Siete reinos, un sólo Trono de Hierro. La saga de ficción “Juego de Tronos” nos muestra a través de muchas tramas, distintas formas de concebir el poder, y sobre todo, diferentes estrategias políticas para alcanzarlo, ejercerlo y conservarlo. Desde Platón a Rousseau, pasando por Sun Tzu, Maquiavelo, Hobbes, Marx, Weber o Foucault, la mayor parte del pensamiento político y estratégico está condensado en este magistral manual de ciencia política para todos los públicos.

En dicho universo ficticio, las nueve principales casas de Poniente luchan sin cuartel por extender su influencia política a lo largo y ancho del continente. Los Stark (nobles y austeros), los Tully (tradicionales y espartanos), los Arryn (recios y defensivos), los Greyjoy (marítimos y saqueadores) los Lannister (ricos y despiadados), los Tyrell (fértiles y elegantes), los Martell (sigilosos y vengativos), los Baratheon (guerreros y furiosos) y los Targaryen (épicos y osados), del mismo modo que los personajes individuales no adscritos a ninguna casa concreta como Petyr Baelish o Lord Varys (que tratan de buscar su propio e individual camino entre las bambalinas de la siniestra corte de Desembarco del Rey), tienen diferentes formas de entender y vivir la política, así como dispares estrategias para sobrevivir en dicho despiadado mundo feudal, pero comparten todos ellos el interés por una misma realidad: el poder.

Así pues, en este articulo he tratado de seleccionar los diez diálogos de la serie que a mi juicio, nos aportan los diez mejores ejemplos y magistrales lecciones de teoría y práctica política. Un brevísimo pero didáctico curso para todos aquellos que deseen comprender el poder, conquistar el poder, conservar el poder o protegerse contra el poder. Diez situaciones acontecidas en un universo medieval fantástico, pero perfectamente aplicables a la actualidad política de nuestro contemporáneo mundo real, donde también curiosamente, parece que nos avecinamos hacia una nueva Edad Media, caótica y carente de seguridades. En definitiva, diez discusiones, disertaciones y reflexiones sobre el poder llevadas a cabo por los mejores jugadores de Poniente de este despiadado juego: el juego de tronos, donde o ganas, o mueres.

1 – El poder militar: el filo de la espada

– Petyr Baelish: A veces he oído que hasta entre hermanos y hermanas se desarrolla cierto afecto, y cuando ese afecto acaba conociéndose, bueno, es una situación embarazosa, y más en una familia importante. Esas familias olvidan una simple verdad

– Cersei Lannister: ¿Y que verdad es esa?

– Petyr Baelish: El conocimiemto es poder.

– Cersei Lannister: (dirigiéndose a sus guardias) Prendedle, degolladle. ¡Alto! Esperad he cambiado de idea, soltadlo. Dad tres pasos hacia atrás, volveos, cerrad los ojos… (dirigiéndose de nuevo a Baelish) El poder es poder.

Aquí el cortesano Lord Baelish (apodado Meñique) trata de chantajear a la reina Cersei haciéndola ver que conoce el secreto de su relación incestuosa con su propio hermano Jaime, y que podría difundirla si no se aceptan sus peticiones, lo que le lleva a la conclusión de que la información es poder. Sin embargo, la despiadada reina le frena en seco con una autentica lección de “realpolitik”, demostrándole que el auténtico poder descansa únicamente en la fuerza y en la violencia, en los ejércitos y en las armadas, y que podría destruirlo con solo chasquear los dedos. La visión de Cersei tal vez es excesivamente simplista al no tener en cuenta otros aspectos más sutiles e intangibles del poder (lo que a la postre le acarreará serios problemas), pero si que es cierto, que el origen mismo del poder político se encuentra en la conquista militar, en el momento en el que los conquistadores deciden que en vez de matar a los prisioneros resulta más rentable esclavizarlos, y que desde entonces hasta nuestros días, quien tiene la espada tiene el poder.

2 – El poder económico: el motor de la guerra

 

– Tycho Nestoris: Bienvenidos al banco de hierro, por favor, sentaos. ¿Qué podemos hacer por vos Lord Stannis?

– Davos Seaworth: Él es Stannis, de la Casa Baratheon, rey de los ándalos y de los primeros hombres, señor de los siete reinos y protector del reino.

– Tycho Nestoris: El trono de hierro está ocupado por Tommen, de la Casa Baratheon, rey de los ándalos y de los primeros hombres, señor de los siete reinos y protector del reino.

– Stannis Baratheon: No comparte sangre conmigo, es un bastardo, fruto del incesto, como su hermano antes que él.

– Tycho Nestoris: Sí, hemos oído esa historia.

– Stannis Baratheon: No es una historia, es la verdad.

– Tycho Nestoris: El abuelo del rey cuenta otra historia. Una historia sobre un tío celoso cuyos intentos de usurpar el trono del legítimo rey cuestan mucho a los siete reinos en sangre y oro.

– Stannis Baratheon: Oro que vos le prestasteis.

