Saña

Calor. Por la frente de Feologildo decenas de minúsculas gotas de sudor intentan expulsar el tremendo sofoco de su cuerpo. Ni una sola sombra en los cientos de metros en derredor que la vista puede alcanzar. Ni una sola mata de hierba. Sólo tierra cuarteada. Una tierra rojiza y seca que se levanta mirando al sol como si exigiera el agua que hace más de dos meses que no ve.

Feologildo camina solo. Extenuado y afligido, sabe que el fin no está lejos. Nada hay alrededor salvo, media decena de buitres que llevan merodeando en círculo mas de hora y media por encima de su cabeza.

Él cree que los buitres están señalando el camino correcto en busca del preciado medio que devolverá la vida a esa parte de la tierra. Entiende que son sus aliados y que, como tales, le están ayudando. Al fin y al cabo ellos también forman parte de ese hábitat que muere por falta de agua. Al fin y al cabo, si Feologildo no acaba con buen pie la misión para la que se ha presentado voluntario, todos los animales de su entorno morirán.

No es consciente de que, a los buitres, sólo les importa el momento y su propio beneficio aunque este sea efímero. En realidad los buitres están anunciando lo que esperan suceda cuanto antes: la muerte de Feologildo a manos de la pantera negra. Un ser despreciable excluido de la sabana por su afán en no respetar los mínimos criterios de convivencia. Un ser que ataca sin necesidad y con el único fin de ser notable y de infundir miedo.

Ésta espera escondida entre uno de los montículos que una vez fueron pecina y ahora sólo tierra negra compactada y reseca. Al paso de Feologildo sólo tiene que saltar e hincarle el colmillo en el gaznate. La madre naturaleza hace el resto. El pobre Feologildo muere lentamente mientras observa como el coro de buitres le rodea, ahora posados a su alrededor pie en tierra, en espera de que la vida se le vaya y darse su banquete.

Han pasado unos cuantos días desde que la pantera negra mató al pobre Feologildo. Los animales han descartado la absurda idea de enviar otro mensajero que les diga por qué ya no hay agua y han decido comprobarlo en manada. Cuando llegan a la altura de lo que queda del desgraciado emisario, un sentimiento de espanto recorre la manada. Saben que la pantera negra no anda muy lejos y que ella fue la causante de la tragedia.

Los buitres se ponen en cabeza de la manada y son los primeros en asombrarse del terrible acontecimiento. Los primeros en rechazar la violencia inútil y los primeros en pedir justicia para tan deplorable fechoría.

De ser los culpables de señalar el objetivo y de haberse comido el cadáver, ni una sola mención, ni arrepentimiento.

 


Circo

 

Despedíamos el año con la terrible noticia de que el cadáver de la pobre Diana Quer había sido encontrado. Desde entonces hasta ahora, (mientras escribo estas líneas veo como en los rótulos de la TV siguen hablando del suceso), una tragedia como ésta ha sido convertida por lo medios concertados, esos medios que únicamente viven el momento y su propio beneficio, aunque sea efímero, en un espectáculo bochornoso.

El periodismo ha muerto. Ahora sólo existe el espectáculo. Esos medios que ahora siguen interesados en que el obsceno entretenimiento no se acabe nunca, convirtieron una noticia de un par de minutos, en un interminable circo que alimentaron durante meses con insidias, mentiras, suposiciones, trapos sucios de la familia y cualquier otra “carnaza” con la que seguir consumiendo horas de Televisión, con la que seguir idiotizando a un personal morboso e inculto. Y que seguirán alimentando hasta que otro suceso les llame la atención y puedan montar un nuevo circo.

El periodismo tal y como ha sido entendido y cómo se sigue explicando en la facultad de Ciencias de la Información es una ciencia obsoleta e inexistente. Ya no responde a lo que durante años ha sido la primera clase en la escuela, aquello de que una noticia debe responder a las preguntas de “quién”, “qué”, “dónde”, “cuándo”, “por qué” y “cómo”. Ahora sólo se responde a la inmediatez. Para ello, se denominan “expertos” a quiénes antes llamábamos correveidiles, es decir, los que difunden la versión oficial sin hacerse ningún tipo de pregunta porque lo más importante es la primicia. Y luego ya se inventan las circunstancias con suposiciones que alimenten el espectáculo y que de para alargar el show. Lo importante es tener amigos que te filtren y te cuenten con antelación. Y si pones en duda lo que te cuentan, dejas de ser el primero. Aunque eso suponga saltarse todo el código deontológico de la profesión. Si pones en duda lo que te cuentan, la versión oficial, pasas a ser el enemigo y eso trae consecuencias desastrosas como el despido o el destierro profesional.

Comenzaba el año nuevo escuchando en RNE una “clase magistral” sobre las falsas noticias de la red y los peligros que supuestamente esto conlleva. Hablaba el “experto” de que el Brexit ha sido consecuencia de una campaña de falsas noticias. Medio dormido como estaba, lo primero que me vino a la mente es que me resulta altamente repulsivo que quiénes tienen varias denuncias por mentir, manipular y sesgar información, se dediquen a dar lecciones de moralidad y a teorizar sobre la maldad de la red, su intromisión en el periodismo y su causa por intentar salirse de la corriente imperante que ha convertido a la prensa en predicadores de una religión única llamada hijoputismo liberal.

El periodismo ha sido pirateado por bancos, fondos de inversión y charnegos empresariales que utilizan los medios para la “cristianización” liberal de la sociedad, para el atontamiento masivo y la manipulación de masas. Para la difusión del pensamiento único.

La mayor parte de mis lectores ya sabrán que el condenado a seis años y tres meses de cárcel por diversos delitos en el caso NOOS, a la sazón cuñado del Rey, ha paseado palmito tranquilamente estos días, entorno a la nochevieja, por la ciudad de Vitoria. Con escolta además (y que pagamos todos). Y acompañado por otro condenado, este por el caso San Antonio. Pero no se habrán enterado por esos medios que han dedicado cientos de minutos televisivos a llenar de mierda la vida de una muchacha asesinada por un delincuente y violador. Una muchacha que no ha sido asesinada por llevar la falda demasiado corta, o el pantalón demasiado ajustado, sino por un machista asqueroso, un delincuente sexual que se creyó con el derecho de hacer lo que le viniera en gana y ante su rechazo, optó por arrebatarle la vida. Para ese tipo de noticias, la del paseo de un condenado que no ha pisado la cárcel, la que pueden soliviantar y despertar al personal no hay sitio ni dedicación en las teles ni en la prensa de papel, quebrada a pesar del concierto con el gobierno a base de publicidad institucional.

El periodismo ha muerto. ¡Viva el cuñadismo!

 

Salud, república y más escuelas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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