba la inaccesibilidad de la centroizquierda al gobierno del ‘paisito’, la participación de los ‘tupas’ creció notoriamente con la ocupación de Ministerios y tuvo su apogeo en la elección de José Mujica como Presidente de la República.

Como se puede ver, la historia de los propios movimientos guerrilleros y su compromiso con la militancia y ciudadanía en general, sumados a la forma en que la democracia se instaló en los países del cono sur, determinaron la forma en que los viejos guerrilleros se insertaron en la contienda político partidaria electoral.

En el caso uruguayo, en el que los jefes subversivos pudieron explicar su accionar y no hubo acuerdo para que no hubiera persecución judicial la reinserción fue más sencilla que en el caso argentino, en el que si bien hubo persecución judicial a los líderes guerrilleros, fue la propia ciudadanía quien le dio la espalda por su accionar al frente de los movimientos de liberación nacional.

Curiosamente ambos líderes guerrilleros comparten el mismo apodo, Pepe, pero mientras Mujica goza del respecto de casi todo el pueblo uruguayo y el apoyo electoral de gran parte del mismo, Firmenich debió exiliarse por el rechazo que generaba su figura, como por ejemplo cuando fuera declarado persona no grata en la Universidad de Buenos Aires, donde cursaba estudios.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

20 − diecisiete =