Rafael Hernando y Juan Carlos Girauta, portavoces del PP y de Ciudadanos respectivamente, serán los encargados, este viernes, de firmar el acuerdo anticorrupción, con los seis puntos aceptados por Rajoy: expulsar a todo cargo público imputado por corrupción, eliminar los aforamientos, cambiar la ley electoral, acabar con los indultos por corrupción, limitar el mandato presidencial y crear una comisión parlamentaria del caso Bárcenas .Una vez se haya efectuado este trámite, es cuando ambos portavoces presentarán a los integrantes de los grupos que negociarán los acuerdos de investidura que deberán estar listos antes del día 30.

Comienza un proceso que se presume intenso en el cual, entre otros puntos todavía desconocidos, se deberán tratar los presupuestos y el techo de gasto para 2017. Mariano Rajoy dijo que ambos temas “no serán acordados hasta que no se sepa el resultado de la investidura”, pero todo parece indicar que se empezará a trabajar sobre este asunto por la urgencia de disponer, al menos, de un borrador presupuestario antes del 30 de septiembre, y un plan para reducir el déficit que Bruselas exige con fecha límite del 15 de octubre.

Todo ello, claro está, condicionado al buen fin de la investidura de Rajoy que cuenta, de momento, con los votos de Ciudadanos y de Coalición Canaria: 170 en total. Para poder sacar adelante su investidura necesitaría 6 votos afirmativos más en primera vuelta y al menos once abstenciones en segunda vuelta. El líder del PP busca esto último, las abstenciones. Y los sigue buscando en el PSOE.

Quiere reunirse con Pedro Sánchez para intentar convencerle, pero Sánchez parece haberse rodeado de un escudo. No sólo contra las propuestas del PP, con ese famoso “no es no”, según el mandato del Comité Federal, el máximo órgano del Partido, sino también para defenderse de los “cantos de sirena” que le llegan de la izquierda. Pablo Iglesias le insiste en alcanzar un acuerdo “por si fracasa Rajos”. Pero Sánchez no quiere entrar en ese tipo de especulaciones. Sabe que si maneja esta hipótesis tendrá que hablar con los nacionalistas catalanes. Y éstos ya han dicho, bien claro, que sólo negociarán si previamente se reconoce “el derecho de Catalunya a decidir su futuro”. En otras palabras, el tan traído y llevado referéndum. Podemos sí podría aceptar esta condición previa, pero el PSOE sigue trabajando en la tesis federal.

O sea que el futuro todavía es incierto. Y cada vez se manejan más posibilidades. Se ha llegado a proponer, en caso de que Rajoy fracase, la convocatoria de todos los grupos parlamentarios con el objeto de consensuar una figura “independiente” que gestione el país durante dos años hasta que se convoquen nuevas elecciones, una vez aclarado el panorama electoral en España. Y, claro está, se sigue manejando la opción de las terceras elecciones en un año. Con el calendario en la mano, se celebrarían el día de navidad o el de año nuevo, ambos domingos. Pero los analistas avisan: esas fechas son propensas a una elevada abstención. A los motivos políticos y sociales, sobre todo al hartazgo de la opinión pública, habría que añadir la movilidad que genera este tipo de conmemoraciones, sobre todo por las reuniones familiares y las vacaciones de invierno.

Pero en los ámbitos políticos se tiene en cuenta, en estos momentos, un comentario de Rajoy un tanto enigmático: en la rueda de prensa de este jueves, al término de la reunión con Rivera, el todavía presidente del Gobierno en funciones dijo “estar dispuesto a presentarse a la investidura porque ahora tengo suficientes indicios como para pensar que va a prosperar”. ¿Qué indicios son ésos? Sin los votos del PSOE, Podemos y los nacionalistas, es imposible alcanzar la mayoría requerida.

Tal vez lo que ocurre es que Rajoy sigue sin entender las matemáticas parlamentarias.

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