Cuando Albert Rivera firmó el acuerdo de investidura con el PP, a finales de agosto, no podía pensar que, casi cuatro meses después, su formación política se enfrentaría a una pérdida de presencia política como la actual. Los diversos acuerdos entre el gobierno del PP y la gestora del PSOE han apartado a C´s del centro de decisión política. En la formación naranja pensaban que iban a tener mayor presencia en los grandes acuerdos de Estado, pero Rajoy ha preferido otros interlocutores. Al menos, unos interlocutores más prudentes y que anteponen los hechos a la política espectáculo.

Los diversos acuerdos entre el gobierno del PP y la gestora del PSOE han apartado a C´s del centro de decisión política

 

La aprobación de los Presupuestos Generales, que le aseguraría a Mariano Rajoy al menos un año de estabilidad, ha sido el punto de mayor fricción entre ambas formaciones. En Ciudadanos opinaban que, gracias a las 150 medidas que firmaron en el pacto de investidura, ellos serían la fuerza principal en la negociación. O al menos el pivote que sirviese de acercamiento entre PP y PSOE. A finales de noviembre Francisco de la Torre, portavoz de Hacienda, aún se expresaba en estos términos: “Creemos que España necesita un techo de gasto, estabilidad. Hay que hacer todo lo posible para apoyarlo, seguimos negociando”. Pero la realidad fue que PP y PSOE ya lo tenían preparado.

Al mal tiempo buena cara y José Manuel Villegas agradecía que el PSOE se sumase a la negociación: “No nos parece mal que el PSOE se haya decidido a entrar en el diálogo político ya que es necesario con la actual aritmética parlamentaria para llegar a acuerdos”. La tozuda realidad, empero, contradice las palabras de Villegas. Ha sido más bien Ciudadanos al que se ha invitado a la negociación de los “viejos partidos”.  El techo de gasto ha sido fijado por aquellos que tienen presencia en los gobiernos autonómicos y en base a sus posibilidades presupuestarias. Ciudadanos apoya a varios de esos gobiernos, pero no son el gobierno. Por tanto, la exclusión era obvia en los aspectos fundamentales.

Algo parecido ha ocurrido con el aumento del Salario Mínimo Interprofesional. PP y PSOE han acordado elevarlo un 8% a cambio de negociar en favor del partido del gobierno los presupuestos. Ha sido otra negociación que no ha sentado nada bien en el seno de la formación naranja. Tanto como para que Rajoy llamase a Rivera el domingo y negociase directamente con él la partida presupuestaria destinada a los puntos del acuerdo de investidura.  Aunque no serán los 5.000 millones auditados del pacto sino 3.850 millones nada más. En contra Ciudadanos no apoyará la subida de los impuestos especiales, algo que sí iban a hacer a cambio de no tocar ni el IRPF o el IVA.  Aunque este apoyo al techo de gasto suponga un desdecirse de sus propias palabras. Albert Rivera, en una entrevista concedida a La Vanguardia el 21 de noviembre, advertía que antes de hablar del techo de gasto, habría que reclamar el dinero de la amnistía fiscal. “Si no, no aprobaremos el techo de gasto”. El PP ya tenía con quien negociarlo.

Malestar en PP y PSOE con la forma de actuar de Ciudadanos

En el seno del PP, a todos los niveles pues tienen acuerdos desde ayuntamientos a gobierno central pasando por autonomías, cunde la desazón y el hartazgo con Ciudadanos. Entienden que siendo las dos fuerzas más cercanas ideológicamente, debería haber un sentido de gobierno mayor y más entendimiento. No comprenden ese querer ser gobierno y oposición a la vez que practica la formación naranja. Es más, habiendo acuerdos con proyección de gasto, no comprenden que apoyen determinadas propuestas de la oposición que suponen mayor gasto. En la Comunidad de Madrid, la dirigencia popular está especialmente molesta porque “parece que todo lo bueno que hace el gobierno es a causa del apoyo de Ciudadanos y todo lo malo culpa de Cifuentes” afirma un diputado regional. Cristina Cifuentes aparece de vez en cuando, en las distintas redes sociales y en sede parlamentaria, recordando que medidas que propone ya estaban en su propio programa electoral, no solo en el acuerdo de investidura con Ciudadanos.

