Así luce el Valencia después de que el Celta de Vigo le hiciese 4 goles en la ida de los octavos de Copa en Mestalla. No parece que le haya sentado bien el parón navideño a los jugadores del equipo ‘ché’ o al menos, no bien deportivamente. Y es que el equipo levantino, que hace apenas una década jugaba dos finales de Champions y planeaba el salto a la élite con la construcción de un nuevo estadio, muestra unos síntomas en extremo preocupantes, a una altura de la temporada donde, nada está decidido.

Lo cierto es que estamos a comienzos de enero y con media temporada ya casi completada, y por tanto las cargas se van haciendo cada vez más pesadas. Con pie y medio fuera de la Copa del Rey y sin participar en competiciones europeas, la Liga debe ser ahora la completa prioridad del Valencia. Si algo ha demostrado la historia es que, salvo unas privilegiadas excepciones, el escudo no te salva de caer a lo más profundo, como les ha ocurrido a equipos con la historia del Atlético de Madrid, el Sevilla o el Zaragoza entre otros.

El malestar es ahora el sentimiento palpable en un club y una afición, la valenciana, que aún está a tiempo de aparcar sus diferencias y preocupaciones, y de una plantilla que debe dejar atrás todo aquello que no sea remar en una misma dirección: la permanencia del Valencia en la Primera División. Algo que por la sintomatología que muestra el club, harían bien en no dar por hecha.

Tiempo habrá después de depurar responsabilidades por la profunda devaluación de un club, que hace no tanto tiempo, peleaba con el Atlético en igualdad por un tercer puesto de mérito en la historia de nuestra Liga, algo que hoy por hoy, parece cada día más utópico.

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