– Tycho Nestoris. ¿Y creéis que vuestra sangre os da derecho a nuestro oro?

– Stannis Baratheon: Más que a ningún otro hombre vivo.

– Tycho Nestoris: Al otro lado del mar Angosto vuestros libros están llenos de términos como  usurpador, loco y derecho de nacimiento. Aquí nuestros libros están llenos de números. Preferimos las historias que narran, más simples, menos abiertas a interpretaciones. ¿Cuántos guerreros os siguen siendo leales?

– Stannis Baratheon: 4000.

– Tycho Nestoris: ¿Y cuantos barcos tenéis? Los que están a flote Ser Davos, no en el fondo de la bahía del Aguasnegras.

– Davos Seaworth: 32.

– Tycho Nestoris: ¿Y cuanto trigo, cebada, vacuno y cerdo producís en Rocadragón para alimentar a vuestros 4000 hombres y 32 naves?

– Stannis Baratheon: Nada…

– Tycho Nestoris: Entenderéis que las cuentas difícilmente cuadrarán y tendrán un final feliz, desde nuestra perspectiva. Me temo que debemos, con todos los respetos, declinar vuestra solicitud, pero os agradecemos que nos honréis con vuestra visita.

En esta escena, el presidente del Banco de Hierro muestra al rey Stannis y a su mano (primer ministro) Ser Davos como la economía y el mundo del dinero funcionan sobre parámetros amorales, para los cuales no existen relatos políticos ni discursos ideológicos, sino solamente cifras y números, y es en base a dichos números con los que se entroniza o derroca a un rey sin mayores problemas, solamente en función de si se cree posible o no recuperar la inversión y de qué candidato al trono ofrece mejores garantías. Como bien añadirá Tywin Lannister en otra escena, todos vivimos a la sombra de los bancos, a los que no puedes andarles con excusas, ya que si no les devuelves el dinero financiarán a tus enemigos. Y resulta completamente clarificador que Tywin Lannister, el hombre en teoría más poderoso de Poniente, tenga tanto miedo de unos banqueros sin ejércitos. En la escena propiamente propuesta, Stannis y Davos reciben la misma dura lección, viendo como sus legítimas aspiraciones al trono no tienen cabida para el banco, para el que todo se reduce solamente a una cuestión de posibilidad o no posibilidad de cuadratura de las finanzas. En la primera escena observábamos como el poder descansa sobre la violencia, pero igualmente descansa sobre el dinero, que es el que permite comprar dichas armas y tener así la llave de la victoria. Una lección más si cabe necesaria para la actualidad, en la que la pérdida de poder de los Estados en beneficio de actores transnacionales, el auge del noeliberalismo y la gobernanza global han convertido a los poderes financieros en los auténticos amos y señores del mundo.

3 – El poder ideológico: el hechizo de la sombra

– Varys: El poder es una cosa curiosa mi señor. ¿Os gustan los acertijos?

– Tyrion Lannister: ¿Por qué? ¿Estoy a punto de escuchar uno?

– Varys: Tres grandes hombres se sientan en un salón: un rey, un sacerdote y un rico. Frente a ellos se encuentra un mercenario de baja cuna. Cada uno de los hombres quiere que mate a los demás. ¿Quién vive, quién muere?

– Tyrion Lannister: Depende del mercenario.

– Varys: ¿Ah sí? Él no tiene corona, ni oro, ni el favor de los dioses.

– Tyrion Lannister: Tiene una espada, poder sobre la vida y la muerte.

– Varys: Pero si es el mercenario quien manda, ¿Por qué fingimos que los reyes tienen el poder?

– Tyrion Lannister: No me gustan los acertijos….

– Varys: El poder reside donde los hombres creen que reside. Es un truco, una sombra en la pared, y un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande.

Varys y Tyrion tienen una discusión filosófica sobre el origen del poder. Tyrion, con una visión claramente militarista, de “poder duro”, opina que el poder reside en la espada (al igual que Cersei en la primera escena). Varys, en cambio, a través de un curioso acertijo, le muestra un enfoque distinto, el del “poder blando”. El poder es en realidad una sombra, un hechizo, una construcción social que reside en la capacidad de persuadir, de seducir y de convencer, y por lo tanto, se trata de algo intangible e ideológico. Este poder blando genera el consentimiento, que es el complemento necesario de la coacción, ya que solamente con terror no se puede conservar el poder a largo plazo. Es la distinción que los romanos establecían entre “potestas” y “auctoritas”, y posteriormente el príncipe ideal renacentista de Maquiavelo, que tenía que ser a la vez “temido y amado”. Y obviamente, el instrumento principal para la persuasión política y para la creación de imaginarios  colectivos es la propaganda. Dicho poder ideológico en primer lugar fue la religión, provocando el surgimiento de una casta sacerdotal que era capaz de manipular al pueblo explicando los fenómenos naturales en base a causas divinas, y relacionando a dichos dioses con el soberano para justificar su poder, de modo que surge la alianza entre reyes y sacerdotes (las dos espadas). Con el paso de los siglos, las ideologías laicas fueron sustituyendo paulatinamente a las religiosas, pero a pesar de ello, aún en la actualidad quedan coletazos de pensamiento mágico como residuos o transferencias de sacralidad. En efecto, hoy esos antiguos sacerdotes han mutado en ideólogos, publicistas y expertos en marketing político, pero siguen dominando nuestros corazones con las mismas técnicas de persuasión y seducción que antaño hicieron las religiones, y que en nuestra escena, permiten al rey, al sacerdote y al rico mandar sobre el mercenario, a pesar de que éste tiene la espada. En resumen, estas tres primeras escenas de la serie nos muestran como el poder político es un triángulo: militar, económico e ideológico.

