Los 629 migrantes rechazados por el Gobierno italiano ya están en Valencia tras una larga y dura travesía de siete días. A las 6.45 entraba en la bocana del puerto el Dattilo, el primero de los tres barcos que formaban la flotilla de refugiados. A bordo iban 274 personas, entre ellos 32 mujeres y 60 menores. Cuatro horas después llegaba el Aquarius, en cuya cubierta viajaban 106 pasajeros, “los más vulnerables” que ya están en manos de los médicos, quienes los examinan a esta hora para verificar su estado de salud. El último en echar amarras ha sido el Orione, con 249 personas en su interior. Todos ellos gozarán de un permiso especial de 45 días por razones humanitarias, según informó en rueda de prensa Bernardo Alonso, inspector jefe de la Comisaría de Extranjería y Fronteras. El responsable del Cuerpo Nacional de Policía aseguró que 200 policías trabajan en el dispositivo de identificación. Algunos de los inmigrantes, de contar con antecedentes penales, podrían terminar en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE).

Al menos 164 personas han sido atendidas ya por los servicios sanitarios y trasladadas a diferentes hospitales públicos de Valencia en grupos de veinte en veinte. Según las primeras estimaciones, 134 niños iban en la flotilla, de los cuales 123 viajaban solos, sin ningún familiar a su cargo. Se cree que muchos padres deciden enviar a su hijos desde África a Europa, a la desesperada, con la esperanza de que alguien los acoja, ya que ellos no pueden mantenerlos. Algún que otro dirigente político europeo tendrá que explicar en un futuro quizá no muy lejano por qué se dejó a estos menores abandonados a su suerte en medio del mar.

Entre los pasajeros del Aquarius, Dattilo y Orione hay personas con fracturas de pie, quemaduras por el contacto con el fuel en el agua, escoriaciones, insuficiencias respiratorias, ansiedad y ataques de pánico. Algunos heridos y mujeres embarazadas ya se encuentran en hospitrales locales, donde están siendo atendidos, según fuentes hospitalarias. En principio ninguno de los migrantes está aquejado de enfermedades infectocontagiosas, como denuncian algunos grupos xenófobos para propalar el recelo al extranjero en la sociedad. Han sido examinados por médicos de Sanidad Exterior y de la Generalitat Valenciana y se ha confirmado que solo padecen afecciones de carácter leve. Después se les ha dado un kit de supervivencia y la tarjeta sanitaria.

Emocionados, los refugiados bajaron a tierra entre cánticos y palabras de agradecimiento para los voluntarios de Cruz Roja y el personal sanitario que se ha hecho cargo de ellos durante esta semana infernal. Nunca podrán olvidar ese día en que una ciudad llamada Valencia situada en algún punto de España que desconocían hasta hoy los acogió altruistamente para que no murieran en el mar. Fátima Caballero, cooperante de la Unidad de Emergencias de Cruz Roja de España, asegura que en general todos los refugiados vienen “en buen estado de salud”, ya que no se han detectado “patologías diferentes” a las que ya avanzaron los médicos de MSF que viajaron con ellos en los barcos.

Por su parte, el padre Ángel aseguró que es “un día para sentirse felices y orgullosos y que no atender a estas personas hubiera sido una falta de humanidad”.

Ahora los recién llegados tendrán que descansar y pasar por un periodo de adaptación para superar el estado de desorientación y miedo al encontrarse en un país lejano y extraño. Muchos han huido de la guerra, la violencia de las bandas y la trata de blancas. Si pudieron con todo eso podrán con cualquier cosa.

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