Dice Joan Manuel Serrat que ‘Corren buenos tiempos, buenos tiempos para la bandada de los que se amoldan a todo con tal que no les falte de nada.’ y bastante razón tiene, porque con ver alrededor uno ve como quienes dicen tener valores supremos terminan traicionándolos en pos de una conveniencia temporal y personal.

Al otro lado están quienes pese a lo que decía el viejo rockero argentino Tanguito, están convencidos que todo se compra y todo se vende, y que con tener dinero en la billetera alcanza para conseguir lo que se propongan.

Y en medio de todos ellos, la enorme y silenciosa mayoría que actúa de acuerdo a sus valores, poniendo por delante el ser fiel a sus valores, pese a que el ser fiel a los principios duela y haya que tener el umbral de dolor alto.

Hoy en día, cuando se caen ciertos sueños colectivos como castillos de naipes y resulta ser que las cosas no son lo que uno creía que eran, resulta imprescindible volver a recuperar esos valores primigenios que nos hicieron llegar a donde estamos y no deslumbrarnos con soluciones mágicas que no son más que espejitos de colores.

La magia no es más que una ilusión, y las ilusiones son efímeras, no sirven para construir un futuro que valga la pena ser vivido. Para conseguir ese futuro promisorio es necesario trabajar a diario, con avances y retrocesos, con alegrías y con frustraciones, pero con la tranquilidad de saber que se está haciendo lo que se debe hacer.

Y para conseguir esto es necesario hacerlo codo a codo, porque los mejores proyectos, los que valen la pena, siempre son colectivos y a largo plazo. Las luchas que valen la pena dar son las que cuando miramos al costado vemos que no las peleamos solos.

Por eso es fundamental recuperar sueños compartidos, pero de los que movilizan en pos del bien común y no de un bien particular, porque esos sueños son los que nos garantizarán un futuro mejor.

Hoy en día, pese o precisamente debido a que nos digan que para ‘Quien se sale del rebaño, destierro y excomunión’ se hace imprescindible e imperioso salirse del rebaño y buscar nuestro propio camino, sin oportunistas que sin pudor alguno se recuestan donde da el sol y son quienes creen que el dinero es la base de todo.

Porque seguimos prefiriendo una mariposa al Rockefeller Center, porque se puede comprar una flor pero no que la flor florezca, porque se pueden comprar medicamentos pero no salud, porque se pueden comprar cosas para hacer pero no el tiempo para hacerlas, porque pese a todo y pese a todos, y fundamentalmente en tiempos de confusión como los que vivimos, tenemos que tener en claro que, como dice Oskar Lafontaine, ‘El corazón no cotiza en bolsa, pero tiene un lugar… y late a la izquierda’.

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