4 – El mito político: valoraciones sobre una mentira

– Varys: (contemplando el Trono de Hierro) Un millar de espadas, arrancadas de las manos de los enemigos de Aegon, forjadas con el fiero aliento de Balerion, el terror negro.

– Petyr Baelish: No hay un millar de espadas, ni siquiera hay 200, las he contado. Sabéis, cuando frustré vuestro plan de entregar a Sansa Stark a los Tyrell, si os soy sincero, goce de una inconfundible sensación de disfrute.

– Varys: Hice cuanto hice por el bien del reino.

– Petyr Baelish: El reino…  ¿Sabéis que es el reino? Son las mil espadas de los enemigos de Aegon, una historia que coincidimos en contarnos mutuamente una y otra vez, hasta que olvidamos que es mentira.

– Varys: Pero que es lo que nos queda cuando abandonamos la mentira? El caos, un foso que aguarda para engullirnos a todos.

– Petyr Baelish: El caos no es un foso, es una escalera. Muchos intentan subirla y fracasan, nunca podrán hacerlo de nuevo, la caída los destroza. Pero otros, si se les deja subir, se aferrarán al reino, a los dioses o al amor. Espejismos, solo la escalera es real. El ascenso, es todo lo que hay.

Varys y Baelish tienen una de las conversaciones filosóficas más interesantes de toda la serie, respecto a si la legitimidad del poder se reduce a una simple mitología política construida socialmente. Ambos están deacuerdo en que el relato es una farsa que coincidimos en contarnos hasta que creemos que es verdad, pero uno y otro difieren en cuanto a su utilidad. Varys es un estadista, un hobbesiano que piensa que el Estado, aunque esté construido y legitimado en base a una mentira, es necesario para garantizar el bienestar de la población, porque sino la anarquía se adueñaría del mundo, un caos que nos acabará engullendo a todos y donde solamente primará la ley del más fuerte, lo que perjudicará especialmente a los más desfavorecidos. Meñique en cambio, es un ultraliberal sin moral que solamente cree en dicha ley del más fuerte, con cero empatía sobre el resto de las personas, a las que únicamente ve como meras piezas en un tablero de ajedrez, y el caos, lo observa como una oportunidad perfecta para que un hombre de orígenes humildes como él pueda ascender a través de la escalera social y lograrlo todo. Hoy en día, nuestra esfera pública continúa cargada de mitos políticos, tanto fundacionales como apocalípticos, que nos hacen emocionarnos y activar nuestras pasiones políticas al margen de la racionalidad. Los primeros nos ayudan a consentir el orden social establecido, mientras que los segundos, nos incitan a la movilización y al cambio, pero tanto unos como otros, no son más que relatos heroicos y épicos que, tal como dice Meñique, coincidimos en contarnos unos a otros hasta que la repetición los convierten en verdad.

5 – Las cualidades del líder: moral, justicia, fuerza y sabiduría

– Tywin Lannister: Tu hermano ha muerto. ¿Sabes lo que eso significa?

– Tommen Baratheon: ¿Qué seré rey?

– Tywin Lannister: Sí, serás rey. ¿Qué clase de rey crees que serás?

– Tommen Baratheon: ¿Un buen rey?

– Tywin Lannister: Eso creo también. Tienes el temperamento para ello. ¿Pero qué hace un buen rey? ¿En un rey, cual es la cualidad más importante a considerar?

– Tommen Baratheon: ¿La santidad?

– Tywin Lannister: Baelor el Santo era devoto, y pío. Erigió este septo, y también nombró Septón Supremo a un niño se seis años porque creía que podía obrar milagros. El ayuno lo envió a la tumba prematuramente porque la comida era de este mundo y este mundo era pecaminoso.

– Tommen Baratheon: ¿La justicia?

– Tywin Lannister: Sí, un buen rey debe ser justo. Oerys I era justo, todo el mundo aplaudió sus reformas, tanto nobles como plebeyos, pero no duró demasiado. Su propio hermano lo asesinó en la cama tras menos de un año. ¿En qué fue justo realmente? ¿En abandonar a sus súbditos a un mal que era demasiado ingenuo para reconocer?

– Tommen Baratheon: ¿Y la fuerza?