El calificativo, que les asignó Pablo Iglesias, de “cuñadismo” está extendiéndose no solo entre las filas podemitas, sino entre las filas de populares y socialistas. Cada vez que algún alto dirigente de C’s pronuncia “como pone en nuestro programa”, “como hemos pedido reiteradamente” o “como acordamos”, las risas y cuchicheos se extienden en las distintas bancadas. Incluso en algunas salas de prensa ocurre también. Un ejemplo de este cuñadismo político se encuentra en la palabras de Ignacio Aguado, el 4 de noviembre, refiriéndose al acuerdo del techo de gasto: “[damos] la bienvenida al PSOE tras haber vuelto a la mesa de negociación. Hemos conseguido desbloquear el diálogo”. Como afirma un curtido diputado socialista “este chaval no se ha dado cuenta de que son ellos los que han sido bienvenidos”. Ese querer ser la salsa de todos los platos está haciendo mella en sus posibles aliados parlamentarios.

No se fían de la formación naranja porque ven a un grupo muy bisoño políticamente y con excesivo ánimo mediático para llevar negociaciones cruciales

 

En el gobierno tampoco hay excesiva confianza con C’s. Según fuentes internas de La Moncloa, Rajoy prefiere sentarse a hablar con Javier Fernández que con Rivera pues tienen una concepción de la política similar. No se fían de la formación naranja porque ven a un grupo muy bisoño políticamente y con excesivo ánimo mediático para llevar negociaciones cruciales. Tener una misma cultura política hace más sencillo que PP y PSOE puedan negociar. Gracias a esta situación, no necesitan estar continuamente discutiendo con Rivera aspectos cruciales de gasto público. Además, Rajoy prefiere darle esas victorias intermedias al PSOE antes que a C’s porque así existe un muro de contención contra Podemos y él mismo puede desgastar a la formación naranja.

Los debates internos de Ciudadanos

Ya advirtieron algunos analistas, y es un debate que existe soterradamente dentro de Ciudadanos, que la táctica que estaban llevando a cabo de no entrar en los gobiernos les podría perjudicar a largo plazo. Altos dirigentes de Ciudadanos han planteado la posibilidad de cambiar y poder formar parte de los gobiernos. Pero eso es algo que aterroriza a su presidente. Albert Rivera ha tenido esas mismas dudas aunque las ha resuelto parcialmente analizando lo que ha pasado en otros países. Tiene muy presente lo que sucedió en Gran Bretaña con Nick Clegg, anterior dirigente del partido Liberal-Democrático británico. Clegg decidió entrar en el gobierno de Cameron y su partido perdió numerosos diputados en las últimas elecciones. Como afirman desde dentro del partido naranja, son escenarios distintos. Mas lo bueno que estén haciendo no lo van a poder sumar a su haber en futuras contiendas electorales.

El periodista Nino Olmeda ya les hizo ver esas contradicciones, ante las críticas continuas, en una rueda de prensa con Aguado en la Comunidad de Madrid. “Si tan mal lo están haciendo ¿por qué no apoyan una moción de censura contra el PP?”. Lo mismo se ha podido observar en las últimas fechas donde los portavoces madrileños solicitaban a Cifuentes que cesara a David Pérez, cuando lo más sencillo es que sus cuatro concejales presentasen una moción de censura contra el munícipe alcorconero. Lo mismo ocurre con Juan Marín en Andalucía. Hace continuas críticas a Susana Díaz pero sigue apoyándola como presidenta de la Junta de Andalucía. Todo esto comienza a verse con preocupación en el interior de la formación naranja y aumentan las voces que se lamentan de no haber entrado en los distintos gobiernos

Rivera, últimamente, tiene una presencia mediática menor. Se le ve con una faz triste y con una sonrisa forzada en muchas apariciones públicas. Pese a que las encuestas, de medios afines, les otorgan cierta subida, no se encuentra del todo contento el presidente de C’s. Está comprendiendo lo que significa la política nacional. Puede estar sufriendo el síndrome de Adolfo Suárez, todos le quieren pero ni le votan, ni cuentan con él para los temas fundamentales. Y ya empiezan a escucharse voces discrepantes dentro de la formación. Algo que le aterroriza aún más que el no tener presencia mediática. Rivera sabe que su supervivencia política depende de un partido sin fisuras y estas comienzan a aparecer. Carolina Punset ya ha advertido que se necesita mayor democracia interna dentro del partido y que no se pueden elegir candidatos a dedo, como se ha hecho en algunos lugares. De igual forma, comienzan a aparecer noticias de que Inés Arrimadas está comenzando a caminar por su cuenta en Cataluña. Todo esto no es más que el posible comienzo del declive o la entrada en el tiempo del desencanto.

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3 Comentarios

  1. Campaña de desprestigio generalizada por los medios contra C`s.

    Podemos esta bien donde esta, haciendo mella al Psoe, riesgo calculado.Pero c’s pudo ser peligroso en su momento contra el chiringuito y no quieren volver a darle alas.

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