El próximo 27 de mayo se realizarán las elecciones presidenciales en Colombia. La mitad más un voto no será, seguramente, el resultado que ningún candidato obtendrá, con lo cual hay vaticinio seguro de una segunda vuelta 21 días después. Habrá que esperar para saber quien será el encargado de dirigir las riendas del país desde el emblemático Palacio de Nariño en Bogotá.

Elecciones que se desarrollarán por primera vez en mucho tiempo sin la sombra de las FARC, que alcanzaron un Acuerdo de Paz con el gobierno saliente y que si bien tenían previsto participar de la contienda electoral, tras la operación que debió soportar Rodrigo Londoño, oficialmente, y tras los magros resultados que le auguraban todas las encuestas, extraoficialmente, decidieron no participar en los comicios y apoyar, aunque no públicamente, a Gustavo Petro.

Sin embargo, estas elecciones como las dos últimas registradas, con el actual Presidente, Juan Manuel Santos, quien termina en la más baja popularidad de alrededor del 14%, y su antecesor, Álvaro Uribe, quien aún no está dispuesto a ser figura decorativa como muchos ex presidentes, no deja de estar exenta de divergencias y polarizaciones.

En un país donde la educación democrática de parte de sus ciudadanos es muy baja, la deslegitimidad de los partidos políticos tradicionales, léase Liberal y Conservador, es abrumadora, la corrupción pública ronda el 5% del PIB, fragilidad de los acuerdos de paz con la desaparecida FARC-EP, asomos de inseguridad del narcotráfico y bandas criminales que aún deambulan en el territorio Nacional como lo fue el caso de alias “Guacho” en la frontera con el Ecuador, todavía queda espacio para que algunos valientes se lancen a la arena política.

Una mirada con mayor detalle deja ver algunos presagios en respuesta de los cercanos comicios electorales. Primero, la incredulidad de los partidos políticos tradicionales fragmentó en varios pedazos los intereses electoreros de sus participantes. Las últimas encuestas dan en su orden el siguiente vaticinio: Iván Duque, con muy poca experiencia en el manejo de lo público representa el partido Centro Democrático que lidera el ex presidente Uribe; Gustavo Petro, del partido Colombia Humana, ex alcalde de Bogotá, ex guerrillero del extinto M-19 con una clara vocación de izquierda, matizado por los movimientos denominados de “nueva Izquierda del siglo XXI”; Sergio Fajardo, del partido Verde, quien fue Alcalde de Medellín y Gobernador de Antioquia; Germán Vargas Lleras, nieto del ex presidente Carlos Lleras Restrepo, ministro estrella del gobierno Santos por su disponibilidad de chequera para adelantar grandes obras de infraestructura y representa a la rancia oligarquía colombiana; y en último lugar, Humberto de la Calle, ex vicepresidente del gobierno Samper, del Partido Liberal, quien lideró los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC.

Ante este escenario de polarización, ataques, promesas mesiánicas, y terrorismo mediático principalmente vendido en los medios de comunicación por una eventual “venezolanización” en el caso de quedar elegido el Candidato Gustavo Petro, se asoma una ventaja entre Duque y este último.

Y es la estrategia que se juega la derecha colombiana. Sin asomo de otros contendores en la segunda vuelta, el candidato de la Colombia Humana, sería blanco fácil de los ataques en contra de los desvaríos y fracasos de la izquierda en la región. Además, permanentemente se le atribuye los efectos perversos que podría imponer de Chávez, los Kirchner y de otros gobernantes.

En este escenario resurgiría la figura del Presidente (perdón ex presidente) Uribe quien en sus ansias de poder, quedaría en luz verde para reconsiderar entre otros temas, el acuerdo de paz con las FARC, y la unificación de las cortes de justicia entre otros. Y este, no es un dato menor, puesto que el país aún aqueja la resaca de los incumplimientos del acuerdo y la desinstitucionalidad en la Justicia Especial para la Paz, JEP, como en el caso de Jesús Santrich, desmovilizado del grupo insurgente.

Cada pueblo tiene a los gobernantes que merece, rezaba una frase de Wiston Churcill. Y por esa razón, como una alternativa que riña en la polarización entre derechas e izquierda que mucho daño pueda hacerle al país, emerge la tercerización de Sergio Fajardo. Este profesor universitario, matemático, doctorado en lógica matemática, es apoyado por dos de las personas con más alta credibilidad ética y profesional del país: el senador Jorge Robledo del partido Polo Democrático y del ex candidato presidencial, profesor, filósofo y matemático ex rector de la principal universidad del país, la Universidad Nacional, Antanas Mockus.

Con esta opción, el voto a segunda vuelta sería considerado más útil. Más útil en refrescar un estilo y una manera diferente de dirigir los destinos del país, alejado de las vetustas maquinarias y corrupción de los gamonales y de los mismos con las mismas.

Quizá la mala memoria de los colombianos, redunde en una nutrida participación este domingo, y sobre todo, logre dirimir la polarización ideológica en búsqueda de consensos mayúsculos por el bien de una nación que con sus problemas no solamente incomoda a la comunidad internacional, sino que aún subsiste en fuertes inequidades sociales y retrasos en infraestructura, competitividad y desarrollo.

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