Ni está dirigida por Sydney Pollack, ni protagonizada por Jane Fonda y Michael Sarrazin. Nuestro ¡Danzad, malditos! patrio lo dirige alguien pero no sabemos quién es, si el Borbón, Rufino Arrimadas o M. Rajoy.

Para quien no lo sepa durante la época de la Gran Depresión estadounidense se montaban concursos que consistían en hacer bailar a parejas de forma continuada, día y noche, con pausas mínimas. Ganaba la pareja que resistía más tiempo bailando, la cual recibía un premio en metálico. ¿Cuántos de nosotros no somos de alguna manera como Gloria y Robert en la película, que bailan para recibir comida y estar con la expectativa de ganar un premio? De lo primero no cabe duda, de lo segundo solo los más ingenuos.

Si todo esto les suena raro simplemente aprendan de los maestros de la diatriba y les irá mucho mejor en la vida, aprendan de los políticos. Afíliense al partido que más posibilidades les dé de trepar. Por supuesto da igual su afinidad ideológica, siempre pueden ser el Bono del PSOE o el Vila del PDeCAT. A partir de ahí a hacer pasillo, a mentir, a dar las palmas a quien haya que dárselas, háganse amigos del que haga las listas y les garanticen cuanto menos una concejalía (si es la de urbanismo, mejor), roben, mientan, prometan, hagan muchos amiguitos del alma que quieran un huevo y váyanse de fiesta, de mitin, de fiesta, que les hagan trajes a medida, háganse fotos con niños (si son de teta mejor), mantengan feliz a la Conferencia Episcopal o al Che del Bershka, mientan, sobornen, roben y al final de todo casi seguro tendrán una paga vitalicia o un sótano lleno de billetes de 500 euros.

¿Y por qué les digo yo todo esto toda vez que la mía es una columna que bien podría conocerse como manualito de moralidad? Pues porque yo no soy ni Gloria ni Robert y ya no bailo más. Renuncio al premio. En la República Independiente de Ibi renuncio ante la evidencia.

El Poder Legislativo sobra, el Poder Judicial sobra, el Cuarto Poder sobra. Y sobran porque el Ejecutivo los compra a todos. Compra desde un hacker hasta un 155. La división de poderes es un desvarío de Montesquieu… ¿Y el Ejecutivo? Sobra también porque es el corruptor corrupto. Pero que quede claro que todo esto lo pienso y no lo escribo, y que hablo de la República de Ibi y no de cualquier otro país, porque como de todos es sabido en España hay libertad de opinión, de pensamiento y de expresión. En España hay democracia, ¿o no?

 

¡Qué bonito sería que nadie volviera a votar y salieran todos ellos llorando, alargando sus sucias manos, hablando de muertos en la calle, de piolines y sijenas, de buenos y malos, hablando del vacío de poder. ¿El vacío de poder? ¡Cuál vacío de poder!

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