En Ciencia Política se habla de juego de suma cero cuando el premio en disputa va a manos de uno de los oponentes, es decir, donde hay un ganador y, al menos, un perdedor. Así, una elección ejecutiva es un ejemplo de este tipo de juego, puesto que sólo una persona puede ser elegida presidente de todas las que se presentan, una gana, el resto pierde.

Por el contrario, los juegos de suma positiva son aquellos en los que puede haber más de un ganador, puesto que cada uno compite, además de contra los demás, consigo mismo. Una elección legislativa es un ejemplo de ello.

Esta realidad, tan clara en España que tiene un sistema parlamentario, es menos evidente en Argentina, que tiene un sistema presidencialista. Veamos el caso de la próxima elección en el país latinoamericano para tratar de entenderlo de manera más clara.

¿La oficialista Cambiemos gana sólo si gana la elección? En primer término es difícil encontrar quien gana la elección porque, en realidad, son 24 elecciones en paralelo, y aunque poseen diferente peso específico, todas tienen su propio valor. Y al no haber una fuerza partidaria que se presente con igual conformación en los 24 distritos, es complejo trazar una línea para saber quién es quién. Entonces, volviendo a nuestro ejemplo, ¿si Cambiemos o todo lo que sea asimilable al oficialismo nacional, suma más votos que cualquier otra fuerza en términos federales gana la elección? ¿Pero si pese a sumar más votos no logra ampliar su fortaleza parlamentaria, igual ganaría? ¿Y si gana en 23 distritos y pierde la Provincia de Buenos Aires, el principal distrito, también ganaría?

Similares pensamientos pueden utilizarse para el panperonismo en su versión kirchnerista. Claro está que para el caso de Cristina Fernández cualquier resultado que no sea su triunfo como candidata a Senadora Nacional es una derrota, puesto que ha hecho una apuesta a todo o nada, pero en términos concretos, más allá de lo simbólico, una derrota puede ser un triunfo parcial. Porque en una elección legislativa no sólo gana quien consigue más votos.

Los diferentes partidos políticos pueden tener diferentes objetivos al momento de presentarse a las elecciones de medio término, en Argentina cada dos años se renueva la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio de la Cámara de Senadores, pues es la mejor oportunidad que tienen para crecer en términos relativos, fundamentalmente los más pequeños, que ven menguadas sus posibilidades en una elección ejecutiva.

Cuando se elige un cargo ejecutivo la mayoría de la ciudadanía tiende a votar a aquellas fuerzas que tienen posibilidades concretas de alzarse con el triunfo, de realizar un voto útil para no ‘tirar el voto’ en aquellas opciones que a priori no tienen posibilidades concretas de triunfo. Esto genera un círculo vicioso, puesto que al no visibilizarse como una alternativa real de gobierno se recibe menos votos y al recibir menos votos disminuye su posibilidad de ser una alternativa real de gobierno, una suerte de espiral del silencio de la que hablaba Elisabeth Noelle-Neumann.

Es entonces cuando se realizan las elecciones legislativas el momento de romper con esta espiral y apelar al juego de suma positiva, porque no hay un único ganador de las elecciones, puede haber múltiples triunfadores que se lleven su porción de victoria.

No sólo gana quien obtiene más votos, gana también la fuerza electoral que logra aumentar su representación parlamentaria, gana también quien logra acceder al Parlamento si antes estaba fuera de él, ganan, en definitiva, todos aquellos que tras las elecciones logran estar en una situación relativa mejor que antes de estas.

Hoy el oficialismo es la primera minoría en la Cámara baja nacional con 86 legisladores. Si a partir del 10 de diciembre de 2017 tiene más legisladores habrá triunfado, aunque reciba menos votos en muchos distritos y en términos populares para muchos el resultado sea visto como una derrota.

Siguiendo nuestro análisis, el Frente de Izquierda tiene hoy 2 legisladores. Ningún analista prevé que sea la fuerza más votada a nivel nacional, ni siquiera en alguna de las 24 circunscripciones, pero si el 11 de diciembre tiene más de 2 diputados nacionales, el FIT habrá triunfado.

Situación similar ocurre en la Cámara de Senadores de la Nación, donde el oficialismo se encuentra hoy en notoria minoría y tiene la posibilidad de incrementar su fuerza parlamentaria.

Más allá de lo simbólico de ser el partido más votado, este tipo de triunfo puede ser una victoria a lo Pirro, puesto que lo que realmente importa es la traducción de esos votos en escaños, y como dijimos al inicio, este tipo de situaciones se vive en 24 distritos de manera simultánea.

Hay por delante, por lo tanto, una posibilidad extraordinaria para votar por lo que realmente se cree que es la mejor opción sin creer que por ello ‘se desperdicia el voto’. En octubre cada voto cuenta, vaya a la fuerza que vaya, porque es una elección de suma positiva en la que, incluso, todos pueden decir que ganan, porque paradójicamente se da esa posibilidad, todo depende de los objetivos que se plantee cada fuerza.

 

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