Fuertes corrientes de aire fresco cruzan la capital del reino. Y se han colado por las ventanas de las instituciones. Una nueva generación política se ha hecho sorprendentemente visible: arrogante y modesta a la vez, experimentada e inmadura a la vez, temeraria y prudente a la vez, contradictoria y coherente a la vez, amenazante e ilusionante a la vez. Reclama su derecho a ser protagonista. Y a equivocarse. Porque, en efecto, se equivocará, como otros lo hicieron. Como otros de otra generación nos equivocamos. La polémica está servida, como siempre que hay en puertas cambios que merecen la pena. Y los mercados se inquietan, puede que con razón.

0009.JPG_729600497Los sesentones que cuando escuchaban a los Beatles hace cuarenta años (When I´m Sixty-Four…) creían que nunca alcanzarían esa edad, miran ahora el panorama con cierta envidia, digamos que sana, aparte de con nostalgia, sabedores de que su turno ha pasado. Pero es legítimo que quieran advertir al mundo de que bastante de lo construido por ellos, con no poco sacrificio, es aún perfectamente válido.
Puede que entre “los nuevos” -categoría en la que contamos de izquierdas, de derechas e indefinibles-, haya mucho postureo y gestos estridentes, además de cierto descaro calculado. Comprensible, porque son conscientes de que han de buscar su hueco mediático y rendir el debido tributo a las redes. Puede también que, al final, muchos de ellos sean o se vuelvan como “los de siempre”, como nosotros, dios no lo quiera. Pero, por lo pronto, han hecho que en los centros de poder se agoten los pisapapeles que impedían que salieran volando los borradores que ya no sirven. Esas fuertes corrientes de aire fresco se los quieren llevar por delante. No han tardado en hacer estragos, y probablemente seguirán haciendo más. Solo queda esperar que sea para bien.

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