Foto Agustín Millán

Pablo Casado ha empezado ya a estrechar lazos políticos y comerciales con América Latina con vistas a ser presidente de España algún día, tal como aseguró en la presentación de su programa de Gobierno en el Hotel Palace de Madrid apenas unos días antes de las históricas primarias que lo auparon a la jefatura del PP. Hasta ahí nada extraño, todo aspirante a la Moncloa va tejiendo sus apoyos y alianzas internacionales mientras le llega el ansiado momento de gobernar. Solo que el líder popular ha elegido ya con quién quiere sentarse al otro lado del Atlántico y entre sus interlocutores no figura la Venezuela de Maduro, precisamente, ni tampoco los viejos líderes de la revolución castrista. Casado parece tener una visión de Latinoamérica ciertamente reducida y excluyente, si nos atenemos a la agenda con la que esta semana despachará con gobernantes sudamericanos. Todos los líderes con los que tiene previsto entrevistarse tienen algo en común: un marcado perfil conservador, cuando no un pedigrí de ultraderecha populista y caribeña. Casado no ha reservado ni un solo hueco en su ronda de entrevistas para los países gobernados por partidos de centro-izquierda (mucho menos para aquellos que han seguido la senda de la revolución). Por lo visto, la intención del presidente del PP es estrechar lazos con los hermanos latinoamericanos, pero solo con aquellos que piensan como él. El resto de países, los chavistas, comunistas, revolucionarios o parias de la famélica legión latinoamericana, directamente no interesan.

Casado no ha tenido en cuenta a los países donde gobiernan los partidos de izquierda

El primer contacto previsto en la agenda de Casado tuvo lugar ayer lunes con el presidente de Colombia, Iván Duque. Tras sus inicios como consultor del Banco de Desarrollo Iberoamericano, Duque formó parte del equipo del presidente Álvaro Uribe, con quien trabajó como asesor internacional. Durante la campaña a la presidencia llegó a calificar al candidato opositor de la izquierda, Gustavo Petro, de “partidario del castrochavismo”, agitando el fantasma del comunismo, un juego que Casado suele practicar a menudo, sobre todo en época electoral. Duque ha advertido de que modificará los acuerdos de paz con las FARC, aunque “sin romperlos”, para que “las víctimas sean el centro del proceso y garanticemos verdad, justicia, reparación y no repetición”. Un discurso muy parecido, salvando las distancias, al que el presidente del PP mantiene en España respecto al desarme de ETA. La guerrilla, a través de su líder, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, ya ha advertido de que si Duque olvida la aplicación de los acuerdos de paz “lo único que logrará será llevar al país a un nuevo ciclo de múltiples violencias”.

El mismo lunes Casado se reunió con el presidente de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA), Óscar Ortiz. La UPLA tampoco es un ejemplo de pluralismo ideológico, ya que aglutina a los partidos liberales, conservadores y democristianos de América del Sur. Por ahí tampoco parece que la intención de Casado sea estrechar los manidos “lazos de amistad”, al menos no con los estados sudamericanos que no sean de la cuerda ideológica del Partido Popular.

Tras su charla con Duque y Ortiz, hoy martes a partir de las 14.30 Casado ha retomado su intensa agenda de contactos con la reunión prevista con el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, y con el secretario de Estado de aquel país, Luis Rivera Marín. Rosselló ha pedido al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que convierta a la isla caribeña, un territorio colonial, en el estado número 51 del país norteamericano, algo que quizá a Casado no le parezca una mala solución al conflicto, tan alérgico como siempre se ha mostrado a los procesos de autodeterminación de los pueblos. “La gente de Puerto Rico ha escogido en dos ocasiones en los últimos cinco años que no queremos seguir siendo un territorio, queremos ser un Estado, queremos ser tratados con igualdad, queremos una ciudadanía americana, solo una ciudadanía americana”, ha dicho Rosselló con vehemencia mientras Trump soltaba bromas y chascarrillos con las propuestas del gobernador portorriqueño.

El maratón de reuniones de Casado proseguirá esta tarde con entrevistas con los presidentes del Partido Conservador de Nicaragua, Alfredo César Aguirre, y de Honduras, Juan Orlando Hernández. El primero le disputa el poder al histórico Daniel Ortega, mientras que el presidente hondureño y líder del Partido Nacional llegó al Gobierno en medio de los rumores de pucherazo. En una reñida carrera electoral Hernández obtuvo el 42,95% de los votos  contra el 41,24% del candidato de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, Salvador Nasralla, quien dijo que no reconocería los resultados oficiales porque se estaba fraguando un “fraude” contra él. La Organización de Estados Americanos (OEA) tuvo que mediar en la polémica ante “la imposibilidad” de “dar certeza” en el recuento definitivo de las elecciones. Finalmente, tras una oleada de violencia en las calles y siete muertos, Hernández obtuvo la reelección para imponer su programa de tintes populistas.

Los antecedentes de los nuevos jerarcas latinoamericanos no parecen preocupar a Casado, que también mantendrá una reunión con el presidente de Chile, Sebastián Piñera, cuya trayectoria política la resume la BBC con esta frase certera: “Primero se convirtió en una de las tres personas más ricas del país. Luego fue presidente de 2010 a 2014. Y ahora ha vuelto al cargo más alto de la nación”. Empresario e inversor de éxito, Piñera parece seguir los pasos de Donald Trump y de él se dice que cuando llegó al poder “el conocimiento sobre el Estado fue algo que le costó tiempo aprender”. Dueño de una de las mayores fortunas de Chile, con un capital estimado de 2.700 millones de dólares en 2017, según la Revista Forbes, Piñera encarna la visión de la política desde el dinero más que desde los principios.

A partir de las 19.00 Casado se reunirá con el presidente de Argentina, Mauricio Macri, otro seducido por el populismo neoconservador cuyo partido, Propuesta Republicana, ha alcanzado el poder con la ayuda de los sectores más reaccionarios de la sociedad, la democracia cristiana y poderosas multinacionales como Shell (el presidente de la filial argentina de la compañía, Juan José Aranguren, fue nombrado ministro de Energía y Minería por Macri).

Toda esta serie de contactos oficiales con las fuerzas más retrógradas de América Latina dicen mucho de los planes en política internacional del que, si los másteres dudosos no lo evitan, puede llegar a ser presidente de España algún día.

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