Muchas personas han sido las que se han despedido de ti, de tu recuerdo como buen ateo que eras. Seguramente, esas personas te han conocido mucho mejor que yo, tanto a ti como a un tal Enrique Hinojosa Vázquez, pero yo quiero resaltar tu relación con un colectivo que, que yo sepa, no se ha mencionado, el colectivo de personas con discapacidad. Y es que, como bien indica Leo Bassi, entre bufones nos reconocemos y nos apoyamos.

Si ignoramos las mentiras y las injurias que de ti se dijeron, tu relación con la discapacidad siempre ha sido de sincero y leal apoyo en su emancipación y empoderamiento. En tres terrenos me mostraste tu apoyo: En el activismo social, en el empoderamiento político, y en mi faceta de columnista amateur.

Mediáticos defensores de los Derechos Humanos, menospreciaban el concepto discafobia, por una presunta “cacofonía”, para luego utilizar este término, con el nombre de disfobia para autopromocionarse mediáticamente sin ninguna consideración a la creadora de ese concepto, mi compañera Mar, ni a mi humilde persona. Sin embargo, tú tuviste la amabilidad de citar el concepto tal y como fue creado en tu blog de Público con una cariñosa referencia a mi persona, la cual agradeceré siempre. Muestras de respeto y cariño como esa no se dan mucho con la discapacidad en el mundo del activismo. Por eso, te agradezco tus piropos sinceros, te los agradezco más que las vacías palmaditas en la espalda de otras personas que más me parecen puñaladas. Y es que tú me supiste escuchar (leer) y respetar mi trabajo en vez de juzgarlo, o peor, utilizarlo.

En cuanto a la faceta política, no te dolían prendas de presentarme a mí, a Mar y nuestros proyectos a las políticas de moda en el momento, promocionando nuestras ideas y proyectos, aunque me temo que no surtía mucho efecto, pero que vamos a hacer, no todo el mundo tiene la misma sensibilidad, ni la misma autenticidad militante que tú. Por otro lado, como ya sabes, a los bufones, si no son de la corte de una no se les hace mucho caso.

Por eso mismo, ahora mismo he decidido instalarme en las afueras de la corte para poder hacer mis gracias satíricas como tú, sin ceñirme a un argumentario. Y en eso también me has ayudado dignificando mis escritos con tu atención, tus comentarios y tu promoción desinteresada. También insistiendo a la gente de Público para que tuviesen en cuenta mis opiniones.

Por todo ello quería darte las gracias. Gracias por tus palabras de apoyo y cariño, por tus retwits, por cogerme siempre el teléfono (contestar a mis whatsapps), etc, etc…. En definitiva, gracias por ser tú. Lo único que no te voy a perdonar es que nos dejaras tan pronto. Hasta siempre amigo.

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