Al final, a algún ciudadano que ha sido calificado de extorsionador y por tal motivo se encuentra en la cárcel, va a haber que darle la razón. Muchas han sido las voces que han pedido al juez Fernando Andreu, que instruye el caso Bankia donde se investiga una presunta estafa en la salida a bolsa del grupo bancario, la imputación del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, sobre el cual existen indicios de que conocía la situación contable y, aún así, autorizó dicha salida a bolsa. Hasta ahora, el magistrado ha rechazado las peticiones en tal sentido formuladas por las acusaciones. Pero ahora, y después de haberse conocido una serie de correos internos enviados por el coordinador de la inspección a Bankia, José Antonio Casaus, a su superior, el actual director general adjunto de supervisión, Pedro Comín, el caso ha dado un nuevo vuelco. Fernández Ordóñez se encuentra a un paso de ser imputado. Esta vez sí.

“La generación recurrente de resultados del grupo Bankia sigue muy débil, aspecto especialmente grave en un contexto de costes financieros crecientes”, señala Casaus quien advierte de “las dudas de los mercados” sobre su salida a bolsa por dos motivos: “el peso de su deuda y las políticas de pan para hoy y hambre para mañana”. El inspector se refiere a la intención del presidente de la entidad, Rodrigo Rato, de ingresar más de 3.000 millones por la salida a bolsa, y la venta de participaciones en empresas como Enagás, y Genesa con las cuales hacer caja. Bankia, entonces, ganaba dinero, 190 millones, pero casi todos ellos procedían de beneficios atípicos, casi nada por la explotación del negocio.

Casaus advierte también de la “escasa solvencia”. La matriz del grupo, el Banco Financiero de Ahorros, BFA, donde el Frob tuvo que inyectar más de 4.000 millones de euros, y, sobre todo el Banco de Valencia. Un mes antes de la salida a bolsa, Casaus tuvo que reunirse con los miembros del consejo de administración de esta filial. No había liquidez y había vencimientos inmediatos por 700 millones. En otro correo, el coordinador de la inspección llega a decir que los cálculos contables efectuados por el equipo de Rato, de cara a superar los tests solicitados por las agencias internacionales, eran “cuentas de mierda, y perdón por lo de cuentas”.

A los avisos de Casaus, Fernández Ordóñez dio la callada por respuesta. Dejó que Bankia saliese a bolsa, operación que está siendo investigada por la Audiencia Nacional como presunta estafa. Ordóñez aún defiende que Bankia era viable antes de salir a bolsa y que lo que se la lleva por delante es la segunda recesión de ese año.

En cuanto al superior de Casaus, Pedro Comín dio al juez Andreu una versión radicalmente diferente a la que figura en los correos internos enviados por los inspectores: “la situación de Bankia era relativamente cómoda antes de la salida a bolsa”. Sin embargo, el propio Comín dijo a directivos de la entidad que “en el Banco de España estamos incómodos con la situación del Banco de Valencia… los riesgos son importantes”. Dos meses después, en 2011, reconoció que “en Bankia hay capital que no puede ser considerado como tal”

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