– Tywin Lannister: Sí, el rey Robert era fuerte, inició a una rebelión y aplastó a la dinastía Targaryen, y asistió a solo tres reuniones del consejo privado en 17 años, y se pasaba el tiempo putañeando, cazando y bebiendo, hasta que estos dos últimos vicios lo mataron. Así que tenemos a un hombre que se mata de hambre, a otro que deja que su propio hermano lo asesine y a un hombre que piensa que vencer y gobernar son la misma cosa. ¿De qué carecen todos?

– Tommen Baratheon: De sabiduría.

– Tywin Lannister: Sí.

– Tommen Baratheon: Eso es lo que hace un buen rey.

– Tywin Lannister: Sí. ¿Pero que es la sabiduría? Una casa de gran riqueza y fértiles tierras te pide protección contra otra casa con una armada fuerte, que algún día podría oponérsete. ¿Cómo sabes que opción es sabia y cual no? ¿Tienes experiencia en tesorería, en graneros, en astilleros y soldados?

– Tommen Baratheon: No.

– Tywin Lannister: No, claro que no. Un rey sabio sabe lo que debe saber y lo que no. Eres joven, un joven rey sabio escucha a sus consejeros y atiende sus consejos hasta la mayoría de edad. Y los reyes más sabios continúan escuchándolos mucho tiempo después. Tu hermano no era un rey sabio, tu hermano no era un buen rey. De haberlo sido, tal vez aún estaría vivo.

En esta ocasión, Tywin Lannister, el patriarca de la familia más poderosa de Poniente, da una lección al futuro rey Tommen Baratheon sobre cómo convertirse en un buen gobernante. En esta interesante conversación, se plantean las cuatro cualidades que debe tener un buen líder político si quiere triunfar: moral, sentido de la justicia, fuerza, y sobre todo, sabiduría. Tywin Lannister ejemplifica con tres casos de reyes que tuvieron un trágico final el como solamente no bastan ni las convicciones morales e ideológicas, ni las buenas intenciones ni el poderío militar para triunfar como buen gobernante, sino que se hace necesario siempre sumarlas a las de la sabiduría, entendida como el conocimiento sobre el reino, la estrategia política o la capacidad de delegar funciones en consejeros leales. Los ecos de los cuatro tipos ideales de liderazgo resuenan en esta escena (el romántico, el justo, el conquistador y el sabio), e igualmente, las degeneraciones de los tres primeros. El idealista puede convertirse en fanático, el justo en inocente y el fuerte en descerebrado. Finalmente, el cuarto tipo ideal, el sabio, se nos presenta sin mácula, aunque faltaría su igualmente inevitable degeneración: el aislamiento en su torre de marfil.

6 – Patriotas y terroristas: la diferencia entre ganar o perder

– Petyr Baelish: Mi Lord Protector.

– Eddard Stark: El rey Robert no tiene hijos legítimos. Joffrey y Tommen son bastardos de Jaime Lannister.

– Petyr Baelish: Así que cuando el rey muera….

– Eddard Stark: El trono pasa a su hermano mayor, Lord Stannis.

– Petyr Baelish: Eso es lo que la ley dicta. A menos….

– Eddard Stark: No hay ningún a menos. Es el legítimo heredero, nadie puede cambiarlo.

– Petyr Baelish: Y él no puede subir al trono sin vuestra ayuda. Sería más sabio negársela y procurar que Joffrey salga victorioso.

– Eddard Stark: ¿Os queda una pizca de honor?

– Petyr Baelish: Ahora sois mano del rey y protector del reino. Todo el poder es vuestro, solo necesitáis extender la mano y tomarlo. Que haga las paces con los Lannister, liberar al gnomo, casad a vuestra hija con Joffrey. Tenemos tiempo de sobra para librarnos de Stannis, y si el joven Joffrey parece propenso a causar problemas cuando tenga que ascender al trono, bueno, simplemente revelaremos su pequeño secreto y entronizaremos a Lord Renly en su lugar.

– Eddard Stark: ¿Nosotros?

– Petyr Baelish: Necesitaréis a alguien que comparta esas cargas. Os aseguro, que mi precio sería modesto.

– Eddard Stark: Lo que sugerís es una traición.

– Petyr Baelish: Sólo si perdemos.

Una vez más, el siniestro cortesano Baelish choca con la honorabilidad y las convicciones de Ned Stark. El trono por ley corresponde a Stannis Baratheon, hermano del difunto rey Robert, pero Meñique no lo ve apropiado, e invita a Ned Stark (la mano del rey y hombre fuerte del reino en ese momento) a tomar el poder, asegurando una alianza con los conspiradores que asesinaron al rey Robert y que plantean sentar en el trono al bastardo Joffrey (los Lannister, encabezados por la reina Cersei y su padre Tywin). Ned Stark se escandaliza afirmando que ello sería traición, a lo que Meñique responde que solo será así si fracasan. Y ahí está el momento culminante del diálogo, absolutamente extrapolable a nuestra realidad. ¿Cual es la diferencia entre un patriota y un terrorista? Según el cuñadismo mediático, la bondad y la maldad. Según las leyes de la política, únicamente el ganar o el perder, es decir, la linea que los separa es muy delgada. El patriota es sencillamente el que vence y el que tiene por lo tanto los medios para escribir su propia epopeya, mientras el terrorista es el que pierde, y el que debido a ello, quedará como el malvado y el traidor para los anales de la historia. Así, una traición puede convertirse en un acto de patriotismo una vez se conquiste el poder y se cree el nuevo relato. Una cruda lección de realpolitik, pero que resulta muy útil en estos tiempos de quiebra de los ideales racionalistas de la Ilustración, y en los que por desgracia, la llamada “posverdad” y el relativismo comienzan a campar a sus anchas. Igualmente, la escena nos muestra una interesante confrontación entre la ética de la convicción (que representa Ned Stark, honorable hasta sus últimas consecuencias, lo que le lleva a la postre a perder tanto el poder como la propia cabeza) y la ética de la responsabilidad (que representa Meñique, aunque en su caso sería mejor hablar de la ética de la ambición o incluso de la antiética).

