-¡Eh Fran, que vas como los chavales mirando el móvil y ni te enteras!

– Joer, es que estaba viendo este vídeo de la policía cargando contra los trabajadores de Amazon, y estoy tan cabreado que ni veo.

– La verdad es que se han pasado un huevo. En este país, ni huelga se puede hacer ya.

– Ya sabes, desde que los cabrones peperos le metieron mano a la ley mordaza, pueden hacer lo que quieran. “Nasios pa matá” que decía el sargento Arensivia.

-En fin, que ya sabemos todos lo que pasa cuando gobiernan los fachas. Por cierto, que ¿ese móvil es nuevo, no?

-Sí.

-¡Joder, pero si te has comprado un Iphone X plus! ¡Te habrá costado una pasta!

– Vale casi 1.200 pavos, pero anteayer con el “Prime Day” de Amazon, me ha costado 980.

-¿Se te había roto el otro?

-No. Pero es que lo vi y no podía desaprovechar la oportunidad. Me he ahorrado 250 pavos.

-Ya has encontrado curre, por lo que veo.

-¡Qué va! Si con mi edad ya no nos quiere nadie. Fíjate con 45 y ya no servimos para nada. El móvil me lo he comprado con la tarjeta de mi vieja. Luego, ya se lo meto poco a poco y ni se entera.

– A tu madre la vi anteayer. Me dijo que habéis cambiado todas las sillas de casa. No sé que me contó de China.

– Joer macho. Tú fíjate que estaba hablando con Apolonio, el del tercero H, el otro día en el chino. Como él ha sido carpintero… Le pregunto si conocía alguien que me hiciera una silla, que había visto en un restaurante, a mejor precio que el carpintero del barrio. Y llega el chino, se mete en la conversación y me dice que le de unas cuantas fotos de la silla y que él me las trae en un mes de China a 20 euros la silla. ¡Una silla que el Lupas me cobraba 150 € y que en Muebles el Sol vale doscientos pavos! ¡Y me las ha traído! 10 sillas, doscientos euros. ¡Y son idénticas!

-Es que los chinos se comen el mundo. Son capaces de copiarlo todo. Y fíjate, curran de sol a sol. No tienen sábados, ni domingos,… Esos sí que están explotaos. ¡Y ni mu, oye!

-Y tú, qué ¿no te vas de vacaciones?

-Nos han jodido esos cabrones de Ryan Air, con sus mierdas. Teníamos que estar en Mallorca y van y convocan una huelga. ¡Y siempre en verano para joder a la gente!

-Son unos privilegiados y encima esto. ¡Que se pasan de horas, dicen! ¡Joder! y los camareros que les contratan por cuatro horas y hacen diez.

-¡Que se lo digan a mi cuñada que trabaja en el Carrefour, sábados, domingos y festivos!

– ¡O a los pobres de la Rata-Cola, que llevan luchando cinco años por mantener el puesto de trabajo! Esos sí que le han echado cojones a la cosa. Pero en este puto país de fachas, ni aun ganado las sentencias te respetan. Esos no hacen daño a nadie con sus presiones. Pero estos de los aeropuertos,… Entre pilotos, controladores y azafatas, todos señoritos, siempre jodiendo al trabajador.

– Si. Y el gobierno. Que dicen que van a decretar servicios mínimos. Ahora que ya hemos perdido el viaje un montón de personas porque la compañía ha anulado los vuelos. No sé ni cómo les votamos. Porque siempre están del lado de los ricos.

– Al menos hemos echado a los corruptos del gobierno. Claro que los populistas esos dicen que ha sido cosa de ellos. Cómo si su 15-M hubiera valido para algo.

– ¿Tienes tiempo? Nos tomamos una birra. Aunque tiene que ser en el bar que este domingo no he podido ir al Carrefour que estuvimos en el Bauhaus viendo muebles de jardín.

-¡Pero, si tú no tienes jardín!

– Ya. Pero pasamos el rato.

-Entonces qué, ¿una birra en el bar del facha?

-Venga.

….

-Paco, ¿me pones dos cervecitas frías?

-Para mí una Rata-Cola, mejor. Que la cerveza viene de Alemania, y a esos cabrones que han soltado al Puchidemont ese, ni agua.

