Sólo en la Madrugada

La luna brilla en el horizonte claro de una ciudad en la que nunca anochece del todo. Las farolas sustituyen a un sol mortecino. En la madrugada, a punto de amanecer, un estornino lleva anunciando el nuevo día más de media hora. Aún no hay tráfico que zumbe en el ambiente. Las cotorras, antes desconocidas y ahora en plena ebullición, símbolo de la exacerbada hospitalalidad que no sólo acoge variada fauna humana, todavía no han empezado a martillear con sus chirriantes graznidos.

En el Cuarto B de una casa cualquiera, de un anodino barrio cualquiera de las afueras de Madrid, un lánguido fluorescente ilumina la estancia, mientras Amonio, en pijama de nylon, prende el fuego de gas butano donde acaba reposando una ennegrecida cafetera italiana a la que segundos antes, ha puesto dos cucharadas soperas de café en el vaso que ha rellenado con agua del grifo. Mientras disfruta del café, amargo como su vida, sentado en una silla de formica que, junto con sus otras cinco compañeras y la mesa arrinconada en la pared de la cocina, han visto pasar casi toda su vida, disfruta del incipiente bullicio de la ciudad que comienza a desperezarse.

Amonio no tiene prisa. Sorbe despacio y reposa el café con un cigarrillo, de liar porque no está la economía como para fumarse un Camel que es lo que le apetecería, mientras observa un entorno de farolas que se apagan ante la ingenua luminosidad del alba, de ruidos de puertas de coche que empiezan a cerrarse y que dan paso al ruidoso ataque de tos de torpes motores quejumbrosos aquejados de neumonía viejuna. Él no tiene que ir a trabajar. Por desgracia lleva parado toda una eternidad. A sus cincuenta y nueve años, ha tirado la toalla y ya, ni está apuntado al paro. Tuvo que dejarlo porque sólo le han llamado una vez y no para trabajar sino para que fuera a la otra punta de la ciudad a recibir unos cursos, de obligada asistencia, que le costaban más en transporte que los doscientos cuarenta y dos euros que le daban de prestación. Dos horas de mañana y dos de tarde. Como si estuviera hecho a propósito para que él, un parado con más de ocho años sin empleo, se cabreara con una administración que jamás le llamó para ofrecerle ni un solo puesto de trabajo pero que, se empeñaba en que aprenda inglés como parte de la formación de auto búsqueda de empleo.

Amonio, malvive esperando una jubilación que aún tardará unos años en llegar y que se imagina suficiente para vivir, pero que, con los años sin cotizar, se quedará en limosna. Viven de los setecientos euros que lleva su mujer a casa, trabajando desde las ocho de la mañana a las seis de la tarde limpiando hogares de otras personas con más suerte en la vida y de los otros doscientos euros que saca por trabajar los fines de semana en una cocina desde la una hasta las cinco. En realidad le pagan de una a tres pero todos los sábados y domingos, por no dejar colgado al jefe, aguanta hasta las cuatro o las cinco, dependiendo de la clientela. El Jefe se lo agradece haciéndola ir a trabajar algún que otro festivo. Días de currelo que no entraban en lo apalabrado. Por supuesto, no hay contratos, ni extraordinarias, ni vacaciones. Por no haber no hay ni un simple “gracias”.

Amonio, se encarga de las labores del hogar. Pone lavadoras, pasa la aspiradora, a su ritmo, plancha y cocina para él. Su mujer come todos los días en una de las casas en las que trabaja. Muchos de los mediodías, Amonio, se toma una tortilla francesa de un huevo, un yogurt Hacendado, de esos que valen seis, ochenta céntimos, y un cafecito de la vieja cafetera ennegrecida. Prefiere ahorrar para comprar tabaco de liar. Es el único vicio que le queda. Se aburre mucho. Y como salir de casa es gastar un dinero que no tienen, pasa horas y horas pegado al televisor. Por las mañanas, la Grisso. Por las tardes, el Sálvame. Por las noches, se sienta sólo en la cocina, a degustar el último café del día observando morir la ciudad igual que está muriendo su matrimonio y su vida.

Amonio, con la tele encendida, pela unas patatas que ha cocido previamente, para hacer una ensalada. En la tele, el locutor de turno informa de las últimas revueltas en Venezuela. En la pantalla, imágenes de lo ocurrido y “curiosamente” una foto de Pablo Iglesias en el ángulo superior izquierdo. Amonio se enfada, piensa en la pobre gente que tiene que soportar al gobierno venezolano y le suelta a la tele: “menos mal que el Coletas no gobierna aquí, porque ya sería lo que nos faltaba”.


