Tras apostar por Pedro Sánchez en las primarias socialistas frente al también candidato Eduardo Madina, Susana Díaz acabó desencantada de su amadrinado y le plantó cara a su política.

Esta circunstancia, errar a la hora de fichar al talento de turno, que parecen olvidar conscientemente quienes rodean a la lideresa andaluza –el llamado círculo máximo– escenificó una situación antes jamás vista en el PSOE. Que la figura del secretario general sufriese un enorme desgaste provocado desde las propias filas del partido. Nunca antes, como ahora, se vio a un secretario general  rodando por los rastrojos.

Quienes conocemos a Susana Díaz desde que tenía acné juvenil en las JJSS sabemos de su gran capacidad como mujer de aparato, con lo bueno y lo malo que conlleva poseer ese perfil, cuyo primer catedrático en el PSOE fue Alfonso Guerra. Su contrastado magisterio en materia aparatista –quien se mueva no sale en la foto– pervive en el tiempo y en muchas agrupaciones socialistas.

La cara, la parte más positiva en este tipo de dirigentes tipo terminator, vista desde dentro, es que garantizan cuarteleramente la vida interna de la organización. Con dotes de mando, liderazgo y capacidad más que suficiente para lograr buenos resultados electorales. La cruz, el aspecto más duro en este tipo de dirigentes, es la falta de sensibilidad de la que hacen gala y que, llegado el caso, emplean sin piedad contra quienes les ayudaron, confiaron y les abrieron el camino para escalar. Algunos les llaman a eso matar al padre, otros lo definen como ley de vida… política. Cabe imaginar cómo tratan a los adversarios o enemigos declarados.

Para la inmensa mayoría de la militancia del partido lo importante es que los resultados finales sigan permitiendo al socialismo mantener su hegemonía en la comunidad y controlar las instituciones correspondientes que conforman las administraciones públicas en la región.

Susanistas Vs pedristas

La tormenta que Pedro Sánchez ha generado dentro del PSOE con su línea de actuación política entre las baronías autonómicas  y el marquesado de González, con sus tanteos/tonteos con Podemos, su éxito en la negociación con Rivera, reforzando por cierto su liderazgo, han tenido como respuesta el silencio público entre la militancia que ha preferido explayarse en familia. Y, por simplificar, en Andalucía muchos que se consideraban susanistas en las bases ya se empiezan a definir como pedristas en esos debates mañaneros con el café y el periódico delante. El oficialismo, los cargos públicos que dependen de Díaz, siguen incondicionalmente con ella.

Quizás por este clima de debate interno en muchas agrupaciones locales del partido, en las últimas semanas se ha extendido el rumor que apunta a que los damnificados, cabreados y descontentos con la actuación de Susana Díaz en estos años, se estarían organizando en cada provincia y que, aprovechando las evidentes tensiones entre San Telmo y Ferraz, habrían adoptado como estandarte de sus lucha la bandera del pedrismo.

tensiones entre San Telmo y Ferraz

Al rumor conspirativo, muy extendido entre otros sitios en la alterada agrupación de Sevilla, le faltaban datos que permitiesen componer un escenario de confrontación apoyado desde Madrid por los Luena, Hernando… en definitiva el aparato de Pedro Sánchez.

Al paso de los días y cuando el rumor empezó a adquirir cierta cotidianidad en la capital, como si fuera un chisme más de los muchos que genera la nueva situación política, en una provincia lejana a Sevilla, Almería, se perciben movimientos que permiten vaticinar que los damnificados y cabreados con Susana no van a estar solos.

En efecto, según diversas fuentes, en aquella provincia se estaría poniendo en marcha algo así como la creación del club de fans de Pedro Sánchez. Los iniciales promotores, según estas fuentes, serían los antiguos dirigentes socialistas Martín Soler, Diego Asensio y otros. El primero llegó a ser consejero dos veces, aspiró con posibilidades a suceder a Griñán y fue finalmente defenestrado por los griñaninis – Susana Díaz, Rafael Velasco y Mario Jiménez– ejecutores entonces de la política de Pepe Griñán en la época en la que éste tomó el control del PSOE-A, enemistándose para siempre con su viejo amigo Manuel Chaves. El segundo, Asensio, mano derecha de Soler, llegó a ser Secretario General del partido en Almería y durante años parlamentario andaluz y senador.

Martín y Asensio, que mantienen su influencia en las estructuras del partido que ellos crearon y que ahí siguen intactas, debieron pensar que había que buscar a alguien que de alguna manera liderase la captación de pedristas en Almería. Para localizarlo nada mejor que buscar en aquellas agrupaciones donde el respaldo a Sánchez hubiese sido indiscutible. Roquetas sin duda era el lugar. Y pensaron en el secretario de  su agrupación local Manuel García.

Antonio Hernando en el escenario

Parece que inicialmente García no veía claro el asunto, que bastante tenía con lo que tenía como concejal en el ayuntamiento de Gabriel Amat.

Finalmente aceptó el reto, según las fuentes consultadas que creen saber que fue determinante la intervención de Anabel Mateos, concejal de Roquetas, diputada provincial del PSOE y compañera sentimental de Antonio Hernando, la mano derecha de Sánchez como Portavoz en el Congreso.

Esta circunstancia personal de Hernando, públicamente conocida en Almería, le está permitiendo a los anti susanistas argumentar que es Pedro Sánchez el que está detrás de esta operación; incluso creen saber que también César Luena  estaría buscando lealtades por el resto de las siete provincias.

Las fuentes oficiales consultadas en el PSOE restan importancia e interés a las señales almerienses apuntadas, argumentando que quienes las están impulsando son dirigentes “a los que se les pasó el arroz hace tiempo en el partido y alguno perdió por el camino el poco prestigio que le quedaba”.

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