La comida es necesaria para vivir; sin embargo, algunas personas comienzan a relacionarse de forma poco sana con la comida. No la necesitan para vivir, la necesitan para acabar con su malestar físico y emocional. Hablamos de las personas con Trastorno por Atracón.

Éste es un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) que fue descrito por primera vez en 1959 (20 años antes que la Bulimia) por el psiquiatra Albert Stunkard que lo denominó Síndrome de Alimentación Nocturna.

Lo usó para hablar de las personas que se despertaban en mitad de la noche e ingerían grandes cantidades de alimentos, sin tener hambre y sin que hubiera una conducta compensatoria (como las descritas para la Bulimia) tras el atracón.

Más de 25 años después, el Trastorno por Atracón ha sido reconocido como un trastorno con entidad propia y ha sido introducido por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en su manual diagnóstico, favoreciendo que se lleven a cabo más investigaciones sobre tratamientos para las personas que lo padecen.

El Trastorno por Atracón consiste en la ingesta de una gran cantidad de comida que se realiza de forma compulsiva y en períodos cortos de tiempo, sin que se realice ningún tipo de compensación (purgas, ejercicio,…).

Las personas que lo padecen refieren perder el control sobre la ingesta y la aparición de sentimientos de vergüenza, culpa y asco tras el mismo. En alguna ocasión, habrán intentado llevar a cabo conductas compensatorias, con mayor o menor éxito, pero esto no tiene que ser un hábito común, ya que hablaríamos de Bulimia.

ZcbA58WLJunto con ello, suelen comer hasta sentirse desagradablemente llenos y cuando no hay hambre. Estos atracones se los dan estando solos, pudiendo tener unos hábitos alimentarios normales – o incluso comer menos de lo que sería normal – cuando están con otras personas. Aun así, no suelen comer acompañados, evitando este tipo de situaciones sociales, por vergüenza a que puedan perder el control.

La gravedad del trastorno va a estar determinada por la cantidad de atracones que se den durante una semana. Así, será leve cuando hay entre 1 y 3 atracones semanales; moderado, cuando haya entre 4 y 7; grave, cuando se producen entre 8 y 13 atracones; y muy grave o extremo, cuando superen los 14 atracones semanales.

Al igual que ocurría con el TCANE, el Trastorno por Atracón afecta de forma similar a hombres y mujeres (aunque es ligeramente superior en éstas) y, según la Sociedad Española de Medicina, afecta a alrededor del 3% de la población, sobre todo en personas con obesidad mórbida. Sin embargo, podemos encontrar pacientes con peso normal o sobrepeso, no siendo una característica excluyente para su diagnóstico.

Los pacientes diagnosticados con este trastorno suelen haber tenido una relación poco sana con la comida desde su infancia, lo que ha colaborado en la aparición de la conducta patológica en la adolescencia o la edad adulta. Aunque también influyen los mismos circuitos cerebrales que se ven alterados en personas con adicciones. Por ello, se ha comparado este trastorno con una adicción por la comida.

La diferencia sería la ausencia de síndrome de abstinencia, así como la aparición de vergüenza, síntomas depresivos y la sensación de impulsividad y pérdida de control que se da en pacientes con Trastorno por Atracón.

¿Por qué se producen los atracones?

Normalmente, un episodio de atracón se da ante la aparición de emociones que la persona no es capaz de gestionar de una forma funcional o sana. Ello genera una sensación de malestar, acompañada de tristeza o ansiedad, que “se tragan”. Y suelen darse también cuando la persona se aburre.

La comida, de forma momentánea, les da una sensación placentera que se difumina con la pérdida de control sobre lo que están comiendo.

Al igual que ocurre con la Bulimia, hay que tener en cuenta lo que el paciente considera que es un atracón. Esto estará determinado más por las emociones que acompañan a dicha conducta que a lo que se consume en sí y, sobre todo, por la aparición o no de la sensación de pérdida de control.

Los pacientes aprenden a relacionarse con el mundo a través de la comida. Son personas desconfiadas, aunque no aparentan tener problemas en sus relaciones sociales; exigentes con ellos mismos, con una baja autoestima y con una mala atribución de sus logros (nada parece suficiente y nada parece depender de ellos). Sienten que no tienen el control de lo que sucede en sus vidas y, conforme va generalizando esta percepción, se va agravando el trastorno.

Una de las dificultades que presenta en su diagnóstico es el hecho de que acuden a endocrinos, nutricionistas o dietistas buscando bajar de peso o controlar lo que comen pero no se realiza una correcta evaluación de lo que ingieren, cuándo lo hacen y cómo. Así, el trastorno pasa desapercibido y se mantiene, ya que sólo se trata una parte del problema: la alimentación, dejando de lado el componen emocional.

El tratamiento a través de la Psiconutrición, especialidad que combina nutrición y terapia para la pérdida de peso de forma saludable, es el que mejores resultados da, adaptando la terapia psicológica al ámbito de los Trastornos de la Conducta Alimentaria.


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