Tras los últimos años de recortes en la Sanidad Pública, un pilar esencial del Estado de Bienestar, las nefastas consecuencias ya se dejan sentir, no solo en una deficiente calidad del servicio sanitario, sino también en el coste en vidas humanas. Un médico sobrecargado de trabajo y bajo presión es más propenso a cometer errores en el trabajo. Así, las negligencias médicas pudieron cobrarse la vida de casi 800 personas solo en el año 2013 –uno de los peores de la crisis– según datos de la asociación El Defensor del Paciente, que además denuncia que las listas de espera han crecido “de forma espectacular”.

En los doce meses del citado ejercicio se detectaron 14.307 errores médicos (525 más que el año anterior), 77 fallecimientos debidos a que la ambulancia llegó al domicilio con retraso o no fue enviada, 149 bebés que nacieron con discapacidad por partos inadecuados y 93 personas que quedaron en estado de discapacidad tras una operación quirúrgica. También se han contabilizado más de un centenar de afectados por depilación láser y 31 intervenciones de oftalmología con mal resultado, secuelas o pérdidas de visión. Ese mismo año el Defensor del Paciente informó a través de su memoria anual de que las 798 negligencias médicas con resultado de muerte supusieron 106 fallecimientos más que el ejercicio anterior, algo que achacó a los “brutales recortes” en la Sanidad pública.

La presidenta de la asociación, Carmen Flores, aseguró en aquel momento que la política de austeridad del Gobierno se traduce en “recortes de la salud y la vida” de los pacientes y advirtió de que las cifras de fallecidos por errores médicos “pueden ser mucho mayores porque gran parte de las negligencias ni siquiera llegan a registrarse”.

El sindicato de Enfermería Satse considera que España debería aumentar su gasto en Sanidad entre 32.000 y 48.000 millones de euros hasta 2025 si quiere seguir manteniendo el mismo nivel de calidad asistencial que ofrecía antes de la crisis

De la noche a la mañana, la floreciente sanidad pública española se ha transformado en un servicio casi “tercermundista”, según Carmen Flores, quien denuncia casos sangrantes, como que una única enfermera tenga que atender a diez pacientes a la vez o que un aparato de TAC estropeado tarde semanas en ser arreglado. “Es escandaloso, estamos amontonados como cerdos en las consultas”, lamentó Flores, quien denunció que los recortes de Rajoy salieron “caros a los ciudadanos”.

Pese a ello, la mortalidad tratable en España −es decir, el porcentaje de muertes prematuras que podrían haberse evitado con una atención sanitaria oportuna y eficaz− sigue siendo una de las más bajas de los países de la UE (en el caso de las mujeres es la más reducida entre los 28 socios de la UE: 64,4 por cada mil habitantes frente a 97,5 de media europea). Eso significa, según los expertos de Bruselas, que a pesar de todo algo seguimos haciendo bien, al menos en lo que se refiere a la atención sanitaria urgente y eficaz en el tratamiento de afecciones cardiacas y accidentes cerebrovasculares.

Al problema de la falta de médicos se une el de la escasez de personal de enfermería. Los informes de la Unión Europea señalan que en este capítulo la ratio de España ha caído desde las 528 enfermeras por cada 100.000 habitantes del año 2011, a las 515 del año 2014. O lo que es lo mismo: España cuenta con poco más de 5 enfermeras por cada mil habitantes, lejos de otros países como Dinamarca (16,3) Finlandia (14,1), Alemania (12,7) e Irlanda (12,4). La media de los países europeos es de 8,4, una ratio de la que seguimos estando muy lejos.

Estos datos nos sitúan en los últimos puestos del ranking europeo, solo por delante de naciones como Grecia (3,6) y Bulgaria (4,5). Es un hecho empírico que la escasez de enfermeras también cuesta vidas humanas cada año. No en vano, un reciente estudio publicado por la revista médica The Lancet revela que los pacientes sufren un mayor riesgo de fallecer tras pasar por procesos quirúrgicos si están ingresados en hospitales donde las enfermeras aguantan una mayor carga de trabajo. Y según la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad Pública de Madrid, el incremento de pacientes respecto a la media de enfermeros puede aumentar la mortalidad hasta en un 7%. Esa asociación se basa en recientes estudios realizados por expertos de la Universidad de Filadelfia, como Linda Aiken, nombrada recientemente doctora honoris causa por la Universidad de Vic (Barcelona).

Aiken lleva más de 20 años investigando cómo influye la dotación de las plantillas y la reducción de personal sanitario en el bienestar de los pacientes. El colectivo de enfermería es uno de los que está pagando el pato de los recortes del Gobierno de una forma más severa y dramática y por consiguiente también el usuario. A la elevada tasa de paro y la gran movilidad que soportan los enfermeros se unen los contratos de sustitución demasiado cortos y mal pagados (tras los últimos recortes del PP los salarios se han reducido más del 10% desde 2009). Se calcula que en los años de la crisis cerca de 20.000 puestos de trabajo se han perdido en el sector y cientos de profesionales recién salidos de la carrera han tenido que optar por marcharse a hospitales extranjeros.

El sindicato de Enfermería Satse considera que España debería aumentar su gasto en Sanidad entre 32.000 y 48.000 millones de euros hasta 2025 si quiere seguir manteniendo el mismo nivel de calidad asistencial que ofrecía antes de la crisis. En un primer momento tras el estallido de la recesión, hasta 8.000 jóvenes enfermeros emigraron a Reino Unido, donde fueron acogidos con los brazos abiertos en los hospitales y centros de salud de aquel país.

Sin embargo, tras el Brexit la situación en las Islas Británicas ya no es tan idílica, y hasta una cuarta parte de las enfermeras ha decidido regresar a España en el último año, según datos de Satse. Pedro Soriano, uno de los muchos enfermeros españoles emigrados, asegura en un portal digital que “los que aún no han vuelto es porque no pueden, pero están apuntados a todas las bolsas de trabajo españolas”. Por su parte María, otra enfermera de 36 años, afirma que “el salario en Inglaterra te sale lo comido por lo servido y si vives en Londres pierdes dinero. Los enfermeros cobramos en torno a las 1.300 libras, una cantidad que está muy bien si vivieras en España, pero que para residir allí no es suficiente. Te da para pagar un piso compartido y lejísimos del centro”.

Reino Unido no es el único punto de destino para muchos de nuestros mejores enfermeros, que también prueban suerte con mayor o menor fortuna en Estados Unidos, Francia, Canadá, Australia, Alemania o Suiza, países que precisan profesionales como agua de mayo. Desde Satse se ha instado en repetidas ocasiones al Gobierno a mejorar la situación, pero sus propuestas casi siempre suelen caer en saco roto. “Desde el Sindicato de Enfermería seguimos reclamando al Gobierno central y a las comunidades autónomas una mayor financiación y una estrategia de actuación conjunta que suponga el aumento de las plantillas de enfermería en todos los servicios de salud para igualar, al menos, la media europea en cuanto a profesionales por número de habitantes”, asegura la asociación en un comunicado.

Que España pierde cada vez más enfermeras y consolida su posición a la cola de Europa es un hecho contrastado, otro dato que rompe con el mito de que la Sanidad pública española sigue estando entre las punteras de los países occidentales. Puede ser que nos envidiaran hace diez años –cuando cientos de jubilados europeos venían a España atraídos por la elevada calidad de su asistencia sanitaria y de sus profesionales− pero es evidente que ya no.

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