Crónicas de un pueblo

En el PP deben estar perpetuamente de vacaciones. Es la única explicación que le encuentro a este país caótico, en el que estos individuos de la peor calaña, parecen no enterarse de nada. Es como cuando estás de vacaciones que ni lees el periódico, ni ves los telediarios, ni oyes la radio, porque desconectas.

Me llegaban noticias a través de las redes sociales, para que luego digan que no informan, de que el partido encausado por asociación para delinquir, con el único presidente en activo de España que ha sido llamado a declarar como testigo por hechos de tanta gravedad como son los de corrupción, han montado un vídeo en el que comparan la llegada del hombre a la luna con las estadísticas a la baja en los datos del paro. Que el 40% de los parados de más de 50 años  lleven más de cuatro años buscando empleo con nulo resultado, que el número de jóvenes españoles en el extranjero haya aumentado un 79% en los últimos ocho años, de ellos entre los menores de 30 años más de 340.000, que la tasa de temporalidad sea de un 27% , que para reducir los 340.700 parados se hayan firmado más de dos millones seiscientos mil  contratos, que el paro juvenil sea entorno al 40%, que casi el 30% de la población esté en riesgo de exclusión social, no es importante. Porque lo importante, para estos desgraciados de la corrupción no son las personas, sino los manipulables porcentajes estadísticos y sobre todo, lo que se queda entre los dedos.

Hay un refrán español que dice, mal de muchos, consuelo de tontos. Y debe ser verdad. Escuchaba el otro día a un sesudo magistrado del Tribunal Superior de Andalucía, tras haber tenido que verse obligada a huir Juana Rivas, decir que la madre no es quién para aducirse capacitada para saber qué es lo mejor para sus hijos. Decía este buen señor que el maltrato sufrido por Juana ya había sido sentenciado y daba a entender que con su marido había que hacer borrón y cuenta nueva como si el maltrato a la mujer fuera como robar peras por necesidad. Tú robas dos peras, te pillan, te condenan, pagas y aquí no ha pasado nada. Y para afianzar esta tesis decía que después de haber pagado los maltratos, habían tenido otro hijo. Sin valorar las circunstancias. Sólo le faltó decir que ella se lo había buscado. También decía este buen señor que el Juez es el único que puede establecer si los hijos deben o no estar con el padre. Como si los jueces fueran esos seres supremos que nunca se equivocan. Esos que, por ejemplo, le preguntan a una violada si cerró bien las piernas y que a juicio de sus compañeros está bien preguntado porque debe ser que el no de una mujer es un quizá o un tal vez o hasta es posible que, como en las películas hechas para hombres, al final le hacen un favor violándola porque lo estaba esperando y acaba disfrutando. Debe ser que la violación sólo es delito dependiendo de la intensidad de la negativa de la mujer. El corporativismo en este sector es parte del problema judicial español. Un poder sometido, cuando no cooperador, como veíamos en la declaración como testigo del que ha sido varias veces jefe de campaña del PP y Secretario General, actual presidente del Gobierno, en la que el presidente de la sala dónde era interrogado, interrumpía y negaba la realización de preguntas de la acusación, daba privilegios al declarante que nunca han tenido otros testigos o lo integraba entre los magistrados para evitar el efecto banquillo. Por no hablar de que mentir es delito, salvo al parecer si el que miente es un personaje de los llamados intocables. 

Porque el PP es la leche. Han restaurado el franquismo sin tiros, sin necesidad de trincheras . Son tan campeones que, dos días después de aparecer el intolerable caso #LexNet que como leíamos aquí  salpica al Ministro de Justicia, éste, se atreve a presumir de protección de datos 

España es el País de Tele5, de la Grisso, del Firsdates, del Real Madrid y sobre todo de Venezuela. Allí, en Venezuela, las motos explotan solas  y la oposición es tan pacífica como lo era la falange en la España de los años 30. España es Crónicas de un Pueblo y las Mamachicho.

Porque hay que ver lo que le está haciendo Maduro a Venezuela. Si eso pasara aquí, no sé lo que haríamos.

¡Ojalá, querido lector, estés de vacaciones! Ojos que no ven,…

Salud, república y más escuelas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentahistorias freelance o mejor dicho un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Ahora participo activamente en PODEMOS, más que por convicción, por la necesidad de regeneración. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Subjetiva y probablemente equívoca, pero es mi opinión. Si me equivoco rectifico. Sólo el que rectifica aprende algo. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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