Querido joven europeo,

Muchas gracias por tomarse estos instantes, que prometo serán breves, y dejarme decir unas pocas cosas que, para mí, tienen una notable importancia.

Querido joven europeo, he venido hoy aquí para hablarle de Europa. ¿Qué es Europa para usted? Mientras piensa, responderé yo: Europa la paz, joven.

Usted habrá estudiado la historia, y sabrá que en su continente las guerras han marcado una línea, desde el imperio y la época feudal, guerras de treinta o de cien años, guerras religiosas, hogueras inquisidoras, guerras napoleónicas, comunas, guerras de unificación, hasta la terrible profundidad de lo indescriptible con los últimos conflictos, verdaderos genocidios mundiales de hace aproximadamente cien años, que para las dimensiones de la historia es antes de ayer. En fin, usted es más joven que yo y recordará esto que habrá aprendido en el colegio o la universidad. ¿Sabe cuántas guerras hubo en la Comunidad del Carbón y del Acero, luego en la Comunidad Económica Europea y, en fin, en la Unión Europea? Correcto, cero guerras.

¿Le parece poco? No, a mí tampoco.

Si repasa brevemente las uniones regionales del planeta, verá que nada se parece a la Unión Europea. No es una mera asociación para reducir los impuestos aduaneros: como usted sabe la Unión Europea tiene una Comisión, un Parlamento donde, al igual que en los estados, trabajan los ciudadanos como usted y como yo, elegidos directamente. Se aplican normas de las que, permítame decir, usted posiblemente disfrute aunque no lo sepa: facilidades para viajar, cuidado del ambiente, asistencia sanitaria, reducción de las tarifas (por ejemplo, en la telefonía móvil), derechos del consumidor, abolición de las tasas en el comercio entre los estados miembros, entre otros.

Usted pertenece a una unión cuyos principios son la democracia, la paz, la libertad y la solidaridad entre estados. Quizás ya escuchó esto muchas veces, pero mire que esto tiene un valor único en la Tierra.

Y fíjese que no contentos con los logros jurídicos de las Naciones Unidas, en Europa los derechos son tan importantes que establecieron un Tribunal de Derechos Humanos.

Además de la ampliación y afirmación de derechos, en Europa la cultura y la democracia ocupan un lugar central. ¿Ha dado una vuelta por el globo? Verá que, en un mundo donde florecen estados que amenazan a la prensa, que arrestan a los profesores universitarios, que modifican Constituciones para reducir los espacios de las minorías, que atenúan la responsabilidad de los agresores en situaciones violencia de género, sepa, querido joven, que Europa no es perfecta pero es un ejemplo.

Con los que nos cuesta a diez desgraciados ponernos de acuerdo para armar un partido de fútbol en el parque, hay veintisiete estados, cada uno con millones de personas, lo digo de nuevo, cada uno con millones de personas, no solo ciudadanos sino habitantes, que ceden un poquito de su propio poder, que se llama soberanía, para constituir juntos una cosa más grande.

¡Este que tenemos aquí, querido joven, es el ejemplo de civilización institucional más avanzado de la historia! Casi me emociono mientras redacto estas líneas para usted, sepa disculparme si se me escapa una lágrima sobre la hoja.

Naturalmente, tiene sus problemas, ¿cómo no los va a tener? El tiempo sigue avanzando, por un lado surgen nuevas necesidades y por el otro es evidente que se cometen errores, que deben arreglarse. No, en eso no estoy de acuerdo con usted: Europa no es solamente la moneda común, permítame decirle que reducir la constelación de instituciones, de democracia, de valores comunes a lo monetario es ignorar una buena parte.
Coincidirá conmigo en que para cambiar lo que no está bien es necesario conocer el mecanismo en su conjunto. ¿Cómo puede hacer un mecánico que el auto arranque si no conoce las partes del motor y su función?

Usted, que es joven, quizás participó del programa Erasmus. ¿No lo ha hecho? Pues espero pueda hacerlo pronto.

¿Conoce alguien que haya participado, sea yendo al extranjero o habiendo viajado a su país? ¿Ha sido una buena experiencia? Créame, en ninguna otra región del mundo le dan una ayuda financiera para que usted vaya a estudiar a otro lugar, salvo alguna fundación privada, pero que de ninguna manera se compara con la cantidad de estudiantes que gozan de la posibilidad del Erasmus. Tiene a su disposición una oportunidad que le envidian los jóvenes de todo el planeta. No se conforme: protagonice, aproveche, disfrute de esto que alguien se preocupó en darle.

Y le hago la última pregunta: ¿En qué piensa usted cuando escucha “Europa”? Precisamente lo mismo me respondieron otros jóvenes con los que conversé hace poco: aquellos edificios vidriados de Bruselas, los enormes salones con micrófonos en Estrasburgo, lugares a los que mandamos jefes de gobierno y de los que llegan reglamentos, ¿verdad?

Le voy decir una cosa: Europa es también Bruselas. Europa es también Estrasburgo. Europa es también Tomares, la urbanización que encuentra al lado de Sevilla, y es también toda Andalucía. Europa es la pizza de Nápoles, o el pueblito de Francia donde usted estuvo aquella vez con su familia, que había olor a queso porque vendían el queso que hacían allí mismo. Europa son las montañas eslovacas, los cafés de Viena. Las gárgolas de Praga, el reflejo del Danubio en Budapest, Europa es el Puente Adolfo, en Luxemburgo. ¿Aún no lo ha visto? Puede buscarlo en internet, aunque en vivo es más bonito, se lo aseguro. Europa es Christiania, el barrio alternativo de Copenhague, son todos los pubs y los poetas irlandeses, los tranvías de Portugal. ¿Ha tenido la suerte de visitar las playas de Sicilia, de Croacia, de Grecia? Yo aún no, pero espero que usted sí, y eso también es Europa, que a la vez es Alcobendas, los canales de Ámsterdam, los castillos escoceses, la aurora boreal de Finlandia.

Pero, más allá de estas postales, Europa es su familia, sus amigos. Europa es la gente que hace de este su lugar en el mundo. La Unión Europea es suya, y usted es la Unión Europea.

Joven europeo, usted es el presente y el futuro de la Unión: infórmese. Escuche a quienes están en contra y escuche a quienes están a favor, verifique. Escríbale a sus representantes, los hay en varias de las instituciones y no son astros inalcanzables: están a su servicio. En internet encontrará direcciones de correo electrónico, conozca sus nombres y sus caras, porque además hay una fotografía de cada uno. Trabajan en el Parlamento Europeo, consúlteles qué proyectos han presentado, propóngales cómo cree usted que pueden mejorar su ciudad o su región, porque usted lo sabe mejor que nadie y porque ellos están allí para eso.

A veces, uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde. Espero que no sea su caso. Involúcrese, querido joven europeo. Somos millones de personas quienes confiamos en usted.

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Nicolás Fuster nació un martes en Buenos Aires. Se buscó en Argentina, el Reino Unido, Bélgica y Luxemburgo. Estudió música y trabajó en una librería. Tiene una relación extramatrimonial con la Literatura y es un lector desordenado. Actualmente estudia Relaciones Internacionales en Sapienza (Roma).

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