 


Consumismo

 

Es en las noches de diciembre, cuando el termómetro está a cero, cuando más pensamos en el sol

– Los miserables. Víctor Hugo –

Caín sigue siendo la izquierda y Abel la derecha. Son los agricultores contra los pastores. Abel es el agricultor que cuida muchos sus frutos y la Biblia dice que para ofrecérselos al Señor; y Caín es el trashumante que cruza el mundo. Claro, siempre hay más revolución, más inquietud, más novedad, más progreso, en el hombre errante y aventurero que en el primer burgués que es Abel.

– Paco Umbral –

Llevamos mucho tiempo preguntándonos dónde está la izquierda. Y la verdad es que la izquierda militante, casi, ni existe. El capitalismo nos ha metido en vena uno de sus peores males: el consumismo. Un mal inherente al ser humano difícil de erradicar. Todo el mundo quiere poseer cosas, cuantas más mejor. Y lo peor de todo es que simplemente es para poder presumir ante los demás porque el capitalismo nos ha inculcado que el triunfo en esta vida es directamente proporcional a los bienes que posees. Y da igual si te has comprado una casa que te cuesta todos los meses 1.500 euros de hipoteca, con lo que tienes que trabajar de sol a sol para poder pagarla, y por tanto, sólo puedes estar en ella para dormir y ducharte y no la disfrutas. Porque ante tu público, ante tus colegas y familiares eres el puto amo justamente por figurar como dueño de un lugar con el que ellos sueñan.

Ser de izquierdas se ha convertido en muchos casos en puro postureo. Gentes que maldicen el fascismo con la boca pequeña y que se indignan con la corrupción del PP. Gentes que, cuando ven a un pobre niño, muerto en la playa, piensan “que horror” pero que, sin embargo creen en las soflamas fascistas de que los migrantes nos quitan el trabajo y sólo vienen a robar. Gentes que se indignan cuando escuchan en la prensa que Boko Haram ha secuestrado 100 niñas pero a los que les importa una mierda las más de 2.000 secuestradas con anterioridad y que fueron vendidas como esclavas. Gentes que siguen con preocupación el rescate de once niños aislados por las lluvias en una cueva de Tailandia, pero que ni se preocupan de los cientos de niños muertos en las aguas del Mediterráneo. Porque esos, como las miles de mujeres explotadas sexualmente, secuestradas y vejadas, no salen en la tele y lo que no sale en la televisión, no existe.

Somos consumistas hasta de la preocupación por los demás. Como este sistema del hijoputismo, no puede inculcarnos como mantra que todo es perfecto, porque sería poco creíble, a través de los medios de incomunicación, adoctrinamiento y soflamas, nos sueltan estas pequeñas perlas de la injusticia en el mundo. Por supuesto, nadie es culpable de las mismas. No somos culpables de haber destruido Libia, de haber montado una guerra en Siria para el bienestar de Israel y sobre todo de los traficantes de armas. No somos culpables de comprarle a los Boko Haram de turno las mujeres con las que montamos negocios de prostitución en el mundo libre. Ni por supuesto de esquilmar los recursos de los países del mal llamado tercer mundo con los que hacer negocios multimillonarios en occidente. Nosotros no somos culpables de nada, todo nos viene grande, pero contribuimos diariamente a que pase. Algunos, incluso han comprado el mantra de que, en esos países si no fuera por las multinacionales, los pobres aún vivirían peor. Como si hubiera algo peor que trabajar de sol a sol por un euro al día, vivir hacinados, no tener ni para comer, ser vejada y violada constantemente si eres mujer y morir a los 35 años, por un cáncer surgido de haber aspirado tintes para la ropa o morir en una patera en aguas del Mediterráneo después de haber sufrido durante dos o tres años un duro peregrinaje, después de haberse endeudado de por vida con las mafias o después de haber escapado de los traficantes de personas.

Todo es consumo en este hijoputismo despiadado. Desde el sexo hasta la comida. Y este es un mal epidémico que causa estragos. Según un supuesto estudio realizado (de parte), por una empresa de móviles, los españoles preferimos quedarnos sin sexo a quedarnos sin móvil. Quizá sea por el consumo excesivo de sexo a través de la red o quizá porque, como decía una joven en una cadena de televisión (esa que se inventa los reportajes sobre los piropos machistas, porque no se creen que haya cromañones que siguen volviéndose a mirar con lascivia a las mujeres), el móvil se asocia con la comunicación. Y es que, muchos se atreven a decir por whatsapps o por Twitter o Instagram lo que no se atreverían a contar en persona.

