Foto de Marco Alar.

Decir Lydia Cacho es decir honestidad, valentía, integridad, compromiso, lucha, sinceridad, profesionalidad, amistad… Y así hasta un sinfín de calificativos que definen a la perfección el perfil de una mujer que lo es todo en el mundo del periodismo y la lucha social por los derechos humanos. Ha visitado España para recibir el prestigioso Premio Iberoamericano de Igualdad Cortes de Cádiz de manos del alcalde de la ciudad andaluza. Sus vitrinas rebosan reconocimientos por los múltiples frentes que ha defendido durante el desempeño de su profesión periodística, siempre al lado del oprimido, del débil, de la marginación, de la lucha por la igualdad de la mujer y, en definitiva, defensora de los derechos humanos desde la ideología feminista. En un mundo cada vez con más muros que se levantan por doquier, ella siempre sabe dónde está su lugar en estas inabarcables dicotomías.

 

 

¿Qué le ha pasado luego de decir en tantas ocasiones lo que piensa en los últimos años?

Bueno, más allá de simplemente decir lo que pienso, he escrito doce libros y miles de artículos periodísticos. Lo que más me interesa es el periodismo de investigación que llevo a cabo desde hace más de dos décadas. Debido a esas investigaciones que revelan los vínculos entre las mafias, los políticos y empresarios corruptos, he sido secuestrada por la policía mexicana, torturada por órdenes de un gobernador y encarcelada injustamente por haber revelado al poder que protege la pornografía infantil. He recibido múltiples amenazas y atentados, pero también he visto cambios sociales y jurídicos gracias a mis aportaciones; entre ellos la primera sentencia histórica en América Latina a un tratante de niñas que producía pornografía infantil y recibió 113 años de prisión. Logramos, otras periodistas y yo, que la sociedad mexicana dejara de pensar que el abuso sexual infantil es un asunto de la vida privada. Hemos creado una cultura de reivindicación de las y los sobrevivientes y de señalamiento a los culpables, antes ocultos bajo la sotana, en el hogar, tras el Senado o en alguna escuela.

 

Usted es activista, periodista, escritora, pedagoga social y humanista. ¿Cuál de estas actividades le hace sentirse más útil a la sociedad?

Todas juntas. Me parece que el periodismo y el activismo derechohumanista que el mundo necesita hoy día es multidisciplinario. Investigar, entrevistar y escribir desde la perspectiva de los Derechos Humanos y de género es indispensable, particularmente en un momento en que estamos frente a la decadencia social encabezada por el conservadurismo patriarcal que arrasa con todo aquello que propone una transformación hacia la horizontalidad, la justicia y la igualdad.

 

¿Hasta dónde llega la labor de una periodista como usted?

Nuestra labor no es solamente investigar, denunciar y analizar, sino ser capaces de acompañar a la sociedad a conocer los nuevos caminos para la mediación de conflictos, los mecanismos de los acuerdos de paz, las buenas prácticas sociales y jurídicas que pueden transformar a un país plagado de injusticia y desigualdad, en un justo e igualitario. Es decir, como periodistas de investigación, nos corresponde hacer honor a la confianza que la sociedad deposita en nosotras, entender lo que sucede en el mundo para comparar realidades. En particular a quienes, como yo, trabajamos con víctimas de crímenes como la trata y esclavitud humana, las desapariciones forzadas, la tortura, el terrorismo y los delitos cibernéticos contra niños, niñas y jóvenes, nos corresponde vivir estudiando y documentar también los logros y éxitos de la solidaridad humana.

“Nos venden miedo y compramos seguridad que causa más muertes”

 

¿Cree en la valentía del ser humano como algo especial?

No, de ninguna manera. Estoy convencida de que todas las personas somos capaces de llevar a cabo actos de valentía, que somos capaces de trabajar en comunidad con una visión transformadora. La educación del hogar y la escolar son dos factores vitales para la formación de los valores y principios de paz. Las madres y padres educan con el ejemplo, no con las palabras; las y los profesores educan con la congruencia y el respeto, no con el maltrato. La adultocracia que ignora la opinión de niños, niñas y jóvenes ha causado un daño brutal; no hemos acompañado a la infancia a aprender a dialogar, ni a sentirse escuchada. Una sociedad que normaliza las violencias contra niñas y niños está destinada al fracaso, porque antes de los quince años construimos nuestra idea de la otredad, de la empatía, de la solidaridad. El enfoque educativo tradicional es obsoleto. La educación para la paz es lo que nos convierte en ciudadanas y ciudadanos con valor civil y estructura ética; hacia allá debemos ir y demostrar que todas y todos somos capaces de actos de heroicidad pacífica.

 

¿Cómo podemos creer en la transformación de la humanidad en este momento tan caótico?