7 – Pan y circo: la propaganda de inhibición

– Olenna Tyrell: ¿A qué se debe vuestra invitación?

– Tyrion Lannister: Gracias por aceptarla mi señora. Deseaba tratar unos asuntos financieros.

– Olenna Tyrell: ¿He subido todos esos escalones para tratar sobre asuntos financieros?

– Tyrion Lannister: Es la boda real. ¿Intervinisteis en la organización?

– Olenna Tyrell: Naturalmente.

– Tyrion Lannister: Se está convirtiendo en un asunto complejo. El término extravagante ha surgido.

– Olenna Tyrell: ¿De qué sirve el término extravagante si no se puede usar para describir una boda real?

– Tyrion Lannister: Lo entiendo. Pero como consejero de la moneda que soy de mi depende calcular el coste para la corona, hasta ahora es un gran dispendio.

– Olenna Tyrel: ¿Y?

– Tyrion Lannister: Estamos en guerra Lady Olenna, y mantener los suministros….

– Olenna Tyrell: Oh, casi se me olvida. No se como se me puede haber pasado…. ¿Cuántos son? 12.000 soldados los que ha aportado la familia Tyrell, 1800 lanceros montados, más 2000 de apoyo, provisiones para que la ciudad sobreviva al invierno, un millón de celemines de trigo, medio millón de celemines de cebada, de avena y de centeno, 20.000 cabezas de ganado y 50.000 ovejas. No preciséis sermonearme sobre los gastos militares, estoy muy familiarizada con ellos.

– Tyrion Lannister: Y os agradecemos mucho vuestra contribución, que es necesaria para preservar el reino.

– Olenna Tyrell: Igual que una boda real. La gente tiene hambre de algo más que comida, necesita distracciones, y si no se las brindamos se las buscarán. Y su distracción podría provocar que acabáramos todos hechos pedazos. Un casamiento regio es mucho más seguro. ¿No lo creéis?

– Tyrion Lannister: Lo creo.

– Olenna Tyrell: Y tradicionalmente costeado por la familia real. Me habían dicho que erais bebedor, impertinente y sumamente depravado. Podéis imaginar mi decepción al no encontrar más que a un tenedor de libros atemorizado.

En esta escena, Lady Olenna, la astuta matriarca de la casa Tyrell, logra derrotar dialécticamente a todo un consumado estratega político como Tyrion respecto a la necesidad o no de gastar una cuantiosa cantidad de dinero en la celebración de la boda real de su nieta Margaery con el sobrino de Tyrion, el rey. Además, subyace un asunto esencial: el “panem et circenses” de la filosofía clásica. Para que el pueblo esté feliz y apaciguado hay que ofrecerle algo más que sustento, es decir, distracciones que le relajen e inhiban de posibles rebeliones. Es lo que en la actualidad conocemos como “propaganda de inhibición” o “propaganda escapista”, es decir, todos aquellos medios que el poder destina a ofrecernos distracciones que embrutezcan nuestros cerebros y nos hagan olvidar nuestro descontento hacia los gobernantes, con el objetivo de inhibir nuestros posibles instintos revolucionarios. Olenna Tyrell, una de las grandes jugadoras del juego de tronos, comprende perfectamente esta realidad tras toda una vida dedicada a conservar el poder de los Tyrell en su bastión de Altojardín (una corte que no por nada ha sido tradicionalmente refugio y mecenas de artistas, bardos y trovadores del conjunto de los siete reinos), y así se lo hace saber al gnomo, dentro de esta discusión de índole en principio puramente económica, pero con una segunda lectura claramente política y estratégica. Este enfoque del pan y circo puede parecer arcaico y desfasado, pero en absoluto lo es. Hoy en día, el fútbol o los programas del corazón tienen para las élites exactamente la misma finalidad de propaganda escapista que las bodas reales para Olenna Tyrell.

8 – Pactos con el diablo: la política hace extraños compañeros de cama

– Oberyn Martell: ¿Deseáis sentaros?

– Tywin Lannister: No, gracias.

– Oberyn Martell: ¿Y vino?

– Tywin Lannister: No, gracias.

