Josep Rull apenas tuvo tiempo este lunes de hacerse la foto en su antiguo despacho y salir poco después.

En 1938 Orson Welles nos hizo creer que los terrícolas sufríamos una sangrienta invasión extraterrestre. Sólo con el poder de un medio de comunicación, la radio, inoculó el miedo a millones de estadounidenses que oían aterrados la crónica de una irrealidad, de una mentira de cabo a rabo. Y eso que se basaba en una novela escrita 40 años atrás. Nada nuevo parece que sucede en Cataluña y el resto de España este lunes 30 de octubre, apenas tres días después de la autoproclamada República de Catalunya.

En esta guerra de irrealidades y de realidades virtuales, la bandera española y la senyera han ondeado en Plaza Sant Jaume

Algunos aún se levantan como si hubiesen soñado el mejor de los sueños y otros tantos –aún se discrepa, encuesta va, en cuesta viene, hacia qué lado cae la mayoría de un pueblo fracturado en dos– como si de la peor de las pesadillas se tratara. Y entre tanta realidad ominosa, una irrealidad constante, la de un Ejecutivo autonómico destituido al completo –vía implacable e indómito artículo 155 de la Constitución Española– que quiere estar, quiere ser, pero no puede ni estar ni ser. De ahí la irrealidad de su empeño, de lo virtual de su campaña. Como gritar en el desierto. De momento. Porque en muchas películas no menos cierto es que siempre llegan a tiempo al oasis ansiado y no era un espejismo, no.

Este lunes 30 de octubre por la mañana se escenificaba lo escenificado primigeniamente en el Parlament de Catalunya el viernes 27 a las 15,27 horas. Los cesados debían evitar acudir a los que han sido sus lugares habituales de trabajo so pena de incurrir en graves delitos. La Fiscalía tiene la lupa puesta sobre todos ellos, pero algunos no se arrugan y suben fotos a Twitter sentados como si nada hubiera ocurrido, en las que han sido sus poltronas oficiales hasta el viernes pasado. Sus ceses fueron aprobados por el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, que acababa de recibir el visto bueno del Senado, y en un ejercicio de maestro consumado del ajedrez que no es convocó de una tacada elecciones autonómicas para el 21 de diciembre, sin tiempo de asimilar tanta noticia engollipante.

Tampoco Rajoy se ha prodigado por la realidad virtual de Twitter desde el fatídico viernes 27 de octubre, después de firmar de su puño y letra un tranquilizador mensaje para los españoles no independentistas. “Pido tranquilidad a todos los españoles. El Estado de Derecho restaurará la legalidad en Cataluña. MR”.

Entretanto, este lunes a primera hora, uno de los cesados, el ya ex conseller de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull, ha subido también a Twitter, la red social estrella, un mensaje informando de que se encontraba en su despacho, “ejerciendo las responsabilidades que le ha encomendado el pueblo de Cataluña”. En su cargo oficial aún consta como “conseller”. No hay constancia de que haya sido nombrado ministro de la autoproclamanda nueva República de Cataluña.

El Gobierno español le ha advertido inmediatamente, con la presencia de los mossos, de que debía abandonar su puesto bajo pena de incurrir en delito. A continuación, Rull ha contestado otra vez por Twitter: “Salgo del departamento para ir a la reunión del Comité Nacional del PDeCAT. Continuamos con la agenda prevista”.

En esta guerra de irrealidades y de realidades inconcretas y virtuales, la bandera española y la senyera han ondeado –poco, el viento tampoco se ha prodigado mucho estos días de ventisca política– todo el fin de semana sobre los mástiles de la sede de la Presidencia de la Generalitat en la plaza Sant Jaume.

Mientras el ya ex president catalán bebía vino en un bar de Girona, se emitía un discurso oficial como president de la República.

El fin de semana, el presunto 130 president del Govern que acababa de autoproclamar la independencia unilateral de Cataluña se dedicaba a tuitear sobre un partido de fútbol, concretamente el que se había jugado este domingo en Gerona entre el Girona y el Real Madrid, con victoria de los locales por dos goles a uno.

Un día antes, su figura real se paseaba por un bar y las calles de la capital de Girona al tiempo que su figura virtual emitía un mensaje institucional de oposición a la aplicación del artículo 155 y advirtiendo que no se daba por cesado en sus funciones de president y que seguía “trabajando para construir un país libre”.

En esta guerra del despiste en que se han instalado los principales artífices de la autoproclamada República independiente, el conflicto catalán entra de lleno en una nube de éter más cercana a la creación de Tim Burton Mars Attacks!! que a la aclamada La guerra de los mundos radiofónica de Welles.

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