Perdidos los hilvanes de la credibilidad del régimen, se nos habla a los ciudadanos de regeneración democrática en un intento de reconstruir las bambalinas del escenario en un constante intento de enjalbegar los muros de un sistema cerrado en lugar de derribarlos, cuando la verdadera regeneración sólo puede consistir en salvar el Estado de derecho de la degeneración a que lo ha conducido el positivismo jurídico y los intereses de los estratos dominantes, los cuales lo han convertido en una idea que o no significa nada o es incapaz de encarar los dos frentes en que se despliega la irracionalidad: por un lado, la irracionalidad del sistema neoliberal, generadora de un nuevo feudalismo económico del que es encubridor el Estado formal de Derecho; de otro lado, la irracionalidad autoritaria. Ante ello, sólo una democracia radical, con empuje social desde abajo, puede dotar al Estado de un contenido económico y social para realizar dentro de su marco un nuevo orden de igualdad y de distribución de bienes que sea una alternativa válida frente a la anarquía económica y las tentaciones autoritarias. En definitiva, devolver la soberanía a los ciudadanos.
Cuando el ocaso de un régimen no se desencadena por vicios ocasionales, sino por aquellos que lo constituyen, -los “chismes” según Rajoy– es casi imposible cualquier tipo de regeneración sin que implique la quiebra definitiva del sistema político. Se pueden redefinir los contornos pero no la esencia. Abolida la ciudadanía como portadora de derechos a favor, en la jerga de Veblen, del interés de las personas sustanciales –élites- el déficit democrático es unos de los rasgos, como nos indica Chomsky, que nos diagnostica la presencia de un Estado fallido. Pero de toda esta crisis poliédrica y metastatizada, la ambigüedad de la izquierda es uno de los elementos más paradójicos. Desterrada la ideología de su riego sanguíneo por la adaptación a un sistema que niega el modelo de sociedad que debería propugnar, es incapaz de redefinir un pensamiento crítico que interpretando una realidad que resulta tan injusta, la transforme.
El malestar de la gente ha desmontado la tramoya que daba aliento a los matices de una misma política como alternativas, quedando al aire, sin disfraz ni mortaja, la influencia sin límites de las élites usufructuarias de un régimen de poder que ha vulnerado la centralidad democrática de la ciudadanía, empobrecido y marginado a las clases populares, desmontado la cohesión social y recentralizado el Estado. No deja de ser una ingenuidad, aunque autoritaria y dolosa, por parte de la clase dirigente creer que la solución a los problemas es aplicar la antífona fernandina de que todo vuelva a su anterior estado, pensando que la mauvaise foi, el autoengaño social del que nos hablaba Sartre, facilitará las cosas.
Por todo ello, la militancia del PSOE ha expresado mayoritariamente en las primarias la necesidad urgente de reubicar los valores identitarios e ideológicos naturales del socialismo democrático en la centralidad de la acción política del partido al objeto de configurar una auténtica alternativa que proceda a una profunda regeneración democrática y a un necesario y justo cambio social. El movimiento espontáneo de las bases del PSOE que ha culminado en el resultado de los comicios internos, es un hecho auténticamente histórico en el que la voz de la militancia ha expresado con claridad que el socialismo no puede ser una simple corrección a la radicalidad conservadora. La ciudadanía presiente que se ha quedado sin voz, sin instrumentos políticos de autodefensa ante un sistema cada vez más impermeable a las demandas y necesidades de las mayorías sociales y donde el PSOE corría el riesgo de convertirse en una izquierda fallida en un Estado fallido en su afán de ser una alternancia en lugar de una alternativa a un régimen de poder en decadencia.
La voluntad de los militantes del PSOE es irrevocable por el bien del partido y de la misma calidad democrática de la nación. Aquellos que optaban, con cierta banalidad política y exceso de ambición personal, por mantener, como epifenómenos de la derecha, una imposible ya alternancia mecánica, deben entender que no es tiempo de trincheras sino de convertir en peldaños los muros que el sistema impone a las mayorías sociales.
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1 Comentario

  1. Vara, Page, Ximo, Lamban y Abel Caballero deberían ir limpiando sus mesas de trabajo, y silenciosamente, sin mucho ruido, ir desapareciendo poco a poco por el foro……
    Si ellos mismos examinan sus declaraciones de los últimos meses y luego las comparan con los resultados de estas primarias, nadie les debería pedir que se fueran. Se deberían ir solitos.
    A la Sultana la va a costar un poco más de tiempo digerir los resultados, porque, por lo que se ve, se cree justificada porque ha ganado en Andalucía….pero…..en unos meses y según vaya viendo cómo evoluciona “el mercado” creo que también debería iniciar la retirada.
    En cuanto a los Felipe, Guerra, Bono, Solana, Zapatero, Valenciano y Rubalcaba deberían comprender que su tiempo ha pasado ya y se podrían dedicar a tirar miguitas de pan a los pájaros, como actividad principal (y a ser posible única).

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