Toda mi vida supe que sería famoso, no haberlo sido hasta hoy por circunstancias tan opuestas a mis fantasías, ha favorecido mi anónimo derroche de lujos. Viví tal cual viven los famosos, cuya notoriedad esquivé, pero cuyo estilo de vida compartí.

Siempre permanecí en segunda, tercera o cuarta fila. Guarecido, seguro y más voraz que todos aquellos que copaban el poder y el foco público, para hallar, en las ventajas de su posición, las decenas de triquiñuelas que con su complicidad, nos garantizaran un beneficio incesante e impune.

En mi exitosa trayectoria he conocido a grandes mujeres y hombres, cuyos nombres se asocian con decoro y pompa, como presidentes, ministros, artistas y banqueros. Reconozco que al principio se me aceleraba el pulso y hasta me temblaban las piernas. Pero el adorno de su fama sólo impresiona las primeras veces, cuando uno está verde. Después sólo es su capacidad de poder, lo que se antoja.

Cuando conocí al primero presupuse, como cualquier ciudadano medio, que la altura de su posición se equipararía con su inmaculada valía y rectitud, por ello tanto llamaron mi atención y me confundieron, sus debilidades. Yo no era más que su chófer, y la mía irónicamente tras ser sorprendida, en lugar del despido me abrió la puerta de la suya, que resultó ser compartida y no la única. A partir de entonces yo fui su “dealer” y cuando su onza me fue intervenida por la policía y me hizo perder el trabajo y probar la cárcel, la rabia por sus palabras de indignación y desprecio a la prensa porque alguien que trabajaba para él fuera un drogadicto, me hizo, durante aquellos 16 meses privado de libertad, recapacitar y comprender.

Claro que su comprensión llegó un pelín tarde, aunque al menos visto con perspectiva me evitó optar a un primer plano, porque hasta ese entonces yo más que nada soñaba con la fama y con mis antecedentes eso ya no sería posible en política, a pesar de mi casi terminada carrera de abogado y mis planes. Pero los frutos que la vida me ha dado, me han hecho apreciar la planificada voluntad de mi destino. Al menos no podrán acusarlo de dejar de cobrarme entonces su precio, y como ya saben, en éste para mí maldito ahora.

Al recobrar la libertad vislumbré, que adecuadamente tratadas, aquellas debilidades serían mi ascenso y mi seguro, porque en ellas hallaría las claves que me darían acceso, no sólo a ellos, sino a crear la atadura que aseguraría los numerosos negocios que, por su mediación, mi mente planeaba.

La droga que había sido mi puerta de salida, una vez eliminada de mis necesidades, también supuso la de mi nueva entrada. Fue fácil, más de lo que me había imaginado, bastó con sondear antiguas puertas y ofrecer con discreción, calidad y buenos precios. Los secundarios no tardaron en hacerme alcanzar la confianza de un subsecretario de Estado, después, unas grabaciones comprometidas sirvieron para hacerme ganar un “concurso” y mi primer gran contrato.

La droga es un hilo conductor, pero el único importante y semejante a prácticamente todos es el dinero. El peso de sus diferentes egos, vicios y “extrañas aficiones” puede que directamente no apunte a él, pero sin duda es el único medio que conocen, anhelan y persiguen para satisfacer sus debilidades. Así que para ir escalando no me conformé con un puñado de contratos, unas cuantas sociedades y una vida resuelta. Igual que ellos, cuanto de más alta posición eran mis relaciones, más lujos y espejos encontraba en mi ascenso, en los que quería mirarme e igualar. Mi ventaja era que yo no tenía que responder a una ideología, estructura política o al control mediático. Mis servicios se diversificaban y atendían a un interés común, unas veces hacía de enlace entre aquel empresario que tiene dinero y un cargo que puede adjudicar una obra. Otras, conseguía testaferros en paraísos fiscales para ocultar el dinero de ambos, incluso podía facilitarles la discreción y privacidad de una fiesta tumultuosa, sin escatimar en seguridad, droga y sexo variado. Y a cada paso del camino iba acumulando grabaciones comprometidas, que podían dormir durante meses o años, pero que llegado el momento terminaban por reglar relaciones y compromisos, cuando los poderosos pensaban que yo ya no era necesario.

El número y nombre de los implicados fue creciendo a lo largo de los años, así como su pedigrí y caché. No creo que en mi lista falte ningún segmento importante de la vida social: jueces, políticos de todo signo, directores de periódico, futbolistas, nobles, empresarios, militares, actores, cantantes, millonarios, presentadores de televisión… Por ello me resulta tan difícil creer en lo que me está pasando.

Cuando mi cara salió en televisión y en la prensa internacional, yo estaba en el otro lado del mundo, y allí seguiré, seguramente ilocalizable. Porque no se atreverán a encontrarme y a dejar que exponga todo lo que sé, no simplemente por mi boca, sino por el material sensible que saldría a la luz pública, no sólo de gente importante de mi país, sino de dirigentes y grandes famosos de todo el planeta. Esa sigue siendo mi seguridad y mi arma secreta, preparada para que copias de todo el material lleguen a muchos medios y personas en caso de mi muerte o apresamiento.

No me escandaliza lo que ha salido en la prensa y televisión, lo dicho sólo es una pequeña porción de la verdad. Pero me indigna que al final tenga que huir y recluirme como un hombre corriente. Tal vez pierda calidad de vida, patrimonio y parte del dinero, quizá hasta deba sufrir algún ajuste de cirugía estética, pero estén tranquilos querida Opinión Pública, las gentes como yo no vamos a la cárcel. No somos tan diferentes de los famosos y grandes dirigentes políticos, sabemos mucho y tenemos muy buenos contactos.

Me han defraudado, y por ello se lo comparto. Sé que de todas formas no podrán cambiar mucho, si acaso un voto. Pero también me aseguro de que todos los que me conocieron teman. Aún no diré nombres, pero si caigo, esperen una larga retahíla de sorpresas y escándalos, con drogas, recalificaciones, robos, asesinatos, pederastia y lujo, mucho lujo y grandes nombres implicados. Supongo que muchos estarán deseando que algo así pase. Pero les advierto, es poco probable. La vida real es más pragmática y retorcida que las películas, sobre todo cuando de política, dinero y corrupción hablamos. ¿Si supieran cuántos escándalos se han solapado…? Probablemente habría revueltas en todo el globo, aunque seguramente preferirían no creerlo. Al fin y al cabo, es lo que durante toda su vida les han enseñado.

 

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Martius Coronado (Vva del Arzobispo, Jaén 1969). Licenciado en Periodismo, Escritor e Ilustrador. Reflejo de la diáspora vital de vivir en Marruecos, USA, UK, México y diferentes ciudades españolas, ha ejercido de profesor de idiomas, jornalero, camarero, cooperante internacional, educador social y cómo no, de periodista en periódicos mexicanos como La Jornada, articulista de revistas como Picnic, Expansión, EGF and the City, Chorrada Mensual, RCM Fanzine, El Silencio es Miedo, también como ilustrador o creador de cómics en diferentes publicaciones y en su propio blog.
La escritura es, para él, una necesidad vital y sus influencias se mezclan entre la literatura clásica de Shakespeare o Dickens al existencialismo de Camus, la no ficción de Truman Capote, el misticismo de Borges y la magia de Carlos Castaneda.

Libros:
El Nacimiento del amor y la Quemazón de su espejo: http://buff.ly/24e4tQJ (Luhu ED)
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