“El Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) del mes de septiembre (2018) se sitúa en 90,6 puntos, 11,9 por debajo del dato del mes anterior. Este descenso del ICC se produce por la reducción de las expectativas (-7,4 puntos) y especialmente por la caída de 16,3 puntos en la valoración de la situación actual. El ICC se sitúa en estos momentos en valores inferiores a los registrados en los dos últimos años, muy similares a los observados en septiembre y octubre de 2016, y acumula una caída de 17 puntos desde el mes de junio de este año”. Esta es una de las principales conclusiones del Indicador de Confianza del Consumidor realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas entre el 17 y el 21 de septiembre pasado.

Hay un dato interesante porque este estudio se ha publicado (2 de octubre) casi al tiempo que el Barómetro (24 de septiembre), que mostraba que el partido que mayor simpatía (10,7%) e intención de voto (18,6%) suscitaba era el PSOE, cuyo Gobierno, sin embargo, parece no inspirar mucha confianza a la hora de gastar dinero, de consumir. Esta presentación de resultados confirma dos axiomas clásicos: que el dinero es miedoso y que el corazón y la cabeza, dentro de un mismo organismo, a veces, muchas, sienten de forma divergente.

Las conclusiones del último ICC ni son ambiguas ni indeterminadas, como corresponde a un trabajo científico: “En relación al mes de septiembre del pasado año la evolución es negativa y en todos sus componentes. El ICC pierde desde septiembre del pasado año 12,6 puntos, con un descenso en términos absolutos para la valoración de la situación actual de 12,9 puntos, mientras que las expectativas ofrecen una caída muy similar de 12,4 puntos”.

Caen todos los indicadores

Los encuestados también expresan su opinión estableciendo un descenso del 15,5% en la valoración de la situación actual y del 12,6% en las expectativas. Otros datos que muestran claramente la evolución negativa de la confianza del consumidor pues, “tomando como base enero de 2005, el ICC se encuentra en estos momentos 7,6 puntos por debajo de los valores que se obtuvieron entonces, mientras que en septiembre del pasado año esa misma diferencia se situaba en +5,3 puntos”.

Posteriormente, en las próximas elecciones generales, que quizás no estén tan lejanas, los ciudadanos optarán por hacer caso a su cabeza o a su corazón y votar en consecuencia a una determinada opción política o, como en muchos casos, votar contra otra opción, que es algo muy español.

Cuando se solicita a los preguntados una valoración de la situación económica actual estos se revisten con el emoticono gruñón, ya que la valoración de la situación económica del país es hoy 21,7 puntos inferior, las opciones que ofrece el mercado de trabajo se valoran 13,9 puntos por debajo del valor de hace un año y la situación en los hogares pierde 3 puntos en los últimos doce meses, según el CIS.

A la hora de valorar las expectativas de ahorro y consumo, por lo que se ve, no hace falta  cambiar de emoticono, ya que en términos mensuales “se observa un descenso en las expectativas de consumo (-3,3 puntos) y de ahorro (-2,1 puntos)”.

Lo cojas por donde lo cojas, el estudio del órgano de análisis sociológico dependiente del Gobierno es terco en sus conclusiones. Por ejemplo, y en relación al mismo trimestre de 2017, la evolución vuelve a mostrar un signo más claramente negativo: “el índice de situación actual de la economía desciende un 9,4%, el del empleo retrocede hasta un 6,4% y la situación de los hogares muestra una caída del 3,7% desde entonces”.

Respecto a los cien primeros días del Gobierno de Pedro Sánchez la opinión ciudadana no muestra una opinión favorable a propósito  de su actuación ya que, en relación al tercer trimestre de 2017 la opinión acerca de la evolución en general es más pesimista: “-11,1% para las expectativas sobre la economía, -8,4% en relación al mercado de trabajo y con una mínima subida en referencia a la situación de los hogares, +0,5%”.

El dato es frío, y como se escuchó en alguna ocasión, “no tiene alma”. Pero quien expresa una opinión, y sobre asuntos tan importantes en la vida de un país, sí que la tiene.

La confianza de los ciudadanos en su país es troncal en la vida del mismo e indiscutiblemente indispensable. Por ello es conveniente para quien ejerce la alta responsabilidad del Gobierno leer con detenimiento y atención no solo sino los dos últimos estudios del CIS.

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