Será porque tengo una hija de cuatro años y me empiezo a dar cuenta de cosas que antes me pasaban más o menos desapercibidas. Esas pequeñas cosas que, como le sucede a todo el mundo, podían llamarme la atención por un momento, pero mi cerebro desechaba al instante porque no me afectaban directamente. Al menos eso pensaba.

Muchas de las cosas que aprendemos en la infancia sobre cosas como la solidaridad, las mentiras, la superación del miedo a los monstruos, etc. nos llegan a través de los cuentos o las fábulas, entre otros relatos. Por lo general, aunque sean obras con valores atemporales, también son un reflejo de las costumbres y las sociedades de la época en las que son creadas. Uno de los problemas de que sean atemporales, es que aunque la forma del relato varíe, le esencia permanece y, con ella, sus pros y sus contras.

Si hay valores como los que ya he mencionado, también hay, por eso de la representación de la sociedad, muestras de rasgos no tan positivos, como puede ser la asunción del machismo como algo natural.

En los cuentos de hadas, la mujer siempre aparece subordinada al hombre y su objetivo es, por muy rebelde que pueda parecernos en algunos momentos, conseguir un marido que la cuide y proteja.

Ella siempre es frágil, joven, sumisa, indefensa, dependiente, guapa, dedicada al hogar y a su familia, y por supuesto, no dudará en renunciar a su vida y sus sueños por conquistar y conservar a su “príncipe azul”.

Sin embargo, la figura masculina es un hombre apuesto, atlético, con alta autoestima, fuerte, impetuoso, independiente, decisivo y, a menudo, con alto poder socioeconómico.

El personaje “malvado” suele ser una mujer. Generalmente, una oscura y envidiosa madrastra, cuyo único anhelo es la belleza.

Por otro lado, es curioso cómo la figura materna no existe y cuando se hace referencia a ella, está muerta.

Prácticamente cualquier otro personaje femenino que no sea la “protagonista” del cuento es siempre una rival con la que competir y luchar hasta extremos, incluida la muerte o el asesinato, para conseguir la atención del príncipe azul.

¿Vemos algunos ejemplos?

La Bella y la Bestia:

Bella, ya empezamos con el nombre, es una chica apasionada por los libros y aparentemente culta, sí, pero cuentos sobre príncipes disfrazados, y que es discriminada por esa “rareza”. Su pretendiente Gastón dice: “el pueblo entero lo comenta, no está bien que una mujer lea, enseguida empieza a tener ideas y a pensar”. Como es una hija ejemplar, acepta el trato de ser intercambiada por su padre “apresado” por la Bestia y se enamora de su captor (¿síndrome de Estocolmo?), un personaje violento que la aísla de su familia, la encierra y la controla mientras la trata con desprecio. Bella es pretendida por el hombre más popular del pueblo, el ya nombrado Gastón, y en el duelo de pretendientes, la Bestia sale herida y se convierte en príncipe gracias a las lágrimas de “amor verdadero” que Bella derrama sobre él. Esta parte recuerda bastante al ciclo de la violencia de género.

Blancanieves:

Los 7 enanitos sólo aceptan acoger en su hogar a Blancanieves a cambio de hacerse la única responsable de las tareas domésticas (Enano Gruñón: “es una mujer y todas son como el veneno, tienen mucho remilgo… ¡mujeres! ¡Son peores que un dolor de muelas!”) y adoptar el papel de “madre”, como es propio de la perfecta mujer (Blancanieves: “¡ya sé! Para conseguir que me dejen quedarme les limpiaré la casa”). Al final ella es salvada de su penosa vida de solterona por el príncipe azul, a través de un beso de “amor verdadero” que roza la necrofilia.

Cenicienta:

Tras quedarse huérfana, queda al cuidado de su “malvada madrastra” y sus hermanastras, que la tratan como una esclava. En el baile de “Príncipe busca esposa”, Cenicienta, con ayuda de los ratones y el hada madrina, consigue ir al baile, casting, o lo que sea, de “mujeres objeto”, a pesar de la negativa de su madrastra. Cuando llega la medianoche, Cenicienta sale corriendo porque se acaba el hechizo y no quiere ser vista tal y como es en realidad, una mujer corriente. En la huida pierde uno de sus zapatos de cristal, que será la clave para que el príncipe, incapaz de reconocerla, la encuentre y la libre de su amarga vida, ya que ella sola no parece valerse por sí misma. ¿En serio te enamoras de alguien y no recuerdas su cara? El baile debió acabar en un after como poco.

Mulán:

A Mulán (cuyo significado literal es “jarrón” y en sentido coloquial “bombón”) nos la presentan como una luchadora, independiente, que se vale por sí misma, sin ayuda de un hombre, pero la realidad es otra (cómo no): perfecta hija, fiel a la sociedad patriarcal y a la espera de que aparezca su amado y la apruebe. En el ejército se enamora de su capitán, el cual, la expulsa tras descubrir que es una mujer, pese haber demostrado su valentía y salvarle la vida. Mulán salva al emperador y, tras ser ignorada por su amado, decide volver a casa frustrada por no haber recibido una respuesta afectiva y no poder tomar la iniciativa por el hecho de ser mujer. Al final, ella honra a su familia, pasando de la obediencia al padre a la sumisión hacia el marido.

La Sirenita:

Ariel es una sirena que salva a un marinero tras un naufragio y se enamora. Para poder estar con él, hace un trato con la Bruja Úrsula, para que le de piernas a cambio de su voz; sacrificando su vida anterior por su amado ¿recuerdas? Total si lo que importa es la belleza y la sumisión al marido, calladita está más guapa. Su amado Erik la estaba buscando por su voz ya que era lo único que recordaba. Vale que la voz sea uno de los rasgos distintivos de las sirenas, pero volvemos a lo mismo que con el zapato de cristal. La Bruja Úrsula, que parecía ayudarla, con la voz de Ariel, pretende casarse con él. Finalmente, la boda se ve impedida por los amigos de Ariel ¡un pájaro y un cangrejo! Obviamente no iba a ser una mujer, como en ninguna de las tramas de Disney, pues sería una competidora y no una amiga. Total, que Erik descubre que la voz en realidad pertenece a Ariel, la cual se ve obligada a abandonar todo su reino para depender de su príncipe.

Vamos a dejar lo de los ejemplos. Creo que ya nos podemos hacer una idea del tema.

Es cierto que, en los últimos años, Disney ha ido avanzando incluyendo a “princesas” como Tiara, que lo que quiere es montar su propio restaurante, o Elsa que se muestra como una mujer fuerte y decidida, pero Tiara necesita la ayuda del sapo (el príncipe) y Anna, la hermana pequeña de Elsa, necesita la ayuda de Cristoff. Parece que las cosas cambian, pero siguen igual.

Tampoco espero que mi hija elija ser una khaleesi. No hace falta que vaya conquistando ciudades a base de incendiarlas con aliento de dragones y baños de sangre, pero sí espero que elija ser una mujer con capacidad de crítica, independiente y que dirija su vida hacia donde ella quiera, sin tener que subordinar su vida a las decisiones de nadie. Depende de ella.

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