Las redes sociales no dejan de ser también consumismo. Un consumismo que crea adicción y que confunde, por ejemplo, el activismo político con retuitear un determinado pensamiento sobre el capitalismo o poner a caldo por el mismo medio a Albert Rivera o Pablo Casado. Lo de salir a manifestarse, pelear en tu empresa por los derechos laborales o actuar consecuentemente a lo que dicta tu supuesto activismo, eso no porque para ello hay que hacer mucho esfuerzo y sobre todo deberíamos dejar de consumir compulsivamente y a eso, no estamos para nada dispuestos.

No estoy diciendo que para ser de izquierdas haya que ser un asceta. No es lo mismo criticar el consumismo sin control, el gusto por las marcas y por lo caro sin necesidad, la indignación de los 10 segundos que dura la noticia en la tele de los migrantes muertos, que reprochar que uno, que puede permitírselo económicamente, se compre una casa de 200.000 euros o que lleve un móvil de 1.500 €. Lo que critico es el postureo y la falta de activismo y compromiso. La compra compulsiva de bienes que no son necesarios. El endeudarse o dejar de comer para cambiar de móvil porque ha salido uno más moderno cuando el tuyo tiene tres meses y funciona correctamente. Hipotecarse hasta las cejas para llevar a tus hijos a Disney Word, porque todo el mundo lo hace. Montar un fiestorro, como para una boda, porque tu hijo hace la primera comunión y tienes que pedir un préstamo a cuatro años al banco. Cambiar de coche porque tu vecino se ha comprado otro y tu no vas a ser menos. Indignarse por la muerte de un niño en las playas de Turquía y poner a caldo a quién ha sido capaz de expulsar el islamismo radical en Siria mientras los llamados demócratas bombardeaban a Al Assad y contribuían a la propagación de ISIS. Ese tipo de cosas, son las que han alejado a la izquierda de la realidad. Ese tipo de cosas hace que jamás un partido que propone acabar con toda esa política de consumismo sin sentido pueda ganar unas elecciones.

Porque hemos asumido como propios los mantras del hijoputismo liberal. Pensamos que las huelgas son un incordio si nos trastocan nuestras costumbres diarias. Creemos que ir en bus, en metro o en avión es un derecho básico y universal, mientras que el pan, la vivienda y el trabajo que si son imprescindibles para vivir, los dejamos apartados a un lado. Compramos soflamas de los medios de manipulación como esta que publicaba el panfleto digital de Pedro Jota. “Los trabajadores de Amazon planean una huelga en Europa el día del ‘Prime Day’” o como este del periódico global “Huelga en la planta de Amazon en Madrid en un día clave de ventas”. O este de La Vanguardia: “El infernal calendario de huelgas que amenaza los viajes estas vacaciones”. Todos titulares con un mensaje subliminal destinado a culpabilizar a los trabajadores en lugar de hacerlo con quiénes explotan e incumplen normativas laborales. Y nosotros, los tontos útiles compramos el mantra del consumismo, de los derechos inexistentes que hace que las huelgas tengan escasa incidencia en la cuenta de resultados de los explotadores y que consiguen por simpatía, rebajar nuestros derechos laborales y los del resto de nuestra clase.

El camino se demuestra andando, no echándole la culpa a los partidos de haberse alejado de las personas, cuando son las personas las que se han alejado de la izquierda, de la justicia social, de la empatía por el vecino y del activismo comprometido. Y la única forma de cambiar este hijoputismo desilustrado, ruin y contrario a los derechos humanos, es cambiando nuestros hábitos, dejando de consumir compulsivamente y dejando la teoría para pasar a la acción. Los bienes de consumo no son un derecho. La vida, comer, tener vivienda digna y trabajo en condiciones, sí. Mientras no seamos conscientes de ello, mientras no veamos que apoyarnos entre nosotros es bueno para todos y malo para los explotadores, seguiremos con este activismo de postureo que sólo sirve para evadirnos y para que los poderosos se descojonen mientras observan como quiénes debieran luchar contra ellos, luchan contra sus semejantes.

Todos no podemos ser ricos, pero todos podríamos ser menos pobres.

Nosotros no podemos parar las guerras, pero podemos contribuir a que no se declaren.

Salud, república y más escuelas.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anteriorPesadilla
Artículo siguienteÚltimos recursos
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

4 × tres =