Cuando una recibe una amenaza

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ubicada

Cuando una recibe una amenaza, una de las gordas, pública además, una con la foto de una pistola y la palabra “ubicada” seguida de las palabras “es tu turno, puta”, piensa en sus dientes.

Vaya, piensa en sus dientes si es pobre.

No, eso viene luego. Cuando una recibe una amenaza con, entre otras, esas palabras exactas, piensa en la coma. Y también en la ciudad de Madrid. Pero sobre todo, en la coma. “Es tu turno COMA puta”. El dedo que ha apretado la tecla de esa coma seguía órdenes del mismo cerebro que ha decidido y ejecutado la amenaza. O sea, no es un iletrado. Sabe dónde hay que poner una coma. No solo eso. Ha necesitado poner la coma.

Un tipo que envía la foto de una pistola acompañada de las palabras “es tu turno, puta” es un asno. Eso piensas, incluso lo imaginas con su chándal raído y el negro de las uñas. Pero es es antes de la coma. Antes incluso de recibir amenazas de muerte. Hasta que ves la coma. Tardas en ver la coma, porque las comas forman parte de ti. Y solo en el momento en el que te preguntas ¿Quién soy, en qué me he convertido, quién es esa señora que soy yo?, ves la coma.

Cuando una recibe una amenaza, una de las gordas, pública además, una con la foto de una pistola y la palabra “ubicada” seguida de las palabras “es tu turno, puta”, piensa en sus dientes. Pero antes –creo que este es el orden, pero no estoy segura– se pregunta ¿Quién soy, en qué me he convertido, quién es esa señora que soy yo?

A esa pregunta, claro, se contesta como de niña metes las puntas de los dedos de un pie, ¡chas!, para ver si el agua de la piscina está fría. Visto y no visto se contesta. Una y otra vez visto y no visto. Se contesta a fogonazos de dedos de un pie tierno. Esto se contesta: una mujer a la que odiar como para eso una mujer pública un personaje detestable un personaje a secas dónde está mi casa quiero volver mamá nunca volverás a casa mi cuerpo es un amasijo solo solo de soledad.

Luego piensas en los dientes.

Una amenaza de muerte no quiere decir que te vayan a matar. Vamos a pensar eso. Pero si esa amenaza se hace en público, abre la veda y señala a la pieza. Yo soy la pieza. Ahí está mi rostro, lo conocen, es público, pienso. Y luego: Cuando me peguen por la calle, seguro que me rompen los dientes, y yo no tengo pasta para arreglarme los dientes y, sin los dientes, no pienso salir a la calle, es más, no pienso salir de la cama, es más, no pienso salir de debajo del edredón, y entonces perderé mi trabajo y por lo tanto mi casa y etcétera.

Entonces te dicen cosas como “no hagas caso”, “no es más que un pirado”, “denúncialo”. O no te dicen nada en absoluto, que es peor, aunque pueda parecer que no hay nada peor que un “no hagas caso”.

Nada.

En absoluto.

Mi cuerpo es un amasijo solo solo de soledad.

Parecen no entender –quizás no quieren– que tú ves ese momento en el que cuatro individuos, muy probablemente sin comas en su vida, te reconocen por la calle justo en ese momento en el que los compuestos químicos generan sus picos de ansiedad. O ni siquiera. Te ven por la calle y deciden, en lugar de insultarte, largarte una hostia que te manda al suelo con tan mala fortuna que tu cara queda al descubierto y con una patada te saltan los dientes de delante.

Puede que no pase, claro. Pero también puede suceder.

Desde el mismo instante en que lees “es tu turno, puta” comprendes, y lo comprendes profundamente, que PUEDE SUCEDER.

Y pasas de los dientes a los críos.

“Ubicada”. El tipo que ha puesto la coma no ha escrito esa palabra aislada. Ha escrito exactamente: “Te tenemos ubicada”. Y aún más exactamente “TE TENEMOS UBICADA”, así, a lo bestia.

Puede que no, claro. Pero también puede que sí.

Cuando una recibe una amenaza, una de las gordas, pública además, una con la foto de una pistola y la palabra “ubicada” seguida de las palabras “es tu turno, puta”, sucede que se le sale la leona. La leona: No volveré a salir con mis hijos a la calle no quiero que me vean con ellos no quiero que ellos vean lo que pase qué es esto qué coño es esto.

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Periodista y escritora, estudió Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha ejercido como periodista en El Mundo, Cadena Ser, Radio Nacional de España, El Periódico de Cataluña, Cuatro, Telecinco, Antena3 Televisión,… Ha sido (por este orden) redactora de calle, entrevistadora, reportera, guionista de radio y televisión, columnista política, analista política, columnista cultural, articulista, jefa de sección, jefa de redacción y subdirectora.
Directora de D16.com

8 Comentarios

  1. Cristina, cuentas pública y privadamente con todo mi apoyo y solidaridad. Con mi respeto y mi admiración. Gracias por todo.
    Un abrazo
    Marta Sanz

  2. Ánimo Cristina,
    Las mujeres valientes aun tenemos que pagar estos precios.
    Y luego hay quien dice que nos hemos extralimitado reclamando nuestros derechos. Pues de esta visión castradora es de donde, inequívocamente, puede acabar elevándose el dedo que pulsa esas teclas concatenando las letras que representan la vil amenaza.
    Espero que todo el peso de la ley caiga sobre el autor, y que una vez haya recaido sentencia firme se haga pública en medios de comunicación.
    Todo mi apoyo

  3. Todavia estoy esperando que me respondas a la pregunta que te hice en Twitter, Cristina:

    A Facu Diaz, tu amigo de Podemos, el que apuntaba con una pistola a Carlos Cuesta, a ese hay que denunciarlo? O quiza Carlos Cuesta no debe tener miedo porque la izquierda es mucho de hacer bromitas pero no de matar gente y eso?

    Un saludo.

  4. hey cristina, dont ya worry, we gonna set up a nice little monument for you …. oook, bloody jokes aside: have you ever considered how far things have to come for you to call it quits? cheers, and hang in there lady, pit

  5. Si fueras la princesa el amenazante matón ya estaría empapelado.La justicia es ciega,dicen.Yo la veo más bien muy tuerta.

  6. Creo que rastrear a este sujeto y conseguir su identificación será coser y cantar para la policía científica de Delitos Informáticos. De hecho creo que ya lo tienen.

  7. Seguro que el eficiente encargado de la seguridad del estado en una brillante operación ya tendrá no solo enchiquerado, sino que con la diligente justicia característica de nuestros lares, ya habrá empapelado convenientemente al susodicho CABESTRO

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