Por estos días se están realizando en Pyeongchang, Corea del Sur, los Juegos Olímpicos de Invierno, que entre otras particularidades reciben a 22 atletas de Corea del Norte, que aunque no habían clasificados para competir, fueron aceptados por el Comité Olímpico Internacional tras un acuerdo entre los gobiernos ubicados a ambos lados del paralelo 38 de la península de Corea.

El pasado 9 de enero se reunieron en Pyongyang representantes de ambos gobiernos y acordaron, entre otras cosas, restablecer su línea telefónica militar directa, abandonada durante casi dos años, para mejorar la comunicación entre las Fuerzas Armadas de los dos países, que técnicamente siguen en guerra, y, en un nuevo paso de la ‘diplomacia deportiva’ a la que es tan adepto Kim Jong-un, se acordó que Corea del Norte enviara una delegación de alto nivel, una delegación del Comité Olímpico Nacional, atletas, seguidores, artistas, observadores, un equipo de demostración de taekwondo y periodistas a los Juegos Olímpicos a desarrollarse en su homóloga del Sur.

Un mes después de la reunión, finalmente se inauguraron los citados juegos donde las delegaciones coreanas desfilaron juntas por cuarta vez en su historia ya que ya había ocurrido algo similar en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, Atenas 2004 y en Turín 2006, y demás la delegación del norte estuvo encabezada por Kim Yo-Jong, hermana de Kim Jong-un, lo que fue un hecho extraordinario puesto que es la primera vez en que un representante de la la familia Kim visita el sur.

Este hecho podría ser una puesta en escena más, como en los casos anteriores, en las cuales Corea del Norte busca mejorar su reputación en el exterior apelando a un hecho de relevancia internacional, pero los acontecimientos que ocurrieron tras la inauguración de los Juegos parecen demostrar que ésta no es una vez más, que esta vez puede aportar algo nuevo.

Kim Yo-Jong, entregó una carta manuscrita al presidente surcoreano Moon Jae-in en la que su hermano invitaba a su homólogo del sur a participar de una cumbre presidencial para abordar cuestiones de interés para ambos países, lo cual se constituiría en la tercera reunión de este tipo tras el armisticio y en la primera desde que Kim Jong-un está al frente de Norcorea.

Y la distensión se continuó viendo en detalles de protocolo que exhiben que la realidad parece que comienza a cambiar, puesto que en la inauguración de los Juegos, se saludaron amablemente Kim Yo-Jong y Moon Jae-in, algo impensado tan sólo meses atrás, y no sólo eso, sino que en el mismo palco también estaba presente el vicepresidente estadounidense Mike Pence.

La primera participación deportiva del equipo unificado fue el pasado 10 de febrero en hockey sobre hielo, cuando el combinado asiático cayó 8 a 0 en su partido frente a Suiza, pero pese al resultado deportivo, este hecho es el emergente de una nueva realidad que parece querer abrirse camino en la península coreana, el tiempo dirá si es un cambio de realidad o un nuevo intento fallido.

Seguramente los deportistas norcoreanos que participan de los Juegos no obtengan ninguna medalla, pero son el mejor exponente que, con hechos como este, Corea ya ganó.

 

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