En una sociedad democrática, los asuntos públicos son algo que debe preocupar y ocupar a todos los ciudadanos, porque de lo contrario un grupo reducido de personas acaban gestionando lo que es de todos, con el único fin de lograr sus objetivos y bienestar, que en muchas ocasiones no coinciden con los de la sociedad en su conjunto y el bienestar general.

Esto que puede parecer retórico, es lo que ha pasado en Cataluña, donde los ciudadanos han descubierto dos cosas. La primera, es que unos malos políticos pueden acabar poco a poco deteriorando la convivencia de una sociedad, hasta acabar metiéndose en la cocina y en el salón de tu casa para romper también la armonía entre padres, hijos, familiares y amigos.

La segunda, y más importante, es que muchos ciudadanos se han dado cuenta que la política nos concierne a todos y es nuestra obligación participar en ella e influir para que la agenda de los gobiernos coincida con los deseos mayoritarios de la población.

En este momento, me vienen a la cabeza las palabras de Juan de Mairena, “la política, señores, es una actividad importantísima…Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de la política mala, que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros y, naturalmente, contra vosotros…”

El día 21 de diciembre habrá elecciones en Cataluña, y será un buen momento para observar si mucha de la gente que ha abandonado el silencio y la desmovilización, participa activamente en la construcción de un nuevo espacio social de convivencia en Cataluña.

Movimientos como los de Ada Colau, rompiendo el acuerdo de gobierno de Barcelona para abrazarse a los independentista por un puñado de votos; declaraciones como las de la exconsejera de Educación, Clara Ponsatí, diciendo, ahora y tras la que han montado, que no estaban preparados para la independencia desde Bruselas; el comportamiento de la presidenta del Parlament afirmando que la declaración de independencia fue algo simbólico para no ir a la cárcel; o las últimas palabras de Puigdemont, en una entrevista a un diario belga, señalando que “siempre es posible” una solución diferente a la independencia, demuestran la irresponsabilidad de todas estas personas. MALA POLÍTICA, POLITICA MALA.

Pero estamos ante una nueva oportunidad:

  • Si un 67,9 por ciento de los ciudadanos de Cataluña cree que el proceso soberanista ha afectado a la convivencia, como señala el sondeo de GAD3 para La Vanguardia.
  • Si un 60,3 por ciento de los catalanes califica la situación política como mala.
  • Si un 67,2 por ciento de los ciudadanos de Cataluña cree que la economía catalana se ha resentido en las últimas semanas a raíz de la voluntad de declarar la independencia.
  • Si un 58,3 por ciento de la población considera que Cataluña ha salido perdiendo en cinco años de proceso soberanista.
  • Si solo un 20,2 por ciento de la población se considera únicamente catalán.
  • Si un 64, 1 por ciento de la ciudadanía catalana cree que la fuga de empresas de Cataluña afectará a la economía catalana a corto y largo plazo.

Si todo eso es así, es el momento de aprovechar la oportunidad y comenzar un nuevo camino de convivencia, entendimiento y fraternidad, que abandone el frentismo y las trincheras, y deje en un mal recuerdo a los Puigdemont y Junqueras de turno.

Cataluña necesita urgentemente estar bien gobernada. Y todos los catalanes están convocados a ello.

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