– Oberyn Martell: Siento lo de vuestro nieto.

– Tywin Lannister: ¿De verdad?

– Oberyn Martell: No creo que un niño sea responsable de los pecados de su padre, ni de los de su abuelo. Un modo horrible de morir.

– Tywin Lannister: ¿Y qué modo fue ese?

– Oberyn Martell: ¿Me estáis interrogando Lord Tywin?

– Tywin Lannister: Hay quien cree que el rey se asfixió.

– Oberyn Martell: Hay quien cree que el cielo es azul porque vivimos en el ojo de un gigante de ojos azules. El rey fue envenenado.

– Tywin Lannister: Creo que estudiasteis los venenos en la ciudadela.

– Oberyn Martell: Así es. Por eso lo se.

– Tywin Lannister: Vuestro odio por mi familia es bien conocido. Llegáis a la ciudad, un experto en venenos, y unos días después mi nieto muere envenenado.

– Oberyn Martell: Muy sospechoso. ¿Por qué no me habéis arrojado a una mazmorra?

– Tywin Lannister: Hablasteis con Tyrion en este mismo burdel el día que llegasteis. ¿De qué hablasteis?

– Oberyn Martell: ¿Creéis que conspiramos juntos?

– Tywin Lannister: ¿De qué hablasteis?

– Oberyn Martell: De la muerte de mi hermana.

– Tywin Lannister: De la cual me culpáis.

– Oberyn Martell: Fue violada y asesinada por la Montaña. La Montaña cumple vuestras órdenes, pues claro que os culpo.

– Tywin Lannister: Aquí estoy, sin armas ni guardias. ¿Debería preocuparme?

– Oberyn Martell: Estáis sin armas ni guardias porque me conocéis demasiado bien. Si hoy os degüello, sería descuartizado mañana.

– Tywin Lannister: En la guerra los hombres cometen todo tipo de crímenes sin que sus superiores se enteren.

– Oberyn Martell: ¿Negáis estar involucrado en la muerte de Elia?

– Tywin Lannister: Categóricamente.

– Oberyn Martell: Me gustaría hablar con La Montaña.

– Tywin Lannister: Seguro que gozaría hablando con vos.

– Oberyn Martell: Tal vez no goce tanto como cree.

– Tywin Lannister: Podría concertar esa reunión.

– Oberyn Martell: Pero claro está, queréis algo a cambio.

– Tywin Lannister: Habrá un juicio para mi hijo. Y como dicta la costumbre, tres jueces emitirán un veredicto. Yo presidiré y Mace Tyrell será el segundo juez. Me gustaría que fuerais el tercero.

– Oberyn Martell: ¿Por qué?

– Tywin Lannister: Hace poco los Tyrell se alinearon con Renly Baratheon, se declararon enemigos del trono. Hoy son nuestros aliados más fuertes.

– Oberyn Martell: Hicisteis reina a la joven Tyrell. Pedirme que sea juez en el juicio de vuestro hijo no es tan tentador.

– Tywin Lannister: También os invitaré a sentaros en el consejo privado, como uno de los principales consejeros del nuevo rey.

– Oberyn Martell: Ignoraba que sintieseis tal respeto por Dorne, Lord Tywin.

– Tywin Lannister: No seremos los siete reinos hasta que Dorne regrese a la alianza. El rey ha muerto, los Greyjoy sufren una rebelión, un ejército de salvajes marcha sobre el Muro, y en el Este, la chica Targaryen tiene tres dragones, tardará poco en poner sus miras en Poniente. Sólo los dornienses lograron resistir ante Aegon Targaryen y sus dragones.

– Oberyn Martell: Así que nos necesitáis. Ha de resultaros difícil admitirlo.

– Tywin Lannister: Nos necesitamos. Ayudadme a impartir justicia con los asesinos del rey y os ayudaré a impartir justicia con los de Elia.

Una escena larga y compleja en la que vemos a dos astutos líderes como Tywin y Oberyn que se odian mutuamente. Oberyn acusa al patriarca de los Lannister de ser responsable de la muerte y violación de su hermana durante la rebelión contra los Targaryen (en la que la casa Martell se mantuvo leal a la corona), y Tywin tiene sospechas de que un experto en venenos como Oberyn (apodado no en balde la Víbora Roja) pueda estar detrás del reciente asesinato de su sobrino el rey Joffrey. En un momento de la escena incluso llega a vislumbrarse la posibilidad de que lleguen a las armas, pero ambos son sagaces y calculadores, y saben que por el momento no les interesa dañarse. En vez de eso, los dos aparcan sus odios momentáneamente y llegan a un acuerdo político por el que Oberyn pasa a ser miembro del consejo privado del rey. Así, los Lannister y los Martell, enemigos a muerte desde hace dos décadas, acuerdan una tregua en aras de la mutua necesidad defensiva contra las crecientes amenazas exteriores y sus enemigos comunes. Una espléndida escena, rica en matices, llena de rencores familiares y personales entre las dos casas y sus dos representantes, pero también repleta de pragmatismo y razón de Estado por parte de Lord Tywin y la Víbora Roja, que llevan a la práctica la máxima de que la política hace extraños compañeros de cama.

