La llegada de Sánchez a la presidencia iba a suponer una nueva etapa de diálogo entre Gobierno y Cataluña, pero se está convirtiendo muy rápido en un pulso entre ambos. Un presidente del Gobierno que ha advertido a Torra que si continúa por la vía unilateral aplicará el 155 (como le llevan pidiendo algún tiempo Ciudadanos y PP), a lo que Torra replica que su obediencia es “para con el pueblo de Cataluña”.

Una guerra fría de mensajes que piden diálogo, pero siempre con subterfugios. Porque Sánchez no ha dicho de viva voz en ningún momento que fuese a aplicar el 155; sus palabras exactas fueron: “El señor Torra sabe perfectamente cuál es el camino que depararía volver al unilateralismo, la quiebra de la legalidad, el desacato”. Como un padre que regaña a un hijo desobediente.

Unas afirmaciones que han tenido eco en el tono casi amable de Torra al responder con su predisposición a dialogar, a fomentar “la convivencia y la no violencia”, pero siempre recordando que Sánchez que prometió buscar una solución política a un problema político, una afirmación que quedó bien clara en la reunión que ambos mantuvieron en Moncloa el pasado mes de julio y que Torra valoró por encima de todo.

A la voz de Puigdemont y el propio Torra en este sentido se sumó este jueves ERC, que a través de su portavoz en el Congreso, Joan Tardà, también avisó de que “habrá que desobedecer” si el Congreso vuelve a rechazar la celebración pactada de un referéndum.

Una postura que trastoca los planes de Sánchez, que mantenía la esperanza de que ERC no se sumase a la ruptura de Torra. La posición del Ejecutivo socialista sobre una eventual consulta es clara: no está sobre la mesa. Eso sí, el jefe del Ejecutivo ha insistido en que, “dentro de la legalidad”, está dispuesto al diálogo con el Govern de la Generalitat, y ha recordado a Torra que “sabe que no está dirigiéndose a la mayoría de catalanes”.

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