“Salió de la casa y no volvió”. “No hemos vuelto a saber de ella. Iba normal, con el pelo suelto, un vaquero y una camiseta blanca”. “Su móvil no da señal desde anoche, estamos muy preocupados, tememos que le haya podido pasar algo”.

La mayor parte de historias comienzan así, sin saber cómo y por qué, abriendo un mar de dudas entre sus familiares, suscitando tantas inquietudes que en muchas ocasiones no se recuerda exactamente qué indumentaria llevaban o si realmente ocurrió algo reseñable. Se da forma a sucesos que, tal vez, no llegaron a producirse, también por intranquilidad y nerviosismo, se construyen otros aspectos irrelevantes que se creen fundamentales, aunque no lo sean.

Los datos oficiales en materia de desapariciones llegan a ser tan confusos, que las asociaciones muestran su descontento con ellos. Tal es la situación, que las agrupaciones de personas desaparecidas, han amenazado en alguna ocasión con denunciar a España a la Comisión de Derechos Humanos de la UE.

Desde que en 2010, entrara en funcionamiento el PDyRH (Personas Desaparecidas y Restos Humanos), el número de denuncias se ha elevado a 121.118, de las cuales aún permanecen activas más de 4000. A pesar de que el número nos puede parecer flagrante, los datos están inconclusos, ya que no se incluyen las ocurridas antes de 2010.

Lo significativo de todo esto, es que las estadísticas del Ministerio del Interior, han secuenciado un aumento constante y paulatino del número de denuncias en los 7 años que lleva en funcionamiento el PDyRH. Sin embargo, los expertos resaltan varios hechos, como que la mayor parte de los casos por desaparición, se acaban cerrando pasadas unas horas.

Al día se producen en España en torno a 38 desapariciones

Según las fuentes consultadas en los informes de Interior, las denuncias vivieron un repunte evidente el pasado año 2016. Los números se triplicaron con respecto a los de 2015. La coyuntura se originó debido al gran interés mediático que supuso el caso de Diana Quer.

El suceso no solo propició que afloraran denuncias que terminaron por resolverse satisfactoriamente a las pocas horas, sino que ocasionó que muchos se apresuraran a mostrar sus dotes detectivescas, aportando noticias y pistas falsas, o evidenciando sus nulos conocimientos sobre la materia. La situación fue tan efervescente, que hasta las asociaciones tuvieron que salir al quite para pedir calma y recordar que un gran número de personas siguen en paradero desconocido.

La magnitud del caso de Diana Quer, es que este ha servido para dar un poco de luz al resto, aunque hoy la cobertura sigue siendo insuficiente. Se habla de que al día se producen en España en torno a 38 desapariciones, lo que supondría unas 14000 al año.

Hay varios factores que influyen en la mediatización de este tipo de sucesos. Uno sería el papel de movilización que tendrían las familias, y los contactos de estas para ejercer de altavoz. Otro factor está relacionado con el poder de la prensa. La fuerza que ellos pueden ejercer, se relaciona más con el interés del propio medio de comunicación, que con el suceso en sí.

La desaparición de Diana Quer fue especialmente significativa, ya que tenía varias aristas que permitían que los medios focalizaran su atención. Los Quer son una familia acomodada, podríamos hablar de clase media-alta. Los padres estaban divorciados, y las chicas tanto Diana como Valeria, se encontraban entre medias de dos frentes. Este escenario podría enmarcarse dentro del término empleado por la prensa americana; MWWS y que su traducción al español es: Síndrome de la mujer blanca desaparecida. Esta expresión se refiere a la desproporcionada atención que prestan prensa, radio y televisión, a los casos de personas desaparecidas cuando estas son mujeres que cumplen los siguientes cánones: Mujer joven, atractiva físicamente, de clase media o alta y de raza blanca, adaptándose a los estereotipos mostrados por la cultura popular en cine o literatura, facilitando el interés de los espectadores, que viven la noticia como una historia de ficción a través de la pantalla de casa.

Todo el mundo cuando surge la noticia, quiere que chicas como Diana Quer, Marta del Castillo o Rocío Wanninkof, estén sanas y salvas para que puedan volver con sus seres queridos. El problema se genera cuando los colectivos recuerdan, que solo en un año habrá 140 personas de las que no se volverá a saber nada, y de las que ni siquiera tendremos constancia.

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1 Comentario

  1. Terrible, 140 personas desaparecen al año sin dejar rastro, la mayoría de ellas nadie las conocerá, no saldrán en los medios de comunicación, no lo entiendo. Cuando una persona desaparece cambia la vida de muchas personas, su familia, amigos, vecinos,… muchas veces el silencio es una opción y su familia intenta sobrevivir a esta incertidumbre sin ayuda institucional, no lo entiendo. La cifra de desaparecidos sigue y sigue aumentando y pasan los años con promesas de unos protocolos que nunca llegan, no lo entiendo. Que un artículo que quiera dar voz a esos desaparecidos anónimos se hable solamente de Diana Quer, cuando hay MENORES desaparecidos como Caroline del Valle (14 años, desaparecida en Sabadell el 14/03/2015), Paco Molina (16 años, desaparecido en Cordoba el 02/02/2015), Malen Ortiz (15 años, desaparecida en Calvia el 02/12/2013), Yeremy Vargas (7 años) y Sara Morales (14 años) ambos desaparecidos en Canarias y tantos y tantos,.. no lo entiendo. Esas estadísticas del Ministerio del interior tan esperadas que reconocen 4000 personas desaparecidas pero que no incluyen a los desaparecidos anteriormente al 1 de enero de 2010 ni a españoles desaparecidos en el extranjero y en lo que respecta a Euskadi no coinciden con los datos oficiales de la Ertzaintza. Y ¿qué pasa con los enterrados sin nombre y de esos 4000 ciudadanos? Tampoco están en estas estadísticas. Estos datos del Ministerio de Interior sí lo entiendo, ya que en los medios de comunicación se habla de esa cifra (4.000) y no de la real, que puede asustar a muchos ciudadanos y puede ser un problema para las instituciones. Por todo ello y para este país, las desapariciones siguen siendo un problema familiar en vez de un problema institucional

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