9 – La guerra psicológica: derrotar al enemigo sin luchar

– Brynden Tully: Matarreyes.

– Jaime Lannister: Pez Negro.

– Brynden Tully: Supongo que venís a cumplir lo que le prometisteis a mi sobrina. No veo a Sansa ni a Arya.

– Jaime Lannister: Porque no las tengo.

– Brynden Tully: Que pena… ¿Queréis volver al cautiverio? ¿O a qué habéis venido?

– Jaime Lannister: Sabéis a que vengo. Este castillo es de la casa Frey. Sois un usurpador. En el nombre del rey Tommen os ordeno que os rindáis o….

– Brynden Tully: ¿O mataréis a Edmune? Mi sobrino está marcado para la muerte pase lo que pase, colgadlo y acabad con esto.

– Jaime Lannister: No me detendré en Edmune. Mi obligaréis a asaltar el castillo. Cientos morirán.

– Brynden Tully: Cientos de los míos, miles de los vuestros. Si traspasáis los muros.

– Jaime Lannister: Los traspasaré. Y mataré hasta el último de vosotros. Pero si os rendís, perdonaré la vida a vuestros hombres, por mi honor.

– Brynden Tully: ¿Vuestro honor? Negociar con perjuros es construir sobre arenas movedizas.

– Jaime Lannister: La guerra ha terminado. ¿Por qué sacrificar hombres por una causa perdida?

– Brynden Tully: Mientras me tenga en pie, la guerra no habrá terminado. Este es mi hogar, nací en este castillo, y estoy dispuesto a morir en él. Así que podéis atacarnos o intentar matarnos de hambre. Tenemos provisiones para dos años. ¿Contáis con dos años, Matarreyes?

– Jaime Lannister: Está claro que no tenéis ninguna intención de salvar la vida de vuestros hombres. ¿Por que negociáis conmigo?

– Brynden Tully: Los asedios aburren. Quería veros en persona para tomaros la medida.

– Jaime Lannister: Pues ya la tenéis

– Brynden Tully: Si, ya la tengo. Me habéis defraudado.

En este caso nos encontramos con una escena de guerra, si bien la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios, así que todo ello termina perteneciendo a una misma realidad: la lucha por el poder. El concepto importante en esta escena es el de medir fuerzas con el enemigo para batirle mediante la guerra psicológica, cobrando así ventaja antes del inicio de la guerra abierta que tarde o temprano llegará. Es una de las máximas orientales del arte de la guerra, el tratar de derrotar al enemigo sin luchar. Brynden Tully (apodado el Pez Negro) es un veterano guerrero curtido en mil batallas que entiende muy bien la máxima estratégica de que hay que conocer bien al enemigo. Logró escapar in extremis de la Boda Roja, siendo el único superviviente de dicha masacre a traición, y ahora, ha logrado reagrupar a sus huestes y hacerse con el control de Aguasdulces, su castillo natal. Sin embargo, las tropas realistas de los Lannister ponen sitio inmediatamente a la fortaleza, y el Pez Negro se ve obligado a atrincherarse dentro de sus muros y defender el castillo con las fuerzas de las que dispone. Cuenta con menos hombres que los poderosos Lannister, aunque con la ventaja de estar resguardado en la fortaleza y conocer muy bien el terreno, pero ante todo, desea conocer bien a su enemigo, Jaime Lannister, el comandante al mando del asedio (apodado el Matarreyes). Éste acepta reunirse con Brynden para persuadirle de que se rinda, pero su sorpresa llega al final de la conversación, con la negativa del Pez Negro a claudicar. Jaime no comprende para que se ha arriesgado el Pez Negro a bajar de las almenas del castillo simplemente para parlamentar. Sin embargo, la estrategia del Pez Negro es otra: no tiene intención de rendirse ni de negociar nada con el Matarreyes, pues su objetivo es tomarle la medida al comandante enemigo, conocer sus debilidades y ganarle la batalla psicológica. Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, también la política es la continuación de la guerra por otros medios, y la lección que el Pez Negro nos ofrece en esta escena respecto a la guerra, es igualmente útil para la actualidad, por ejemplo, de cara a las batallas mediáticas entre candidatos políticos.

10 – Realismo e idealismo: contradicciones de la revolución

– Daenerys Targaryen: Vais a asesorarme.

– Tyrion Lannister: ¿Asesoraros sobre qué?

– Daenerys Targaryen: Sobre cómo lograr lo que quiero.

– Tyron Lannister: El Trono de Hierro… Deberíais probar a querer otra cosa.

– Daenerys Targaryen: Si quisiera risas me buscaría un buen bufón.

– Tyrion Lannister: No bromeaba del todo. El mundo al cabo es algo más que Poniente. ¿Cuántas cientos de miles de vidas habéis cambiado aquí para mejor? Puede que éste sea vuestro lugar, donde podáis hacer más bien.

