La declaración unilateral de independencia de Cataluña es un hecho histórico, eso no puede ponerse en duda. Otra cosa es la interpretación que se haga de dicho acontecimiento o la opinión que cada cual pueda tener de él. Habrá gente a favor o habrá gente en contra, incluso, increíblemente, habrá personas que pasen absolutamente del tema.

Sin embargo, hay algo fundamental de todo lo que ha ocurrido en el último mes e, incluso, en los últimos años: el fracaso del espíritu de la Transición por la falta de regeneración tanto de nuestra política como de los pilares sobre los que se asienta nuestra democracia. No ha fracasado la democracia. No ha fracasado el mal llamado «régimen del 78». Ha fracasado el sistema político que se diseñó e implementó durante la Transición por falta de revisión. Exactamente lo mismo que ocurre con un coche si no se lleva al taller para hacerle una puesta a punto.

Cuando se desarrolló nuestro Estado democrático había demasiados problemas satélites como para poder llevar a efecto todo lo que necesitaba el país tanto en el nivel político como en el judicial. Sin embargo, todo indicaba que el aparato democrático que salió del consenso de la Transición era provisional, era un modo de ir preparando a todos los españoles para la ruptura total con el aparato franquista que hubiera constituido la segunda fase de la construcción democrática.

No obstante, no ocurrió así. Más bien se volvió al inmovilismo hispánico que está en nuestro ADN. En vez de mejorar nuestra democracia, la dejamos como algo sagrado que no se podía tocar olvidándonos de que el tiempo pasa, la humanidad evoluciona y la sociedad tiene otras necesidades. No es normal que un país desarrollado como España siga manteniendo un sistema democrático diseñado y desarrollado hace cuarenta años. Pero somos así. No tocamos nada hasta que surge un problema y, si ese problema se puede resolver sólo, ¿por qué reformar lo que se ha demostrado que no funciona?

Eso es lo que ha ocurrido en España en muchos ámbitos pero, sobre todo, en lo político y en lo territorial. En el primer caso España ha fracasado por seguir manteniendo una ley electoral que ofrece unos resultados que no se corresponden con la voluntad del pueblo, por seguir manteniendo los privilegios de la Iglesia Católica, por continuar con instituciones que están en activo porque Franco así lo decidió. Es cierto que durante la Transición hubo que hacer demasiadas concesiones y dejar el trabajo a medio terminar. El problema español es que la obra se quedó como los esqueletos de las construcciones en las que se acaba el presupuesto, es decir, en el esqueleto.

En el caso territorial está claro que el modelo autonómico está agotado y que había que haber dado el paso hacia la España federal hace, al menos, 20 años. La España de las Autonomías no era más que el modo de preparar a los ciudadanos que llevaban 40 años con el España Una, Grande y Libre para sentirse españoles dentro de un Estado descentralizado. Mantener una solución provisional conlleva problemas y eso es lo que ha ocurrido con Cataluña. No se trata de los niveles de autogobierno, de las competencias o de los modelos fiscales. El problema está en la incomprensión por parte de las autoridades gubernamentales españolas de la singularidad de nuestro país que debe estar representado en un modelo federal y a través de una cámara de representación que realmente trate los temas territoriales. La declaración de independencia del día de ayer no es más que la consecuencia lógica de la falta de integración de una parte del país a causa de la ausencia de reformas que España ha dado para su modelo territorial.

Por estas razones y por la utilización de un medio coercitivo como es el artículo 155 queda claro que el modelo de la Transición ha fracasado. Por esta razón es fundamental que todos los partidos políticos se pongan a trabajar para reformar total o parcialmente, incluso creando un proceso constituyente si hiciera falta, la Constitución y el modelo democrático construido hace más de 40 años.

Un país como España no puede fracasar más porque nuestra historia ya está cubierta de fracasos que luego cuesta mucho trabajo, sudor y sangre restañar.

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