Las imágenes de la policía nacional golpeando, empujando y arrastrando a mujeres, ancianos y en general a todos los que habían acudido a votar al referéndum ilegal el 1 de octubre, algunos en compañía de sus hijos, permanecerán en nuestra retina durante mucho tiempo. No es fácil quitárselas de la mente y es natural que produzcan un rechazo instintivo. Es dudoso, sin embargo, que estas imágenes constituyan por sí la base de un argumento plausible para condenar a la propia policía nacional, al Gobierno español o a la fiscalía del Estado. Una condena es un acto reflexivo que exige no solo conocer los hechos en el orden en que se han producido, sino sus causas y las relaciones entre sus participantes. Es posible que nos provoquen rechazo unos hechos cuyos responsables no están en la imagen.

Es posible que nos provoquen rechazo unos hechos cuyos responsables no están en la imagen

Lo que más horroriza de las imágenes es que la violencia va dirigida a gente que parece estar ejerciendo un derecho ciudadano básico, y no cometiendo una ilegalidad de ningún tipo. Son ciudadanos que han salido a ejercer su derecho a votar siguiendo el anuncio de las autoridades legalmente constituidas, como han hecho tantas veces. El problema, que no se ve en las imágenes, es que tales autoridades acababan de dar un golpe de estado en el Parlamento días antes, y que han convertido a la población en instrumentos desarmados de un proyecto delictivo dirigido por el gobierno catalán. Con una buena dosis de cinismo e irresponsabilidad, días antes de la votación lanzan la consigna de que el referéndum “no va de independencia– la cual sin embargo proclamarán si sale el sí con cualquier participación –sino de democracia”.

La prensa internacional ha sido casi completamente sorda a cualquier tipo de razonamiento que fuera más allá de condenar lo que parecía que estaba ocurriendo: no están acostumbrados a ver en Europa ciudadanos que salen a votar en un referéndum ilegal ni conciben tampoco la idea de que se declare la independencia de un territorio como efecto automático de tal referéndum, cualquiera que haya sido la participación. En definitiva, aún curtidos en la propia miseria de sus sistemas políticos, no están acostumbrados al nivel de hipocresía de los Puigdemont, Junqueras o Forcadell. “Con independencia de lo que pensemos sobre el referéndum” es la fórmula con la que se excusan los corresponsales extranjeros por no entrar a considerar los hechos completos, solo su reacción instintiva a los hechos inmediatos.

Por lo tanto, los organizadores locales de un acto ilegal que dispusieron a las mujeres, los ancianos y a las personas con discapacidad formando un cordón para que pudieran pasar los votantes (como contó la magistrada Olga Bautista) no son responsables de que esas personas tuvieran que ser desalojadas por la policía a la fuerza por participar en un acto ilegal. Los alcaldes que incumplieron la orden de no abrir los colegios y animaron a sus vecinos para que acudieran a votar no sólo no son responsables de los incidentes sino que pueden denunciar como tales al Gobierno central que hizo cumplir la orden del juez. Los mossos que incumplieron la orden de impedir la entrada en los colegios y sellarlos antes de que abrieran, tampoco son responsables de la violencia policial porque, aunque con su inactividad hicieron el desalojo muchísimo más difícil, no participaron activamente en él. Los miembros del Parlament y de la Generalitat son culpables, sí, de violar los artículos fundamentales de la Constitución y el Estatut, pero no lo son de la violencia que ocasionó convocar a los ciudadanos a participar en un acto ilegal con el que pretendían legitimar su sedición.

En unos medios de comunicación principalmente audiovisuales, lo que no se ve, no existe, y el Gobierno de España, siguiendo una larga tradición, ha hecho un pésimo trabajo de información en el extranjero para permitir que la opinión pública tuviera un contexto adecuado para los hechos del 1-O. Es ciertamente responsabilidad del Gobierno facilitar estos datos, pero es responsabilidad de los corresponsales extranjeros conocer el origen de los hechos. También es su responsabilidad analizar la fiabilidad de sus fuentes: en los encuentros de la policía con manifestantes se recogen de oficio los datos de los heridos que proporciona la autoridad y por ello es normal que se hagan eco de la cifra de 893 heridos que dio la Generalitat. Si conocen que el Gobierno catalán ha promovido el conflicto con la policía, un periodismo informado y responsable debería señalar igualmente que al día siguiente sólo había en los hospitales de Cataluña un herido grave (por una bala de goma).

