“Cualquier tiempo pasado fue… ficción. Ese es el juego”

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Cuando Tigre Manjatan no hace de las suyas y le roba protagonismo al escritor y articulista de Diario16, Javier Puebla aún guarda tiempo para rascar en las entrañas de este Mad Madrid que le devora hasta los tuétanos una soberbia historia que quedará sin duda como canónica para los anales de la literatura sobre la capital de este país y que también da nombre al barrio por excelencia de la clase alta. El hombre que inventó Madrid (Algaida) nos redescubre a José de Salamanca, un pícaro inclasificable del Madrid convulso del siglo XIX, bajo el prisma único que sólo Puebla sabría darle a un personaje histórico de su talla.

¿Quién pudo osar llevar el peso ad eternun de haber inventado Madrid?

Sólo alguien que siempre se haya soñado a sí mismo como un personaje de ficción: José de Salamanca y Mayol. El Marqués de Salamanca intentó en múltiples ocasiones que su amigo Alejandro Dumas le dedicara una novela. No lo consiguió. Pero como era hombre que jamás se rendía siguió buscando un autor, batallando después de muerto como el Cid, hasta que topó conmigo. Y yo con él: aún hoy sigue viviendo en mi interior.

¿Fue realmente así aquel personaje histórico que sirve para dar rienda suelta a su ficción novelesca o hay mucho de literatura con mayúsculas y sin apellidos al uso como el clásico de “novela histórica”?  

Una novela es siempre literatura, pero hasta donde yo soy capaz de saber el Marqués de Salamanca fue exactamente como lo he dibujado, porque para escribir el libro me convertí en él –mi técnica creativa es similar a la de un actor– y me era fácil bucear en su memoria, y sobre todo en su corazón.

Qué duda cabe que el ambiente decimonónico por excelencia, literariamente hablando, es el del Londres victoriano que poblaron personajes inmortales como Sherlock Holmes, por ejemplo. Pero aquel Madrid tampoco le fue a la zaga. ¿Es el ambiente que pudo vivir nuestro José de Salamanca el idóneo para redescubrir un Madrid totalmente desconocido?

Los historiadores se quejan de lo arduo que es estudiar el XIX español por la incesante variedad de líderes y reyes. Salamanca cumple en España la misma función que la reina Victoria en Inglaterra: da unidad al siglo, pues sobrevuela, e incluso maneja, a todos los gobernantes. Fue un individuo de inteligencia y capacidad de acción parecidas a la del ficticio e inmortal Sherlock Holmes, y tuvo a su propio Moriarty. Moriarty, para José de Salamanca y Mayol, se llamaba Narváez, el general Narváez, que intentó asesinarlo varias veces, y al mismo se admiraban mutuamente. Como Moriarty y Holmes.

¿Se puede realizar alguna traslación en paralelo de José de Salamanca a algún que otro individuo que pueble este Madrid de 2016?

Se puede, pero por supuesto nos falta perspectiva histórica. Mario Conde e incluso Alberto Ruiz Gallardón, que hizo los increíbles túneles de la M-30, tienen puntos en común con el Marqués que sigue dando nombre al barrio más emblemático de Madrid. Pero quizá lo más interesante y cercano a nuestro ahora sea que cuando logró convertirse en el hombre más rico de Europa vivía una época muy similar a la actual, de gran crisis económica. Las crisis son los mejores momentos para hacerse millonario: hay una táctica audaz e infalible, como se explica en la novela.

Javier Puebla-porXauenLa literatura está viendo un nuevo vivero de inspiración en la revisita de otras épocas no del todo alejadas en el tiempo. ¿Qué tenía de atractivo aquel Madrid decimonónico?

Cualquier tiempo pasado fue… ficción. Ese es el juego. El Madrid decimonónico, tras dos siglos estancado por completo, estaba creciendo, fundamentalmente gracias al empuje e imaginación del Marqués de Salamanca, gran seductor, que trataba a la ciudad como lo que realmente era: una muchacha, una chica maravillosa, en flor.

Hasta ahora, apenas la ciudad de Barcelona y pare usted de contar había tenido el honor de ser registrada literariamente como escenario novelesco en la literatura patria, amén de La Mancha quijotesca. Sobre Barcelona, el caso de Eduardo Mendoza es paradigmático. ¿Necesitaba Madrid un autor y una novela que la colocaran en el lugar destacado que la historia le pedía?

Nadie en Madrid, Mad Madrid como nos gusta llamarla a Tigre Manjatan y a mí, es de Madrid. El propio José de Salamanca que inventó o dio pie a este Madrid moderno, había nacido en Málaga. Hasta Galdós, gran cronista de la ciudad, nació en Canarias. En ese sentido Madrid es como Nueva York: quien llegue a ella y la quiera la hace suya. El privilegio de inventar Madrid, su Mad o Bad o Sad Madrid, está al alcance de cualquier lector, independientemente de donde haya nacido: Barcelona, Sevilla o Kuala Lumpur.

Eruditos como Luis Alberto de Cuenca ya catalogan El hombre que inventó Madrid como “la gran novela de Madrid”. ¿Debe todo madrileño que se precie indagar en ella para saber qué ciudad habita y de donde vienen aquellos lodos?

No, leer El hombre que inventó Madrid debería hacerse sólo por placer, jamás por obligación. Al igual que la ciudad la novela es capaz de acoger a cualquier tipo de lector. Desde todas las partes de España, también desde Londres y Lisboa, me están mandando fotos por whatsapp amigos y conocidos con el libro en la mano, o posado en algún sitio especial, diciéndome que lo han disfrutado enormemente y hasta lo han leído del tirón.

Un colega suyo, Antonio Gómez Rufo, ha disparado por elevación y pretende que su última novela sea un amplio fresco con Madrid como protagonista absoluta durante los siglos desde su creación en el siglo XVI hasta los atentados del 11-M. ¿Todas las aportaciones literarias sobre Madrid pueden ayudar a cubrir este vacío existente hasta ahora o se debe ser humilde en el empeño?

Antonio Gómez Rufo es un hombre encantador, Madrid –mi Mad Madrid– es una chica encantadora. A ambos los respeto y los acepto exactamente como son. A Antonio había pensado desafiarlo en un combate de pugilismo literario, preferiblemente en directo y en televisión. Por jugar; el espíritu necesita estar siempre en movimiento y tensión.

¿Ha caído también la literatura presa de las modas cuando la crisis llama a las puertas del mundo editorial o siempre se ha dejado mecer por estos vaivenes?

La literatura siempre está en crisis del mismo modo que los cocodrilos viven en los pantanos, es nuestro hábitat natural, aunque haya algunos que consigan ver convertida su piel en parte del decorado de un salón. Las modas, en literatura, sólo afectan a los artesanos, nunca al escritor salvaje, al escritor creador. A veces se pasa un poco, o un mucho, de hambre, pero en verdad en verdad no existe un mundo ni una profesión mejor.

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2 Comentarios

  1. De estos libros que devoras en tus mil viajes del metro de Madrid… Los gatos autóctonos no podemos estar más orgullosos de nuestros Puebla-Dumas y su Salamanca-Holmes .

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