“Aquí yace media España, murió de la otra media” (Mariano José de Larra-1836)

 

Hasta en la ubicación de nuestra “última morada” existen diferencias dependiendo de nuestras ideas, sobre todo de nuestra religión

Es España, los judíos y árabes tuvieron sus propios cementerios segregados. Los cementerios civiles surgieron, en parte, por la necesidad de enterrar a extranjeros no católicos que fallecían en nuestro país. En 1622 Mr. Hole, secretario del embajador británico, murió en Santander y no se le permitió su enterramiento en “tierra santa”, la solución fue colocar su cuerpo en una caja que fue arroja al mar, pero los pescadores temerosos de que el cadáver de un hereje perjudicara su pesca, lo sacaron de las aguas y lo abandonaron en el campo, siendo pasto de las aves de rapiña. Otros súbditos británicos fueron enterrados de noche en jardines.

El 13 de noviembre de 1831, Fernando VII editó una Real Orden autorizando la construcción de cementerios protestantes. El primero se ubicó en Málaga.

Pero hasta la revolución de 1854, no se comenzó la construcción de los cementerios civiles. Una Orden de 29 de abril de 1855 ordenaba la construcción de dichos cementerios a expensas del erario municipal, pero la Orden tardó mucho en cumplirse. Los cementerios católicos eran el destino de” buenos y bondadosos” y los civiles el de los “malos y apestados”.

Los Cementerios Civiles, que fueron llamados “los Corralillos”, no solo eran los lugares destinados al enterramiento de los suicidas, de los no bautizados, de los extranjeros y de los nos católico, el de “los malos españoles”. También el destino final voluntario de los que tomaron la decisión de mantener sus ideas hasta su última expresión, en su enterramiento, llevándose a su lapida sus deseos de laicidad, libertad, igualdad y fraternidad.

Pero también el lugar elegido por algunos católicos. Julián Sanz del Río, el 13 de octubre de 1869, fue el primer cadáver enterrado en el Cementerio Civil del Cementerio General del Sur, construido tras la Revolución de septiembre.

Su entierro fue todo un revuelo en esa época. Tras su inhumación, Ruiz de Quevedo echó un puñado de tierra sobre el ataúd diciendo:”Toda la tierra es bendita”, mientras Fernando de Castro despedía el acto: “Señores, el catedrático de Historia y filosofía de la Universidad de Madrid, a quien acabamos de inhumar, pensó en Dios. Hacía diariamente examen de conciencia y se confesaba, dijo en sus últimos momentos, con Dios todos los días. Contemplaba de continuo en la clarísima inteligencia de su razón las ideas y relaciones que unen al hombre con el Ser Supremo, mediante el sentimiento religioso”, y prosiguió: “En tanto que tu reposas y vives en las eternas y serenas regiones de lo infinito, y hasta que nos llegue a nosotros el turno de pisar los umbrales de la muerte y de acompañarte en la eternidad, lucharemos sin tregua y sin descanso, ruda quizá, pero pacífica y noblemente por las ideas que envuelve y representa la palabra Humanidad, que tú, con tu envidiable gloria, has mantenido. Requiescat in pace. Amén”

Los restos de Sanz del Río fueron trasladados al actual Cementerio Civil de Madrid en junio de 1905, donde comparte sepultura con otros grandes Libres pensadores: Bartolomé Cossío, Giner de los Ríos, Fernando de Castro, Gumersindo Azcarate. Son sus vecinos, ateos, judíos, protestantes, …y aquellos católicos que en vida defendieron la libertad ideológica, religiosa.

El cementerio Civil de Madrid, el lugar, que como iremos explicando, acoge a todos los ciudadanos y ciudadanas libres en creencias e ideas, incluso algunos de los que quisieron acabar con su libertad.

¡El cementerio Civil de Madrid es un jardín de democracia!!

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Experta en Protocolo y Organización de eventos. Experta Gestión en Servicios Funerarios. 30 años de experiencia en el sector funerario. Presidenta y fundadora de las Asociaciones Fraternidad Cívica-Cementerio Civil y Asociación Cementerios. Fundadora de la Asociación Aquellos Jóvenes. Delegada en Madrid de la Fundación para la Cooperación APY-Solidaridad en Acción.

1 Comentario

  1. Los cementerios en mi pueblo había un cementerio den tro de otro cementerio y cuando mi madre y yo íbamos a visitar la tumba de mis abuelo eya con mucho cuidao y k no la vieran entraba siempre a visitar y yo me asomaba a kel cementerio y le pregunte a mi madre el por k tanto secreto y me contó k un día eya tenia un primo y a el y otros pocos hombres los mandaron a cavar a hacer una fosa muy grande y antes. de terminar la yegaron un poloton de guardias y los a fusilaron y prohi. Biero k los familiares y la jente se acercara es TAS fueron las ordenes a1.9 40 de dictador franco

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