Lo que más impresiona de las imágenes de la policía desalojando los colegios electorales es lo físico que fue el contacto, o, parándose a pensarlo, el hecho de que la policía prescindió de la mayor parte de la parafernalia ofensiva que tiene a su disposición para evitar heridos. No vimos, como es ya rutinario ver en las protestas contra el G-20 por toda Europa y en los EEUU, botes de humo, chorros de agua a presión, pistolas de descargas eléctricas, perros, caballos etc. El uso de pelotas de goma fue ciertamente muy limitado en circunstancias de una enorme desproporción de fuerzas. Lo que vimos fue a policías con porras desalojando a los participantes que se encontraban en algunos colegios electorales, pero el saldo de víctimas, 24 horas después de la jornada, era de tres heridos en el hospital, sólo uno de ellos grave. Se piense lo que se piense del acto en sí, a nadie le puede dejar de impresionar la preparación de unas fuerzas que, enfrentándose a docenas de miles de participantes en el acto ilegal consiguieron que no hubiera desgracias mucho mayores.

Si el ordenar el desalojo de los colegios una vez que se comprobó que los mossos habían desobedecido las órdenes recibidas fue la mejor decisión de orden público, creo que nadie se atrevería a juzgarlo hasta ver cómo se desarrollan los hechos. Es decir: una vez se hayan producido los acontecimientos todos seremos más sabios y sabremos exactamente qué es lo se debería haber hecho la mañana del 1 de octubre.

Cosa distinta es la propia reacción a estos hechos, especialmente si uno es un ciudadano catalán. Si, pasado el shock de los golpes de la policía, alguien se siente más cercano al bando de los que promovieron el conflicto, los que animaron a niños y ancianos a personarse en los colegios y los que intentaron legitimar la violación de la voluntad de media Cataluña, no será porque rechaza la violencia, sino porque rechaza la que le tocó ver o soportar a él, con indiferencia de la que soportan los demás en Cataluña cada día.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

3 Comentarios

  1. Las medidas llegan tarde , como todo lo que sale de Rajoy y su gobierno, ya con mayoria absoluta no hizo nada y ahora es tarde haga lo que haga con deshonor no quiso la guerra ahora tendrá deshonor y guerra,ha igualado a zapatero en inutilidad y mal hacer , para desgracia de españa

    • Efectivamente. Como siempre, Rajoy llega tarde. Como siempre, le superan unos acontecimientos que no ha sabido prever. Duerme la siesta eterna. Sin embargo, parece que eso es más censurable que el golpe de estado que una parte de la sociedad catalana acaba de perpetrar, con una propaganda fascistoide difundida por los medios de comunicacion (poderes fácticos, no lo olvidemos) digna de otras épocas de infausto recuerdo. ¿No hemos aprendido nada o es que somos ignorantes? ¿Acaso es más snob defender la postura independentista que censurar los actos antidemocraticos que estamos viviendo en Cataluña? Cuánta demagogia… Como diría un ilustre viñetista: país…

  2. Sólo hay un responsable de lo sucedido día 1, el gobierno español. Si el 80% de los ciudadanos quiere ejercer un derecho básico (autodeterminación) y el gobierno lo niega, el problema no es del govern de la Generalitat. Si la única forma de intentar frenar el referéndum fue la violencia, es que el gobierno no está haciendo bien las cosas.

    No hay que olvidar que hay fórmulas dentro de la constitución que permiten el referéndum, sólo hace falta un poco de altura democrática. España tiene mucho que aprender aún de UK, Canadá y hasta de República Checa.

    Madre mía, lo que se puede que llegar a leer. La violencia (mayor) contra una manifestación en Hamburgo no justifica la violencia contra gente que iba a votar. Y si había ancianos (que no formaban un cordón), es porque los ancianos también votan.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

diecisiete + 12 =