“Estaba en los puntos pero sus mecánicos han tenido un problema con el gato”.

Alguien lo repite, y los colegas con los que estoy siguiendo el Gran Premio de Cánada empiezan a reírse y vacilar.

“Con el gato. Miau miau mia”.

La carrera es interesante, aunque no llega a aparecer la lluvia ni tampoco ningún safety car real. Da cierta pena ver como Rosberg, como en las temporadas anteriores, se convierte otra vez en el Webber de Mercedes; con lo bien que había empezado el chavea este mundial; pero ya sólo le separan nueve puntos de Martillo Hamilton, que lo ha empujado al césped a la menor oportunidad.

“Si no puede adelantar a un Red Bull no será tan bueno”

El público del bar donde estoy viendo la carrera se deshace en elogios hacia Max Verstappen. A Ricciardo se le mira también con cierta piedad.

Cierto que el presente campeonato mundial no está siendo tan aburrido y previsible como el anterior, pero si Hamilton empieza a ganar y ganar, será -porca miseria- dentro de poco más o menos igual.

La estrategia de Ferrari, siguiendo la tradición de los tiempos de Fernando Alonso, funciona suficientemente fatal, y prácticamente le regalan la carrera al actual campeón.

No ha estado del todo mal como espectáculo. Pero yo me quedo:

-Con la rabia de Roseberg, con la lucha que mantiene consigo mismo para no desmoralizarse y hundirse una vez más.

-Con la impotencia de Ricciardo, que -aposté por ello- tenía y quizá aún tenga, posibilidades de ser el ganador del mundial.

-Con el brillo de Verstappen.

-El buen trabajo de Vettel, y esa tranquilidad de fondo que da haber sido campeón del mundo cuatro veces.

-Con la ansiedad de Carlos Sainz, buscando su verdadera oportunidad.

Y sobre todo me quedo con el gato, el gato de Fernando Alonso. Miro a mi alrededor. Me duele un poco que le cueste tanto al personal tomárselo en serio después de tanto resultado miserable, tanta poca cosa e inacabable dificultad.

¿Acaso nadie sabe lo que piensan los ingenieros de Honda? Es evidente.

A ellos les da igual. Todo. Fernando Alonso, el gato, y todas esas pequeñeces de la forma de vivir y de luchar occidental. Ellos van despacio. No se inmutan. El tiempo está de su lado, antes o después lo conseguirán. Aunque para nosotros, para Fernando Alonso, probablemente cuando suceda será demasiado tarde ya.

 

Tigre tigre.

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1 Comentario

  1. Lo más triste era que los comentaristas de Vomistar, uno se va acostumbrando, intentaban hablar de él, pero se notaba que tampoco se lo creían. Me encanta la F1, y sobre todo los perdedores. Por eso ahora mi corazón está con Ricciardo y Rosberg, los desfavorecidos por sus equipos y la fortuna. Pero incluso para saer perdedor hay que estar lo bastante alto en la tabla. Lo otro no es perder, es hundirse en el pantano de la mediocridad. Tigre tigre.

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