“Confío más en la perplejidad que en el miedo”

El escritor Juan José Millás oculta al protagonista de ‘Desde la sombra’ en un armario para palpar la realidad mejor como si de un dios menor se tratara

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La nueva novela de Juanjo Millás mete a su desencantado protagonista, Damián, que podría ser usted mism@ o yo, por poner dos ejemplos cercanos, en un armario. Y lo hace huyendo de una realidad que le es mucho más lacerante que la que observa desde su claustrofóbica nueva residencia. Desde la sombra (Seix Barral) es una pirueta literaria cargada de ingenio, a veces corrosiva con la indignante realidad que nos apabulla y sobre todo un juego del que no todos salimos indemnes pero sí con una inquietante sonrisa en la boca. Por algo responde el autor de La soledad era esto que no está documentada la frase de que todo aquel que sale de un armario nunca más vuelve a él.


 

Sombras, fantasmas, amor… ¿El triángulo de las Bermudas de su literatura?

No en el sentido de que formen una zona geográfica peligrosa para la navegación, o para la lectura. Pero conforman desde luego un territorio en el que confluye una buena parte de mis obsesiones.

¿Si nos miráramos a nosotros mismos también nos asustaríamos de lo que vemos?

O nos admiraríamos, despende del punto de vista desde el que lo hiciéramos y de quién se mirara. De todos modo, confío más en la admiración, en la perplejidad quizá, que en el miedo.

¿Es imprescindible ser sincero consigo mismo y con las posibilidades de cada uno?

No es imprescindible, pero es aconsejable. Ser sincero con uno mismo viene a ser una variante del aforismo griego “conócete a ti mismo”.

¿La credibilidad literaria reside en hacer creer que podemos volar con la lectura?

Reside en hacer creíble aquello que se lee, sea volar o arrastrarse.

La realidad sociopolítica actual “es para alucinar”. ¿Hay ficción literaria que pueda hacernos alucinar aún más con una realidad tan apabullante?

La realidad siempre ha sido apabullante, lo que pasa es que solemos fijarnos en la foto fija del momento. La historia de la humanidad es la de una pesadilla.

¿Mantenerse fiel a un estilo y unas temáticas literarias durante toda una carrera artística es síntoma de inquebrantable honradez o de déficit de musas?

No sé de qué es síntoma, me gusta pensar que es una forma de coherencia cuyo objetivo es llegar al fondo de que aquello nos obsesiona.

Todos tenemos un armario del que salir, pero también todos tenemos al mismo tiempo algo de voyeur. ¿Dónde está el término medio que equilibra ambas necesidades?

Lo ignoro. El escritor es un voyeur patológico. Un mirón normal, si hay mirones normales, puede hacer otras cosas, pero escribir no.

¿Por qué todo aquel que ha salido de un armario nunca más vuelve a él?

No creo que esa afirmación esté documentada.

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