Me parece que el caos, como estallamiento de una realidad previa, es siempre lo que nos permite reacomodas las piezas de nuestro universo, tanto emocional, como intelectual, político y cultural colectivo. El caos social que vivimos hoy debe ayudarnos a cuestionar las malas prácticas históricas patriarcales de la militarización y la violencia como única salida del conflicto, debemos ser capaces de reinventar la política como la voz de un pueblo que es profundamente diverso, multidimensional, multiétnico y con necesidades y costumbres heterogéneas. La humanidad se enriquece del diálogo que se vive desde la pluralidad real y no desde la imposición ideológica de unos cuantos.

“No hemos acompañado a la infancia a aprender a dialogar, ni a sentirse escuchada”

 

México vive una supuesta guerra contra las drogas. ¿Cómo enfrentar esa violencia brutal?

La mal llamada “guerra contra las drogas” es un negocio de venta de armas y de renta de entrenamientos de seguridad; nos venden miedo y compramos seguridad que causa más muertes. No necesitamos guerra sino la investigación del blanqueo de dinero, cesar a banqueros y bancos que facilitan el movimiento del dinero de las mafias. Los gobiernos deben utilizar los capitales sucios recuperados para implementar políticas de igualdad, educación y progreso.

 

¿Qué otras medidas concretas encuentra a partir de sus investigaciones?

Está claro que en México la compra de armas a España, Estados Unidos y Alemania sirve para fomentar mayor inseguridad y masacres masivas como las de Iguala y otras más. Soluciones hay, pero necesitamos líderes con ideas re-evolucionarias de paz, no guerreros ni narcotraficantes con falda. Ya es hora de auditar a los partidos políticos, a todos, erradicar la glamurización del narcotráfico, evidenciar y criticar la pornificación de la violencia en los medios, educar a niños y niñas para demostrarles que la verdadera valentía es elegir la no-violencia contra la opresión.

“La fama la gana cualquiera un día; la reputación es producto de una vida de trabajo y entrega”

 

¿Qué hay de la violencia contra periodistas?

En los últimos años, 128 periodistas han perdido la vida en México por investigar los vínculos de la delincuencia organizada con los políticos de todos los partidos, o los feminicidios, o las fosas clandestinas de cientos de miles de personas jóvenes que son consideradas “daños colaterales” de una batalla incomprensible. Otras hemos sido torturadas, encarceladas; hay un claro ataque a la libertad de prensa que fomenta autocensura. Debemos cuestionarlo todo. La guerra contra el terrorismo, por ejemplo, fomenta más terror que cada acto concreto de violencia; está diseñada para producir desconfianza, para profundizar el racismo, la opresión y la exclusión social. Esta tendencia a declarar la guerra para alcanzar la paz es medieval, debemos insistir y trabajar para construir acuerdos sociales de paz que nos integren, que abatan la impunidad, que reconozcan en la diversidad la riqueza humana. El periodismo y el activismo juegan un papel clave en ello.

Foto de Marco Alar.

 

He presenciado sus intervenciones ideológicas feministas, la he oído en muchas ocasiones vía videoconferencias sociológicas, filosóficas y humanistas sobre justicia social e igualdad desde la perspectiva de género. Y también a través de las lecturas de sus libros. Todas ellas con soltura, conocimiento y brillantez. ¿Dónde encuentra su magisterio: en las teorías o en la práctica vivida y sentida en las calles y pueblos de su país?

Bueno, gracias. Mi madre era una gran conferencista, psicóloga y activista; ella y su padre, mi abuelo materno, me educaron para defender mis derechos a través de la defensa de los derechos de las y los demás, me inspiraron para leer mucho y de todo. Mi padre me enseñó a ser disciplinada y a cumplir mis compromisos. La lectura te enseña a respetar y a amar el lenguaje, la congruencia te permite comunicar con honestidad y la preparación te abre las puertas al diálogo con las y los demás.

 

En su lucha social por lo justo, en general una vez obtenido su resultado, ¿cómo se siente?

Orgullosa, útil a mi comunidad. Me siento honrada cuando la gente ha confiado en mí para ser quien le acompaña a contar sus historias. Cuando he ganado batallas contra las mafias me siento fuerte, sentar precedentes jurídicos es vital para crear confianza social en las instituciones de justicia. Decir la verdad es un acto de valentía que todas y todos deberíamos de practicar más a menudo. Por ejemplo cuando ganamos el caso contra la mafia de pedófilos una niña sobreviviente me dijo con orgullo: “lo logramos Lydia, ya no tocará a ninguna otra niña”. No necesito más que eso.

“Han convertido las leyes integrales contra la violencia de género en un rompecabezas que favorece la impunidad”

 

¿Dónde encuentra la compensación una persona tan magnánima, humilde intelectualmente y sacrificada socialmente para recorrer más de 20.000 kilómetros para recoger personalmente un premio como el que le ha entregado la ciudad de Cadiz?

