“Vamos a matar a cualquier infiel español inocente si lo encontramos en tierras musulmanas, y si no, os alcanzaremos en vuestras tierras”, juraba Abu al Baraa Ibn Malik –un supuesto militante del Daesh en Siria e Irak− a través de un inquietante comunicado. Apenas tres meses después de la amenaza del siniestro personaje, el 17 de agosto de 2017 se producían los sangrientos atentados terroristas perpetrados en Barcelona y Cambrils que costaban la vida a 16 personas y causaban heridas a 130, no solo ciudadanos españoles, también turistas de 35 nacionalidades distintas. Las fuerzas de seguridad del Estado están investigando si existe alguna conexión directa entre este tipo de amenazas que llegan de lejanos países y los crueles ataques ejecutados después en tierras europeas, pero mientras se aclara esa conexión los expertos se plantean una serie de cuestiones: ¿Qué capacidad real tiene el ejército del Daesh para hacernos daño? ¿Cuántos yihadistas dispuestos a inmolarse por la causa se mueven libremente por nuestro país? ¿Cómo se fabrica un “muyahidín”, un guerrero de Alá?

Según fuentes policiales consultadas por Diario 16, desde los crueles atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid los servicios secretos españoles han investigado las actividades de al menos 3.000 personas en todo el país, musulmanes que podrían estar radicalizándose en el islam más violento. De ser así, ni siquiera ETA en sus peores años del plomo contaba con un caldo de cultivo tan nutrido y fanatizado. Afortunadamente entre esos que pueden estar bebiendo de las fuentes del extremismo religioso son pocos los que deciden finalmente dar el paso de matar, pero el riesgo potencial está ahí, soterrado, oculto, latente.

La  Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado creen que Daesh se alimenta en tres frentes principales: antiguos combatientes que viajan a Siria e Irak para luchar en las filas del Estado Islámico y que después regresan a casa; células y comandos listos para actuar; y los denominados “lobos solitarios”, elementos incontrolados, fichados o no por la Policía, que actúan por su cuenta cuando escuchan la llamada de Alá y que no necesitan pertenecer a ninguna célula concreta para cumplir con el juramento sagrado de convertirse en mártires. Preocupan especialmente los “retornados”, aquellos que desde el año 2011 han estado viajando a países en guerra de Oriente Medio para combatir por el Califato –se dice que unos 200, según informaciones del CNI, aunque podrían ser bastantes más–. Estos exguerrilleros son auténticos militares que cuentan con amplia experiencia en zona de guerra y que tras haber cometido todo tipo de tropelías regresan a España aún más embrutecidos y radicalizados de lo que ya estaban cuando marcharon al frente. Son como boomerangs que nos pueden golpear en la cara en cualquier momento.

En segundo lugar están los comandos o “células” con mayor o menor grado de especialización y capacidad operativa que pueden actuar en cualquier momento, ya que no necesitan demasiada infraestructura para hacerlo. Suelen estar formados por grupos de amigos, hermanos o familiares, por lo general entornos muy cerrados y herméticos a los que les une una misma idea fraternal: atacar a países occidentales causándoles el mayor número de bajas posible. Pueden ser pequeños comandos formados por dos o tres personas o incluso más numerosos. En general, a estos grupúsculos les basta con simples cuchillos de cocina, hachas, una furgoneta o un turismo de media cilindrada para llevar a cabo sus maquiavélicos planes. Otros comandos pueden alcanzar un mayor grado de organización, conseguir armas cortas y fusiles en el mercado negro, fabricar los explosivos por sí mismos (en laboratorios clandestinos, siguiendo completos manuales que circulan por internet) o adquirirlos a intermediarios. Fue el caso de la célula de Ripoll descubierta tras los atentados llevados a cabo en Barcelona y Cambrils el 17A. Estaba formada por doce personas –entre ellas cuatro parejas de hermanos– que se reunían en un chalé de la localidad tarraconense de Alcanar. Esta vivienda se convirtió en cuartel general del comando y en improvisado arsenal donde almacenaban más de cien bombas de butano y sustancias químicas para fabricar explosivos como pólvora, acetileno o la denominada “madre de Satán” (TATP), un combinado casero de acetona, agua oxigenada y ácido sulfúrico que pasa por ser el detonante predilecto de Daesh. Aunque resulta altamente potente, el TATP es muy volátil y peligroso de manipular, de ahí que terminara estallándole en la cara a los terroristas, acabando con la vida de al menos dos de ellos. La célula disponía de material químico suficiente para montar coches bomba, fabricar cinturones de explosivos o elaborar artefactos-trampa que hubiesen llevado un terror sin límites a la Ciudad Condal.

El grupo lo tenía todo listo y preparado para perpetrar un gran atentado que probablemente habría causado cientos de muertos, tal como ocurrió con el 11M de 2004 en Madrid, pero todo salió mal en el último momento, cuando la vivienda voló por los aires y los activistas tuvieron que recurrir de forma precipitada, rudimentaria y a la desesperada al plan B: lanzar una furgoneta contra cientos de peatones que paseaban por las Ramblas, una de las zonas más populosas y concurridas de Barcelona. Esta vez la suerte o quizá la inexperiencia y juventud de los terroristas quiso que los asesinos no pudieran conseguir su objetivo en toda su macabra dimensión, pero la Policía da por hecho que a estas horas, un año después de la tragedia en Cataluña, ya hay otras células terroristas que están planeando cometer un nuevo atentado.

Antonio Baños, analista y coronel del Ejército de Tierra en la reserva, aseguró en la cadena de televisión La Sexta que “la célula de Ripoll pretendía cometer una matanza muy superior a la que han llevado a cabo en las Ramblas. Más de cien bombonas de butano ya dan una idea del daño que podrían haber ocasionado. Podrían haber colocado una bomba en un edificio de Gaudí, en una catedral como la Sagrada Familia o en una iglesia, causando estragos gigantescos. Está claro que se ha evitado una matanza muy superior”.

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