Hace 15 años el mundo asistió a una de las mayores atrocidades basada en mentiras: la Guerra de Irak. Bush, Blair y Aznar, el llamado Trío de las Azores, defendieron con sobrada prepotencia y arrogancia lo indefendible: “créanme, tengo la completa seguridad de que en Irak hay armas de destrucción masiva”, afirmaba, rotundo y soberbio, el entonces presidente José María Aznar en un canal de televisión.

Las masivas movilizaciones ciudadanas a lo largo y ancho de Europa no consiguieron paralizar aquella barbarie, de la que todavía hoy el mundo no se ha recuperado. El nuevo orden mundial, al que aludían la Administración Bush y los neocon, se abría camino.

Desde Europa, los gobiernos hegemónicos de la Unión, Francia y Alemania se negaban a una intervención militar, pedían más tiempo para la investigación de la ONU y apuntaban a un voto contrario en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ante las pretensiones del gobierno británico de Toni Blair.

Hoy el trío no es de las Azores, pero declara la guerra al inmigrante, las mentiras permanecen para justificar acciones y la respuesta ciudadana no es masiva ante la barbarie. Trump, Salvini y Casado representan un paso más en la consolidación de ese nuevo orden mundial que necesita de forma permanente la identificación de un enemigo a batir. Si hace tres lustros era la amenaza del terrorismo internacional la que justificaba la invasión de Afganistán, primero, y la guerra de Irak, después, hoy es “la amenaza inmigrante”.

Una falsedad que permite justificar cualquier acción, por muy contraria que sea a los Derechos Humanos y los más mínimos principios de solidaridad y respeto a la dignidad humana. Así, levantar muros en la frontera mexicana de Estados Unidos y separar a niños y niñas de sus padres haciéndoles comparecer ante un juez sin defensa alguna, forma parte de la ‘ejemplarizante’ política del presidente Trump. Rechazar un barco cargado de inmigrantes porque son “carne humana”, como ha afirmado el ministro del interior Salvini, ilustra la estrategia de nueva cruzada impulsada por el ejecutivo italiano. O asegurar que haber acogido al “Aquarius” en España supone un efecto llamada para el que “no se dispone de papeles para todos” confirma al joven presidente del Partido Popular, Pablo Casado, como el viejo defensor de las políticas racistas y xenófobas de la derecha franquista.

Ante todo ello, las respuestas ciudadanas en los países europeos parecen escasas o nulas, o al menos no se muestran por los medios de comunicación de forma evidente como sucediera con las protestas frente a la Guerra de Irak. Tampoco nos muestran los importantes avances que en materia económica, social o de recuperación de derechos se dan en la vecina Portugal con un gobierno de progreso, frente a las estrictas medidas para la desigualdad impuestas por Bruselas.

Con todo, y con esa pretendida y calculada estrategia de la desinformación, da la sensación de que la ofensiva neocon ha ganado la hegemonía y que la década de crisis económica y recortes en derechos que arrastramos ha sido el contexto más favorable para ello. Pero siempre hay tiempo y espacio para la esperanza y la recuperación.

La izquierda, a escala nacional, pero también europea, se enfrenta a la superación de su aparente deconstrucción y a la necesaria y obligada recuperación de respuestas solidarias y de regeneración democrática. El reto está servido: toca reaccionar, resetear.

Si Europa y su ciudadanía, con sus principios y valores que permitieron la construcción de un espacio supranacional como la Unión Europea, se sienten amenazadas por el Brexit, por el ascenso de la extrema derecha, o por el secesionismo catalán que interesa más de lo que parece a las grandes potencias para conseguir la desestabilización de la Unión; Europa y su ciudadanía tienen una oportunidad de cambio al alcance de la mano: las próximas elecciones al Parlamento Europeo de 2019.

Y con Europa y con la ciudadanía, la izquierda. Una izquierda sensata, democrática, moderna y del siglo XXI, transformadora y amable, que hunde sus raíces en los Derechos Humanos y en la defensa del estado del bienestar, los derechos laborales, los servicios públicos, el ecologismo y la solidaridad internacional.

Una izquierda que impulse un “New Deal” para Europa y que a día de hoy se identifica con DIEM25, espacio de intervención política trasnacional que ha impulsado Yanis Varoufakis, entre otros, y que cuenta con un proyecto, “Primavera Europea”, que será una realidad en la próxima convocatoria electoral, contando cada día con más seguidores.

En España, DIEM25 y Primavera Europea se sienten identificados con Actúa, el espacio político impulsado por Baltasar Garzón, Cristina Almeida, Federico Mayor Zaragoza, Gaspar Llamazares, Almudena Grandes, Luis García Montero, Teresa Aranguren, Montserrat Muñoz, María Garzón, Carlos Berzosa y una larga lista de políticos, intelectuales, profesionales y personas anónimas que consideran que la política merece todas las oportunidades para hacer de Europa ese espacio de progreso y de convivencia para el que nació y del que deben beneficiarse las generaciones presentes y futuras.

La próxima cita electoral con Europa lo es también con el futuro para evitar que dentro de 15 años volvamos a lamentarnos de que siguen existiendo mandatarios que desde la mentira y el populismo siguen afianzando un modelo de convivencia basado en el desprecio al otro, la indiferencia ante la miseria, o la violencia frente a los nadie.

Está en nuestras manos, en nuestra capacidad de solidaridad, en nuestro compromiso y en nuestro voto, corregir el rumbo de Europa para cambiar el destino de la Humanidad.

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Soy de la generación que creció con Barrio Sésamo (1973) y descubrió Star Wars. Me quedó claro lo de arriba y abajo, cerca y lejos, y que la Fuerza siempre acompaña. Participé en la Huelga General del 88 como estudiante y desde entonces no me bajé del tren del compromiso para la transformación: de la militancia cristiana a la de izquierdas, pasé por movimientos juveniles y pacifistas y me afilié a IU en 1997, donde he asumido diferentes responsabilidades en Ávila, Castilla y León e IU Federal. Actualmente soy miembro de la Ejecutiva Federal de Izquierda Abierta y coportavoz de IzAb Castilla y León. El "No a la Guerra" (2003) y el empuje del 15M (2011) me marcaron. Creo en la constancia del compromiso contra la injusticia y defiendo la apertura y confluencia de las izquierdas para resistir la barbarie.

1 Comentario

  1. Sr. Novoa es usted un infiltrado y un lacayo a las ordenes del Ibex 35 representando a la falsa Izquierda, súbdito del traidor a IU Gaspar Llamazares

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