Pues en el cariño de tantas personas. Los seres humanos nos reconstruimos a partir de los afectos, del sentido de protección y del sentido de pertenencia a la comunidad, yo soy una mexicana que se sabe ciudadana del mundo. Me honran con el premio de las Cortes de Cádiz; el cual me permite ser parte del diálogo para preguntarnos públicamente hacia dónde vamos en Iberoamérica frente a las crisis ideológicas, culturales y económicas; frente a las alianzas mafiosas internacionales.

 

¿Qué siente más hondo: haber sido premiada como periodista o como activista social o escritora?

Pues creo que a los 54 años ya están todas esas facetas integradas en mí. Ahora mismo estoy presentando en España mi libro La ira de México: siete voces contra la impunidad (Editorial Debate). Una obra escrita para las y los europeos, un ejercicio para compartir la problemática mexicana desde la crónica literaria y el corazón del periodismo. También he escrito un libro infantil-juvenil sobre los riesgos en el ciberespacio y la inteligencia de niñas y niños para enfrentarlos y protegerse. Ambos libros combinan la literatura, el periodismo, el activismo y la pedagogía.

 

Se dice que su ex pareja, también periodista en México, colaborador del diario El País en España y escritor, plagió fragmentos de su historia personal para la novela con la que llego a conseguir el premio Planeta. ¿Qué aportó él al redactarla y usted al vivirla y contársela?

Lo único que puedo decir al respecto es que yo he vivido una vida apasionada, intensa, con dignidad, honestidad y congruencia. Una existencia llena de aventuras por el mundo. He sido valiente y he amado a plenitud. Si me convertí en inspiración para que otros vivan vicariamente a través de mi historia, supongo que es normal. Cuando se tiene una vida interesante, pues inspira. La fama la gana cualquiera un día; la reputación es producto de una vida de trabajo y entrega. No me distrae el tema.

 

México vive una realidad explosiva por culpa de la corrupción institucionalizada y el narcotráfico. ¿Tiene futuro su país o está abocado a una completa refundación?

Estoy segura de que mi país tiene futuro, ahora mismo lo estamos reconstruyendo. Tenemos que aprender a vivir en una aldea global; entender que lo que por ahora se globaliza es la corrupción económica, la opacidad bancaria y la cultura de la narco-política y el narco-empresariado. Debemos impedir la militarización policíaca, abatir el blanqueo de capitales de la delincuencia organizada. Fortalecer la división de poderes; en particular implementar y proteger el nuevo Sistema de Justicia Penal y los juicios orales. Desde tiempos de la colonización española perdimos los juicios públicos; ahora los estamos recuperando, transformando la Constitución y la práctica legal, eso llevará décadas, pero, de la mano de la educación cívica con perspectiva de paz, es el camino correcto contra la impunidad.

 

Si un gremio en concreto está sufriendo las fauces depravadas del narco ese es el mundo del periodismo. ¿Por qué se afanan tanto en callarnos a los periodistas?

Porque hemos demostrado que lo que debilita a las instituciones son los vínculos de miembros de las mafias con los partidos políticos. Porque evidenciamos que hay segmentos del ejército mexicano involucrados en la trata de personas, narcotráfico y en las masacres de estudiantes. Porque somos el eco de una sociedad indignada. En México decimos con claridad que no se mata la verdad matando periodistas. Este pasado 15 de mayo mataron a mi amigo y colega Javier Valdéz y un mes antes a mi amiga, la periodista Miroslava Breach, pionera en la denuncia de los feminicidios de ciudad Juárez. Lo que hicimos fue manifestarnos, clausuramos con una bandera de luto el Ministerio del Interior, leímos en voz alta fragmentos de sus libros. Aunque la muerte nos alcance, nuestras palabras impresas, que son las de todos y todas nos dan vida.

 

¿Tiene futuro el periodista, la libertad en general, sin periodistas, sin periodismo con mayúsculas?

El periodismo ha cambiado radicalmente, está en crisis. La gente está harta de que la saturemos con superficialidades o con dramas que parecen callejones sin salida. El periodismo necesita representar a toda la sociedad, acompañarla a comprender su realidad a la misma velocidad con la que ha cambiado la comunicación y las nuevas formas de violencia simbólica y concreta a través de Internet. La incursión de las mujeres en el periodismo lo ha transformado todo; estamos frente a la derrota de un periodismo elitista, etnocentrista y vertical, que, además, tuvo una gran connivencia con los poderes políticos. Tendremos que reinventarlo, estamos en ello y tomará mucho tiempo, pues la descentralización de la información es caótica y abre las puertas a la mentira, a la manipulación y al desconcierto. Considero que eventualmente lo lograremos con los parámetros éticos adecuados. La libertad de acceso a la información y las redes abiertas son conceptos nuevos, debemos defenderles como instrumentos para crear modelos de transparencia y comunicación cívica. Por ejemplo, a caída de los fiscales anti-corrupción que son mega corruptos, se debe a un buen periodismo, al acceso a la información y a la libertad de expresión. Ejemplos sobran para defender la profesión con sus nuevas herramientas.