– Danereys Targaryen: Luché para que ningún niño nacido en la Bahía de los Esclavos supiera jamás lo que es ser comprado o vendido. Continuaré esa lucha aquí y dónde sea. Pero este no es mi hogar.

– Tyrion Lannister: Cuando volváis a vuestro hogar, ¿Quién os apoyará?

– Daenerys Targaryen: El pueblo llano.

– Tyrion Lannister: Seamos generosos y supongamos que es así. Aquí en la Bahía de los Esclavos teníais el apoyo del pueblo y sólo del pueblo. ¿Y cómo os ha ido eso de reinar sin los ricos? La casa Targaryen no existe, ni una sola persona que comparta vuestra sangre vive para apoyaros. Los Stark tampoco existen ya, nuestros dos terribles padres lo procuraron. Los demás miembros de la casa Lannister nunca os respaldarán. Stannis Baratheon tampoco lo hará, su aspiración al trono se basa en la ilegitimidad de la vuestra. Os quedan los Tyrell, no es imposible, ni suficiente.

– Daenerys Targaryen: Lannister, Targaryen, Baratheon, Stark, Tyrell. Sólo son rayos de una rueda, ahora está uno arriba y luego el otro, y sigue y sigue girando aplastando a cuantos pillan a su paso.

– Tyrion Lannister: Es un sueño hermoso detener la rueda. No sois la primera persona que sueña con ello.

– Daenerys Targaryen: No voy a detener la rueda, voy a romper la rueda.

Fnalmente, la ultima escena es un precioso e igualmente complejo diálogo entre la reina Daenerys, que tras iniciar y consolidar una revolución para liberar a los esclavos de Oriente, ahora pretende extender la llama revolucionaria a Poniente, y Tyrion, el astuto consejero que tras asesinar a su propio padre y desertar de la familia Lannister, ha viajado hasta Oriente para asesorar a la última Targaryen. Observamos en los distintos diálogos el choque frontal entre dos concepciones, la idealista de Daenerys y la realista de Tyrion. Tal vez por ello son dos personajes (reina y mano de la reina) que se complementan tan bien, ya que uno y otro se necesitan, como las dos caras de una misma moneda: la lucha entre el romanticismo revolucionario y el pragmatismo maquiavélico. Tyrion también es un hombre de convicciones progresistas y por ello quiere ayudar a Daenerys a extender su revolución, pero sabe de las obligadas contradicciones a las que obliga la política. Surge así la controversia sobre la consolidación de la revolución, que bajo el punto de vista del gnomo obliga a pactar con los ricos, y de algún modo, sumarles al proceso, ya que gobernar solo con el apoyo popular es construir sobre pilares muy endebles. Para Daenerys en cambio, ello supondría una traición a los ideales que desea exportar, ya que el pactar con los antiguos opresores equivale a caer en una contradicción insalvable. Seguidamente, Tyrion le plantea la dificultad de encontrar apoyos en algunas de las casas feudales de Poniente (para conquistarlo también con lealtades autóctonas, no solo extranjeras), pero que tal vez los Tyrell o los Martell podrían sumarse. Pero Daenerys no está dispuesta a ser un rayo más de la rueda, desea romper la rueda. Esta rueda no es otra cosa que una metáfora sobre el ciclo de reproducción de las élites y su eterna lucha por el poder (leones contra zorros), un combate entre una élite decadente acomodada y una élite ascendente rebelde, la cual tomará el poder gracias a su propia juventud y vehemencia, pero que con el paso del tiempo, inevitablemente se acomodará y acabará convirtiéndose en conservadora, provocando su derrocamiento y la llegada al poder de una nueva élite aspirante, que con el transcurrir de los años, de nuevo se tornará igualmente despótica. Este pesimismo antropológico, que Tyrion representa en la escena, sostiene que dicha rueda es indestructible y que seguirá girando eternamente. En cambio, el optimismo revolucionario, representado en el diálogo por Daenerys, piensa que la rueda sí que puede ser hecha añicos, o en otras palabras, es perfectamente posible cambiar las relaciones de poder entre privilegiados y no privilegiados. Así, lo grandioso de esta escena es que nos muestra, de una forma didáctica y clarificadora, el eterno debate entre idealistas y realistas, entre jacobinos y girondinos, entre bolcheviques y mencheviques, entre socialdemócratas y comunistas. En resumen, la discusión entre reformistas y revolucionarios, una insalvable contradicción desde los inicios de la era contemporánea, que nos lleva a la izquierda política (muy a nuestro pesar) a enfrentarnos en luchas fratricidas, aún estando todos siempre deacuerdo en el ideal a conseguir, pero difiriendo en los medios para alcanzarlo.

En resumen, Juego de Tonos es probablemente la serie de ficción que mejor represente las relaciones de mando y obediencia, las distintas formas de ejercer la dominación y la lucha por desequilibrar el balance de fuerzas, o en otras palabras: el juego de tronos es básicamente el juego  de poder. El poder, esa capacidad para que otros hagan lo que uno quiere. El poder, ese proceso fundamental de la sociedad. El poder, ese juego infinito.

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