De lo concreto a lo total, del día a día familiar al recorrido histórico de todo un país. Pocos escritores tienen el don para encomienda tan exigente. Richard Ford es uno de ellos. Es una de las plumas de referencia de la literatura anglosajona a todos los niveles, su saga protagonizada por Frank Bascombe es literatura total que alumbra la historia reciente de la principal potencia mundial de los últimos cien años. Y lo es sin dudas porque este ex agente inmobiliario, ex periodista deportivo y escritor interruptus que ha logrado superar un cáncer de próstata pero aún se duele a diario por la muerte prematura de un hijo de nueve años resume el sentir de toda una nación hecha a sí misma con perfiles como los del ficticio Bascombe.

“Cuando la gente me pregunta por mi infancia siempre digo que tuve una infancia maravillosa, y que mis padres eran unos padres maravillosos”

El propio autor aporta, en la nota introductoria a esta edición en español de Entre ellos (Anagrama), unas pinceladas autobiográficas relacionadas con sus progenitores que dan buena cuenta de qué pocos recursos estilísticos y narrativos necesita este autor nacido en la sureña Jackson, Mississipi, en 1944, para crear verdaderos artefactos literarios sin colorantes ni conservantes. Literatura con mayúsculas en estado puro, certero en las descripciones, directo en las aseveraciones y con un ritmo admirable en sus estructuras narrativas. “Fui un chico criado por dos personas muy diferentes, cada una de las cuales tenía una perspectiva propia que inculcó en mí, procuraba actuar de acuerdo con la otra y poseía una de las dos miradas a través de las cuales yo trataba de ver el mundo circundante”.

Los dos textos agrupados en Entre ellos fueron escritos con una diferencia de tres décadas entre ambos, pero su coherencia interna es indudable y su lazos perfectamente enhebrados para conectarlos entre sí. Indagando en el matrimonio que formaron sus padres, Parker y Edna, Richard Ford aglutina una forma de vida que retrata la forma de ser de todo un país, los ideales y sueños de una nación entera.

Dos jóvenes de la América más profunda, la de Arkansas, por ejemplo en este caso concreto, se enamoran y contraen matrimonio en 1928. Richard nació de esta unión en 1944. Un padre comerciante de aspecto bonachón que pasa la mayor parte de la semana de viaje fuera de casa. Una madre con un secreto inconfesable de su pasado que queda viuda con solo 40 años cuando Parker sufre un fulminante ataque al corazón. Richard tenía tan solo 16 años. Ella debe asumir en solitario la crianza del adolescente.

A primera vista, podría parecer que estamos ante la vida de cualquier familia con su anodino y cotidiano día a día insustancial, pero es ahí precisamente cuando entra a funcionar la magia de la literatura. Y en este empeño Richard Ford pone todo de su parte para escribir un libro bellísimo, tierno y al mismo tiempo indulgente, aunque se inmiscuya en el discurrir vital de sus progenitores.

La parte correspondiente a la semblanza de su madre, que en el libro va en segundo lugar, ya fue publicada de forma independiente a comienzos de los ochenta, poco después de su fallecimiento. El texto centrado en la figura del padre es la gran novedad, escrito medio siglo después de aquel infarto cardiaco fulminante, que dota de nuevo sentido al dedicado a su progenitora al conformarse como libro unitario.

Por si pudiera quedar alguna duda entre los lectores del objetivo buscado por Richard Ford sobre esta semblanza de sus padres, en el epílogo especifica: “Cuando la gente me pregunta por mi infancia siempre digo que, tal como he dado fe más arriba, tuve una infancia maravillosa, y que mis padres eran unos padres maravillosos”. Poco más se puede decir después de esto.

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