Un escritor se hace escribiendo y siendo metódico.

–Escribiendo. No podía ser de otra manera. Un escritor se hace escribiendo a diario, como un pintor se hace pintado; un actor, actuando; un escultor, esculpiendo; un profesor, dando clases a sus alumnos. Aquí no basta con querer o aprobar el título de Arte Dramático o el de Bellas Artes o las oposiciones a la Enseñanza pública. Es necesario cuajarse en el oficio. Pues con la escritura pasa lo mismo. No dejes nunca de acertar y equivocarte delante del ordenador.

–Siendo metódico. Si con frecuencia sientes la necesidad de escribir, poténciala fijándote unos horarios de trabajo. Sólo así podrás crear tu mundo literario con garantías y resultados. A partir de ahora tu consigna será la del trabajo, la regularidad, la constancia, el tesón, la paciencia y la aplicación. Hablan de ello muchos escritores y es verdad. La escritura es un músculo que debemos ejercer a diario. Día sin escribir, día perdido.

Plantéate el error y la reescritura como dos placeres y no como dos torturas. “Escribo con la sensación de que todo lo que estoy escribiendo es una pura porquería. No importa, se trata de vencer el desánimo que se apodera de mí cuando inicio la novela. Porque lo que de verdad me gusta no es escribir, sino rehacer, corregir, editar, cortar, añadir, descolocar los episodios, crear pistas falsas, crear misterios”, afirma Mario Vargas Llosa.

“Empiezo a partir de una historia, de algo que surge y me parece atractivo, sugerente, o por lo menos potable, y arranco a ciegas, no sé muy bien hacia dónde va a ir el texto, porque las ideas son siempre de una escena de comienzo, apenas de una posibilidad. Y después voy escribiendo. Como soy muy metódico, escribo todos los días una página a media mañana en algún café de mi barrio”. César Aira.

–Poniéndole ilusión a lo que se escribe. Perseverando. Recuerda que otros antes que tú han pasado por ahí y han triunfado. “Vivo de mis reservas hasta terminar la novela. En dos semanas estará terminado el impresionante mamotreto de 800 páginas, y un mes después se van copias para Sudamérica y cinco países de otras lenguas. Ha sido una locura. Escribo desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde; almuerzo, duermo una hora, y corrijo los capítulos del principio, a veces hasta las dos y tres de la madrugada. Nunca me he sentido mejor: todo me sale a torrentes. Así desde que regresé de Colombia. No he salido a ninguna parte. Mercedes aguanta como un hombre, pero dice que si luego la novela no funciona me manda a la mierda”, confesó una vez Gabriel García Márquez. Por supuesto que no le mandó a la mierda, claro, porque Gabo triunfó.

Y en fin, tómate la escritura como un placer, pero también como un trabajo. “La inspiración sólo llega trabajando. No dejo nada ni a la improvisación ni a la inspiración, esas dos nociones que desprecio y que son dos de los grandes males hispánicos. Porque dejar todo a la improvisación no es bueno. Y creer que hasta que llega la inspiración no se hace nada, tampoco es saludable. Quizá se pueda pensar que la inspiración le llega a un poeta lírico, pero no a un novelista, porque la novela supone no sólo un esfuerzo de inteligencia, de conocimiento del lenguaje, sino también de resistencia física […] En una palabra, creo poco en la casualidad y mucho en el trabajo”, dijo una vez Camilo José Cela.

Se puede decir más alto, pero no más claro.

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