Confrontación política en la policía: arma de desunión masiva

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Una de las herramientas de control y dominio que desde las cúpulas de poder manejan de manera más efectiva es la de confrontar políticamente a los miembros de un mismo colectivo o a la sociedad en general.

A través de la polarización política trasladan el intenso debate que les convenga, a sabiendas de que despierta pasiones irracionales, adhesiones incuestionables y que a su vez mantiene desenfocados a sus participantes de los verdaderos problemas que les acucian y que deberían ocupar su máxima preocupación e interés.

Es una estrategia generalizada que vale para cualquier ámbito social y que en nuestro país se ha consolidado llegando a materializarse en el popular término de “Las dos Españas”.

El etiquetamiento político o ideológico puede en determinados casos desembocar en casos de acoso, marginación y en frustración profesional

Un sector que padece, por desgracia y de manera relevante, este uso interesado de enfrentamiento, es el colectivo policial. Hay una predisposición a posicionar a cada uno de sus integrantes en una determinada opción política e ideológica, buscando el descrédito del señalado. Las palabras facha, rojo o podemita se utilizan con el mismo desparpajo y sorna, que tristemente carga de profundidad y veneno llevan insertadas. El etiquetamiento político o ideológico puede en determinados casos desembocar en casos de acoso, marginación y en frustración profesional.

Pero algo está cambiando al respecto y al hilo de los últimos acontecimientos que estamos viviendo en la Policía, primero con la fundación hace algo más de un año del sindicato policial vanguardista y del cambio, Agrupación Reformista de Policías (ARP). Y después con la reciente aparición de la exitosa asociación nacida en Palencia denominada JUSAPOL (Justicia Salarial Policial).

¿Y por qué estos dos agentes sociales de auténtico cambio han removido el mundo policial actual y están realizando una misión regeneradora imprescindible?

En ARP entre los principios que conforman su ideario se encuentra el de la rabiosa independencia de los partidos políticos, pero a su vez potenciando los contactos con las fuerzas políticas gobernantes o en la oposición “sean de la ideología que sean”, para la consecución de logros para el colectivo, búsqueda de acuerdos, reformas legislativas, etc., pero siempre desde el máximo respeto al marco estatutario que le obliga.

Desde una perspectiva avanzada se recoge en la declaración de principios de ARP “el respeto a todas las ideologías políticas y a todos los partidos legalmente constituidos como elemento esencial de la profesionalidad de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y miembros con la denominación de agentes de la Autoridad, que en el ejercicio de su cargo no deben tener ideología”, debiendo atender con la misma diligencia y trato a cualquier persona independientemente de su adscripción política.

Por otro lado JUSAPOL como histórico y catalizador agente aglutinador de policías y guardia civiles (en lo que considero el verdadero germen de la futura unificación de ambos cuerpos hermanos, que ante la incapacidad de gobiernos y sindicatos se han unido de facto ajenos a ningún tipo de control y desde sus bases para la reivindicación de sus derechos) ha desarrollado una honesta política de convergencia, de acercamiento a cualquier fuerza política, sea cuál sea su ideario, y todo en pos de la materialización de la equiparación salarial deseada.

Y mantener estas posiciones progresistas en un marco excesivamente conservador, y contaminado con el axioma interesadamente difundido y aceptado en el colectivo policial de que cualquier intento de reforma y cambio procede de determinadas posiciones políticas supuestamente radicales es realmente complicado.

Ante la independencia demostrada públicamente por JUSAPOL como por ARP en el trato con los miembros de la clase política, no haciendo distinciones de ni vetando determinados partidos con importante representación en el Congreso de los Diputados como podría ser PODEMOS (al contrario y como sí se ha hecho últimamente de manera notoria por parte de la Unión Federal de Policías, UFP, o de manera implícita por parte del resto de organizaciones sindicales tradicionales policiales como podría ser el otrora progresista y ahora corporativista Sindicato Unificado de Policías, SUP) y acudiendo a reuniones con el objetivo de conseguir adhesiones para sus reivindicaciones, se abrió la veda desde actores cercanos a los sindicatos de siempre para etiquetarnos entre otras cosas de podemitas.

La falta de capacidad de análisis o posición gregaria sin criterio en unos casos, los intereses ocultos y miedo a la pérdida de privilegios en otros, y en suma lo que suponen los iniciales estertores de los de antes a causadel proceso de regeneración del modelo policial y de representación sindical, relacionan e identifican la independiente y necesaria actividad convergente y conciliadora de los nuevos agentes de cambio, JUSAPOL y ARP, con su adscripción a determinado partido. Confunden y atribuyen al ideario de todo el colectivo integrante de las dos únicas organizaciones vanguardistas actuales, el personal y constitucionalmente reconocido derecho individual de algunos de sus miembros a tener la ideología que quieran.