 

Pese a la toma de conciencia de la lacra de la violencia machista, o del ‘terrorismo machista’ como lo denominamos en Diario16, aún queda mucho camino por recorrer en la lucha por la igualdad y la ausencia de violencia en el hogar y la familia. ¿Se hace todo lo que se puede institucionalmente o se prima sobre todo salir en la foto y olvidar el tema hasta nueva ocasión?

Es claro que hay una oleada de sabotaje contra el tema de igualdad, porque hay quienes quieren erradicar la violencia contra ellas pero seguirles negando sus otros derechos; hay una tendencia política mundial para “negociar” los derechos de las mujeres y niñas a plazos. No puedes acotar la violencia machista y detener el feminicidio si no admites la violencia económica y patrimonial como forma de opresión sexista. Han convertido las leyes integrales contra la violencia de género en un rompecabezas que favorece la impunidad; por eso las matan los agresores, les sale mejor callarlas a puñaladas que transformar su actitud frente a la vida y asumir su responsabilidad frente a la justicia; cada feminicidio tiene detrás a una o un funcionario público que se negó a entender que el abordaje debe ser integral. Por ejemplo, en España se necesitaban casi doscientos millones de euros para proteger a las víctimas, prevenir, educar y fortalecer el sistema judicial y las órdenes de alejamiento. El Senado aprobó sólo 4 millones. Lo mismo está sucediendo en México, hay quienes quieren matar las políticas de igualdad por inanición económica. Dejarlas como barcos de papel en letra muerta. Hay que trabajar por los presupuestos y la inversión en la educación preventiva por la igualdad y contra las violencias. Necesitamos invertir en una nueva narrativa social de convivencia, no simplemente judicializar la violencia contra las mujeres sino trabajar en su origen con millones de hombres de todas las edades; les toca a ellos asumir su rol como agentes de cambio o como cómplices de la parálisis y el retroceso. Me llama la atención ver cómo el Sistema ha logrado distraer y dividir al movimiento de mujeres mientras les pasa la arrolladora de la corrupción por encima.

 

¿Si se pierde el compromiso con uno mismo se pierde el sentido primordial de la ética?

Por supuesto, la congruencia es el eje de todo comportamiento ético. Debemos caminar sobre nuestras propias palabras, ser fieles con nuestros principios, aprender a compartir valores en la diversidad. No se puede trabajar contra la violencia ejerciéndola, ni exigir el respeto a la diversidad excluyendo a otras.

 

¿Es posible lograr algún día la igualdad entre sexos?

Creo que sí, pero el primer paso consiste en aprender a vivir en la diversidad. Como feminista nunca he querido ser igual que ningún hombre, ni imitar sus formas; sino simplemente acceder a los mismos derechos laborales y sociales, las mismas horas de recreación, compartir espacios públicos sin miedo, vivir en libertad. Es urgente entender la diferencia entre los debates para imponer ideas y aquellos basados en principios filosóficos y jurídicos, porque la igualdad no significa homogeneidad. Debemos poder dialogar de tal forma que logremos estructurar un sistema social con normas jurídicas basadas en los derechos humanos con nuevas reglas y nuevos espacios para la diversidad vital. No podemos meter una llave redonda en una cerradura cuadrada. Podremos aprender a vivir en paz con nuestras diferencias cuando dejemos de imitar a los opresores. Debemos cuestionar con integridad los discursos artificiosos que confunden lo concreto con lo abstracto. Experimentar con la sexualidad es parte de la experiencia humana, pero confundir esa experimentación con nueva norma social complica el diálogo. El sentido de exclusión es estructural, la trampa es creer que es un problema entre grupos feministas o políticos. Yo percibo una gran violencia en España cuando se debate el tema de igualdad; creo que esto se debe a que quienes discuten, muchas veces lo hacen desde el dogma; desde sus necesidades emocionales individuales, desde el enojo, el agotamiento y no desde la perspectiva educada en la pro-diversidad. Confunden lo íntimo con lo político. Este ya no es un tema de derechas e izquierdas; la igualdad se debe construir desde la congruencia no con violencia y descalificación. 

 

Imagine un mundo lo más idílico posible y recréelo aquí en pocas palabras, de forma sucinta.

Todas las personas nacemos libres, capaces de aprender a elegir no ejercer violencia. Merecemos crecer rodeadas de afecto, educación y cultura, con derechos iguales basados en el reconocimiento de nuestra diversidad, libertad y autonomía.

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