El 20% de la población mundial consume el 80% de recursos naturales del Planeta. Es una la incontestable realidad. Esta enorme concentración de utilización de recursos, consustancial a la economía de mercado y al modelo capitalista que la sustenta, permite a grandes corporaciones empresariales, especialmente financieras, actuar desde plataformas de poder que sortean o eliminan los sistemas de regulación pública, que protegen los recursos naturales, agotados progresivamente aun siendo bienes comunes.

Estas plataformas son las que elevan al poder a algunos de sus más selectos representantes y, con luz propia, el sorprendente nuevo Presidente electo de los EEUU, Donald Trump.

Pero a las élites del poder económico y político, les ha surgido un grave problema que puede alterar no solo el devenir de sus inversiones sino la misma supervivencia del ser humano en el Planeta: el Cambio Climático. En efecto, el calentamiento global conduce a una suicida insostenibilidad de un sistema, el capitalismo, basado en el desajuste sistemático entre los infinitos ciclos productivos generadores de beneficio y los ciclos finitos de los recursos naturales explotados, provocando una grave disfunción climática, claro indicador del fallo del modelo.

Para luchar contra el Cambio Climático ha habido distintas Cumbres climáticas, en las que gobiernos, empresas y sociedad civil –actuando cual Pepito Grillo– intentan llegar a acuerdos eficaces. El último fue el acuerdo de París en el COOP 21 que regulará la acción internacional contra el cambio climático desde 2020, y que la comunidad internacional celebró con excesivo optimismo: el compromiso colectivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2oC.

Sin embargo, el Acuerdo no explicaba cómo ni con qué instrumentos o estrategias se llevaría a cabo, además de que su cumplimiento no era ni es obligatorio. Tampoco se profundizó si era suficiente el límite de 2oC en calentamiento global. Se planteaba la voluntad de dedicar 100.000 millones de dólares anuales a políticas de adaptación al cambio climático en los países menos desarrollados que sufren más sus consecuencias sin haberlo generado (particularmente en África), pero sin concretar plazos.

 

Medidas ineficaces

Estos días tiene lugar una nueva Cumbre Climática en Marrakesh que pretende concretar la falta de concreción del Acuerdo de París. Probablemente al finalizar las sonrisas de presentes y representantes apunten a que el problema está casi zanjado o ya en vías de solución. La realidad es que no es así ni mucho menos.

Las medidas internacionales de lucha contra el Cambio Climático asumidas hasta hoy han sido completamente ineficaces para detener las emisiones CO2 responsables del mismo, y solo han escenificado inútilmente la preocupación general, pero no ha logrado propuestas para la resolución del problema más allá de algunas con las que de modo utópico se pretendía que el mercado, causante real del problema, lo solucionaría (Protocolo de Kyoto).

Una obvia demostración de que esas Cumbres no son suficientes es que se han batido índices históricos de temperaturas medias en el planeta y se han superado los 400 ppm de CO2 en la atmósfera, un nivel desconocido en la historia reciente. El Cambio Climático está ya aquí e irá a más si no se pone remedio. El propio Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas advierte de considerables aumentos de temperaturas en los próximos años. Hay que tomar ya medidas de adaptación y reducción de emisión de gases de efecto invernadero sin esperar a 2020.

 

Y en esto llega Trump

Y para calmar más al Clima… aparece Trump que, siguiendo directrices de los amos del carbón y del petróleo (materiales matrices de las emisiones de CO2), niega el Cambio Climático, dice que es un truco comercial de los chinos y se propone anular los compromisos de EEUU en el Acuerdo de París. Su primer paso ha sido nombrar director de la prestigiosa EPA (Agencia Ambiental Americana) a un claro representante del negacionismo del cambio climático: Myron Ebell.

Cabe analizar las repercusiones de que Trump rechace el Acuerdo de París. Muy probablemente no retirará la firma de EEUU del mismo, pero pondrá todas las piedras en el camino para que no avance, ninguneando decisiones y medidas concretas además de incumplir sus compromisos económicos, como ya hizo EEUU con el Protocolo de Kyoto). Bloqueará sin duda el Acuerdo, aunque en el Partido Republicano tendrá algún problema, porque hay en él personas con intereses en energías renovables, pero son más fuertes los lobbies de los combustibles de origen fósil.

Trump no es Obama, ni lo pretende. Que EEUU emita casi la quinta parte del CO2 del planeta, que ya modifica patrones vitales de millones de personas, no le agobia. Él está para otras cosas y entre ellas, mantener el suicida actual modelo energético, que lleva al desastre.

Pero surge una sólida duda en este nuevo escenario: ¿Porqué Cumbres Climáticas de inciertos resultados, si un Trump, fiel a los beneficiarios del modelo energético de origen fósil, puede hacer fracasar sus escasos avances? He ahí la enorme fragilidad de esos Acuerdos en cuestión de vital relevancia como la supervivencia del planeta.

Obviamente Europa debe recuperar el liderazgo en la lucha contra el Cambio Climático y establecer alianzas con China, India y otros grandes emisores de gases de efecto invernadero que apoyan el Acuerdo de París por ahora. Pero puede ser insuficiente. El problema es demasiado importante para confiar solo en gobiernos y élites económicas que hasta ahora no han hecho lo que tenían que hacer. Es el momento de la ciudadanía. El Cambio Climático es un problema de civilización por el que la mayoría de la gente sufrirá sus efectos y por tanto ha de protagonizar la búsqueda de soluciones. Se requiere un esfuerzo común coordinado y solidario de toda la sociedad, presión ciudadana (un 15M ecológico) que asegure respuestas institucionales adecuadas, cambios en el modelo socio-económico y en los hábitos colectivos.

¿Porqué no una Tasa Tobín Verde que grave las transacciones financieras? y revierta en sistemas basados en otros paradigmas diferentes, para reducir la creciente desigualdad social y ambiental. La Tierra no puede confiar su futuro en Trump y todo lo que implica.

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