Desplazados de Mosul durante su llegada al campo de refugiados de Hassansham. Fotos Oxfam.

Vivimos en un tiempo de mente quebradiza, esa que por las cañerías de la ignorancia nos permite olvidar los rasgos de la miseria y la muerte de quienes hoy, luchan por ofrecer la oportunidad de vivir a sus seres queridos. Hoy, cuando el estival ruido de las canciones de verano se abre paso en las radios de nuestro país, la muerte sigue disfrutando de su particular festín, ese que en las mismas aguas en las que otros disfrutan de un placentero verano de asueto ya suma más de cinco mil muertes.

Y es que, el olvido es el mejor caldo de cultivo para que la miseria humana tome forma y cristalice en forma de acciones concretas como la finalización de las ayudas destinadas a las ongs, en concreto aquellas que trabajan con la población más débil del conflicto, esa conformada por los/as niños/as que pululan sin brújula   en los campos de refugiados del olvido y de la muerte. En donde la falta de protección de estos menores representa a todas luces un documento en blanco para que las mafias hagan su particular negocio en forma de prostitución infantil, explotación laboral o tráfico de personas. Algo que parece importar poco a la Unión Europa y a los gobiernos que la conforman.

Y todo ello, con el marco general del fracaso de las políticas de atención a la población refugiada, con tan sólo un 10% de reasentamiento en países de la UE de las más de 170.000 personas que hoy se hacían en los campos del olvido de Grecia y Turquía, en los campos de la muerte y de la pobreza en donde los derechos humanos , esos que parecían ser una realidad plausible en la vieja Europa se desdibujan a cada día en paralelo a la desconexión de la noticia, del titular y de la movilización de una ciudadanía Europea que parece no recordar ya que la muerte se abre paso en sus fronteras.

Hoy, cuando el viejo continente vive el mayor éxodo de población por un conflicto desde la segunda guerra mundial, el recuerdo histórico del final de la segunda guerra mundial y de los hechos que acontecieron en tan cruento episodio histórico parecen importar poco a quienes hoy conforman el proyecto europeo con una incapacidad manifiesta en la toma de decisiones ante la crisis humanitaria que hoy toma forma en territorio europeo en el rostro de personas, de mujeres, hombres, niños y niñas que sólo buscan vivir en paz lejos de la muerte y de las bombas.

En definitiva, toca seguir levantado la voz por quienes no pueden clamar más alto por sus derechos, defiendo con la palabra así la necesidad de la toma de medidas urgentes desde la UE, acciones que sirvan para atender a quienes sufren en Grecia y Turquía el peor relato de una historia por la que otros países como España pasamos no hace mucho tiempo. El tiempo, dirá y nos juzgará como una generación que supimos dar lo mejor de nosotros mismos por quienes más lo necesitaban o por el contrario mirar para otro lado mientras el olvido se convertía en el apellido de la muerte.

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