No asimilan los “sindisaurios” y sectores casposamente caducos del colectivo, que el proceso imparable de apertura de ojos y altura de miras de cada vez más policías, no entiende de ideologías o partidos concretos. Que ya identifica, sin hacer caso a las interferencias, cuáles son sus verdaderos problemas y no se deja engañar por el “arma de desunión masiva” de la confrontación política.

Que en la lucha por alcanzar logros profesionales sabe que no influye ni debe afectar si eres de Vox, Ciudadanos, PSOE, Izquierda Unida, Compromís o cualquiera de las opciones existentes. Que lo que realmente importa es tener un objetivo justo, estar solidaria y realmente unidos/as con tus compañeros/as, perseverar, estar en consonancia con la Ciudadanía de la que formas parte y a la cual te entregas a través de auténtico compromiso ético, el marco jurídico existente y ajenos a los usos partidistas de nuestra función.

Por eso hay que perder el miedo y crear el marco adecuado para poder expresar libremente nuestras ideas, nuestra disconformidad con los atropellos e injusticias laborales a las que nos vemos sometidos/as y en definitiva, cada cual en la medida de sus posibilidades, contribuir a construir verdaderamente la Policía del Futuro.

En la Agrupación Reformista de Policías tiene cabida, desde el máximo respeto, cualquier policía, sea cual su raza, sexo, religión, opinión, ideología política, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, que se encuentre siempre dentro del marco legal vigente y de la defensa a ultranza de los Derechos Humanos. Además de que se promoverá y defenderá la expresión libre de pensamientos, ideas y opiniones. De esta forma se evita que, policías valientes, socialmente comprometidos y avanzadamente integrados en la era de la tecnología y redes sociales, como son nuestros queridos Alejandro León (Jandro) y Txema, sean atacados por quienes precisamente deberían defenderles.

En este proceso de cambio en la Policía, en el que JUSAPOL actuó como imprescindible catalizador, y en el que ARP surge como la única, seria y auténtica alternativa sindical policial de garantías y futuro, no caben falsos etiquetamientos políticos interesados ni burdas sucias campañas de desprestigio y contaminación, lo único importante es que sea cuál sea la privada ideología de los/as policías, no se utilice la misma para enfrentarnos. Muchos ya sabemos de dónde viene el problema, quiénes lo han perpetuado y cuál es la solución. Por eso hay que salirse de la fila, abandonar la inercia inmovilista y buscar las auténticas alternativas que nos procuren un presente de garantías para tener un horizonte esperanzador de logros para el colectivo policial. Y hoy por hoy, sólo JUSAPOL y Agrupación Reformista de Policías (ARP), cada uno desde su independencia y diferente idiosincrasia y funciones, son las únicas opciones fiables y viables de presente y de futuro.

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1 Comentario

  1. Etiquetar y descatalogar ejercicios necesarios para fijar las referencias en el escenario de la representación colectiva profesional. Las etiquetas identifican el producto y facilitan las militancias informadas. El modelo profesional tiene siempre una definición política en tanto y cuanto sustantivamente son los políticos los que tienen que hacer suyas las propuestas dotándolas de normas y medios para hacerlas efectivas. Equiparación salarial, unificación o demilitarización son propuestas progresistas, de avance y conectividad social concreta en ambos colectivos, pero con aceptabilidad diferente; y esto es así porque si en la reivindicación salarial se muestran desajustes en la unidad de acción, como no será la brecha del disenso cuando se hable de esa unificación y desmilitarización. Los proyectos tendrán que sobreponerse con sus fortalezas e identidades propias, es decir, desde sus respectivas etiquetas. El discurso excluyente en lo importante genera pérdida de efectividad y eficiencia en las reivindicaciones. Los proyectos emergentes sin definición, o parapetados en pluralismos abstractos que persiguen la sumas rápidas de cantidades, frente aquellos otros que desde la concreción buscan la calidad de las identificaciones por convencimiento, pudiera ser en este momento de frágiles credibilidades y emergencias sin contrastar el importante debate actual. La definición del proyecto como progresista, liberal, conservador (todo es política) no es desunión, en mi opinión es un ejercicio de transparencia hacia todos diciendo quienes se es, que se piensa y que se pretende; pero como es obvio esto no gusta a todos y reduce las militancias en cantidades pero las consolida en las calidades. ¿Miedo a las etiquetas? siempre que sean veraces, ninguno, ¿O no?. Un abrazo Luismi.

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