Una de las obsesiones estéticas más frecuentes en hombres y mujeres es la calvicie. Tiene diferentes causas y su proceso se inicia con la caída de más de 100 cabellos diarios. En la mayoría de los casos, se trata de una predisposición genética que hace que los folículos capilares reaccionen de forma más sensible a las hormonas sexuales. Aunque también existen causas externas como el consumo de drogas, infecciones, enfermedades dermatológicas, dieta insuficiente en nutrientes, estrés o problemas nerviosos.

Hasta ahora el remedio más eficaz para tratarla, por no decir el único, era el clásico trasplante de pelo. Sin embargo, hace algunas semanas apareció una solución muy interesante desde el Reino Unido. Investigadores del Centro de Investigación Dermatológica de la Universidad de Manchester aseguraron haber dado con un fármaco –originalmente diseñado para tratar la osteoporosis– capaz de estimular el crecimiento de los folículos capilares humanos.

Como afirmó Nathan Hawkshaw, director de esta investigación publicada en la eminente revista científica PLOS Biology, “el hecho de que este nuevo agente descrito en nuestro trabajo, que nunca había sido considerado en el contexto de la pérdida capilar, promueva el crecimiento del pelo humano es muy interesante por su potencial traslacional. Y es que podría en un futuro marcar una diferencia real para las personas que sufren la pérdida de su cabello. Lógicamente, primero habrá que llevar a cabo un ensayo clínico para ver si este fármaco y otros compuestos similares son efectivos y seguros en los pacientes con alopecia”.

El estudio partió de un objetivo muy ambicioso: hallar un mecanismo capaz de estimular el crecimiento del cabello, con objeto de desarrollar un fármaco eficaz para el tratamiento de la alopecia androgénica. Los investigadores se interesaron por el mecanismo molecular de la ciclosporina A, inmunosupresor usado desde hace treinta años para el tratamiento del rechazo en los trasplantes y de diferentes patologías autoinmunes. Y se centraron en este fármaco por uno de sus efectos secundarios: el que estimula el crecimiento indeseado del cabello.

Observaron además que, al ser tratada con ciclosporina A, en la expresión genética de los folículos del cuero cabelludo, se reducía la proteína SFRP1, que ya era muy conocida por su capacidad para inhibir el crecimiento de numerosos tejidos, entre ellos los de los folículos pilosos.

Y al retraer la expresión de SFRP1, el fármaco WAY-316606 eliminaba un freno molecular muy potente del crecimiento del cabello humano. Como declararon los mismos autores, “nuestro trabajo identifica un mecanismo de acción completamente novedoso de este inmunosupresor y explica por qué este fármaco induce el crecimiento no deseado de pelo en los pacientes. Y es que lo que hace es eliminar un freno molecular muy potente del crecimiento del pelo humano”.

Pero es que, igualmente, esa inhibición de SFRP1 no tenía ninguna relación con la acción inmunosupresora de la ciclosporina A, por lo que los investigadores dedujeron que esta proteína podría formar una nueva diana terapéutica para la prevención de la pérdida del pelo. Así que comenzaron a buscar un fármaco que, como la ciclosporina A, también actuara como un antagonista de SFRP1 y lo hallaron en el WAY-316606.

Este fármaco, diseñado originalmente para el tratamiento de la osteoporosis, lo administraron sobre los folículos pilosos de cuero cabelludo donado por pacientes que se iban a someter a un trasplante. Y los resultados fueron espectaculares. Como ocurría con la ciclosporina A, estimuló de forma muy significativa el crecimiento de esos folículos, produciéndose un crecimiento bastante notable del cabello, pero sin los efectos secundarios del inmunosupresor.

“Gracias a nuestra colaboración con un cirujano de trasplante capilar hemos sido capaces de llevar a cabo nuestros experimentos con folículos pilosos del cuero cabelludo donado generosamente por cerca de 40 pacientes y evaluar los resultados en cultivos orgánicos. Un aspecto que hace que nuestro trabajo resulte clínicamente relevante, pues la mayoría de estudios realizados a tal efecto solo han empleado cultivos celulares”, concluyó Nathan Hawkshaw.

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