El destino ha unido Cartago con la Península Ibérica en más de una ocasión, dejando huellas y marcas de una civilización oriental refinada, la de los fenicios.

Las tierras de Cartago, de la Península ibérica y Sicilia han sido sucesivamente ocupadas por casi todas las grandes civilizaciones que cruzaron el mar Mediterráneo.

Sus puertos y playas han visto el desembarco de fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, árabes, bizantinos, normandos, franceses, españoles, austríacos et las potencias del Eje y los Aliados durante la segunda guerra mundial.

Si repasamos, únicamente la historia de los dos Cartagos, la de África del Norte y la de Carthago Nova la Ibérica, veremos que no hubo verdaderas guerras entre sí.

Por lo demás, los dos pueblos vivieron largos tiempos de concordia y de entendimiento y se apoyaron mutuamente a pesar de las distancias que les separan.

A nivel estratégico, como se puede observar, los canales y los estrechos del Mediterráneo, debido al desarrollo de la alta tecnología militar, hoy son de menor importancia. Sin embargo, siguen conservando su importancia táctica como fue durante la segunda guerra mundial.

En cuanto a las guerras púnicas y particularmente la que dirigió el general Aníbal, fue un enfrentamiento impresionante de duelo imperial.

Hay que imaginar lo que costó la preparación de esta campaña en aquellos tiempos, hace dos mil dos cientos años. Algo parecido a los preparativos de la segunda GM entre los aliados y las fuerzas del Eje.

Hannibal había jurado ante su padre que siempre será el enemigo de Roma. Un juramento que explica la determinación del general cartaginés contra Roma.

Carl Von Clausewitz, general prusiano y pensador militar decía: “para lograr un gran objetivo decisivo, hay que arriesgar a lo grande y actuar con energía y tenacidad”.

El general Aníbal y su ejército, partieron de la Península ibérica y atravesaron los Pirineos y los Alpes, decididos a vencer Roma, un objetivo de gran magnitud.

Allí, después de 18 años de combate derrotaron a los romanos en grandes batallas campales como la del río Trebia, la del lago Trasimeno o la de Cannas. Batallas que se consideran aún como mejores ejemplos de aplicación del arte militar y de sus tres pilares, la inteligencia militar, la sorpresa y el contraataque. Estás batallas se estudian actualmente en grandes escuelas militares de Madrid, Túnez y en muchos países. En 1991, en la biblioteca de la Escuela de Estado Mayor de Madrid, había toda una parte reservada a miles de estudios sobre el general Aníbal.

Aníbal es uno de los mejores estrategas de la historia, sobrepasando, según los historiadores romanos, a todos los generales de su época.

Lo que hizo la diferencia entre los dos ejércitos es la organización del ejército cartaginés cuya mayoría estaba compuesta de profesionales bereberes.

Los soldados bereberes son combatientes natos, ellos y sus caballos han sido determinantes en todas las batallas, de todos los tiempos. Contra los romanos en la segunda guerra púnica, contra Aníbal en la tercera guerra púnica, contra los romanos otra vez en África y contra la islamización de Túnez. Son estos mismos soldados que forzaron el pasaje para islamizar el Magreb, la Península ibérica y más arriba en Europa hasta unas treinta leguas de París.

En la segunda guerra mundial, decenas de miles de jóvenes tunecinos (bereberes) fueron reclutados para combatir el nazismo al lado de las fuerzas aliadas.

En un documento titulado “A la gloria de los tunecinos al servicio de Francia”, el General Jacques Humbert hablando del cuarto regimiento de “tirailleurs” tunecinos escribió: “…Medito sobre el orgullo que debe inspirar a Francia… los tunecinos respondieron a la llamada y se sacrificaron por su salvación, hasta el punto de afirmarse, en títulos de gloria, a la cabeza de los regimientos franceses. Acerca de los tirailleurs tunecinos —agrega el general— su disciplina espontánea, marcada con una vieja civilización, hizo de ellos una tropa muy agradable de mandar, inspirando toda la confianza y sobre la cual no había necesidad de imponer “.

Incluso Aníbal mismo, el gran general cartaginés, fue derrotado por aquellos soldados de la caballería númida (bereber) en la batalla de Zama en 146 a.C y sin ellos la guerra púnica hubiese tenido un final muy diferente.

El sueño del general Aníbal quizás era ofrecer su victoria a su padre Amílcar Barca y a Cartago, luego volver a Carthago-Nova para librar su última batalla persiguiendo los Romanos. Pero, posteriormente, al llegar a los alrededores de Roma, sin legiones para defenderla, Aníbal cambió de opinión, se desistió por su propia voluntad y no entró, sin razón. Para él, invadir la città romana era como romper una puerta abierta. El Imperio Romano se negó a defender su capital, ¿por qué? Una pregunta que sigue sin respuesta.

Los historiadores piensan que las razones son políticas y no militares. Dentro de la República de Cartago, los senadores, en general opuestos a los militares, han sido desde el comienzo de la Segunda Guerra Púnica divididos sobre el papel y las funciones de Aníbal y sobre la política a seguir ante el rival romano.

Sin políticos clarividentes, el mejor general del mundo no será capaz de continuar su misión militar…

Según los mismos historiadores, la clasificación cronológica de las tres guerras púnicas, sería una división artificial y arbitraria del tiempo y sin criterios objetivos.

Cartago fue durante varios siglos una de las ciudades reinas del mundo antiguo y Roma, si pudiera, habría borrado hasta el recuerdo de este Cartago que lo había hecho temblar.

De todas formas, han sobrevivido muy pocas fuentes históricas y la civilización cartaginesa fue escrita por historiadores griegos y romanos, de culturas siempre rivales de Cartago.

De la misma manera, ha sido censurada la historia árabe de Andalucía y ocho siglos de civilización española brillante [711-1492] parecen no haber existido.

Sin embargo, para los árabes y los intelectuales cristianos y del mundo entero, incluso la Iglesia católica, era una edad de oro y un patrimonio cultural español específico, un período mítico beneficioso a la humanidad en general y España en particular.

Por lo que corresponde a la presencia militar española en Túnez en el siglo XVI, habría que aclarar que era una operación para detener la expansión de Turquía.

A continuación, después del término de la ocupación española, los contactos y relaciones continúan entre los dos pueblos gracias al comercio con Aragón, Cataluña y las islas Baleares. También gracias a las llegadas frecuentes de moriscos expulsados de la Península. Los enlaces se multiplican a través los barcos que transportaban españoles árabes expulsados, cuya mayoría son de la clase media o de familias enteras ricas, acompañadas por sus esclavos.

El Reino de España es una herencia magnífica de todo el bueno de Cartago, de Roma, de los árabes y del Imperio español, la Monarquía Hispánica, donde nunca se ponía el sol.

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