Qué poema y qué placer y qué venganza era la cara del joputilla del Doctor Marko, sonriéndole de oreja a oreja a Carlos Sainz. Al mismo Carlos Sainz a quien había negado el pan y la sal. Ese Carlos Sainz que quería guardarse en la manga para siempre jamás por si le fallaban el gran Daniel Ricciardo o el pequeño pero brillante Max Verstappen.

Ah, qué delicia verlo sonreír, al doctor Marko, Helmut Marko, con una sonrisa entregada, una sonrisa -¡seamos claros, joder!- una sonrisa de pelota. Boing boing boing.

Todo en Austin Texas Colorado era fiesta, alegría y ganas de celebrar:

Vettel mantenía los dientes apretados y la predisposición a luchar, bien por él.

Valteri Bottas parecía a punto de romper a llorar; ahora debe comprender la increíble hazaña que logró Nico Rosberg cuando consiguió superar al Rey Sol de la Fórmula Uno actual: señor Luisito Hamilton.

Ricciardo le mojó la oreja al magnífico, pero pelín pasado de creído, señorito Max Verstappen.

Fernando Alonso también le sacó un par de semáforos de ventaja a su Vandoorne.

Pero sobre todo el gran Carlos Sainz ha puesto los aranceles encima del capó: “Aquí los tengo y aquí mando yo”. En absolutamente todas las confrontaciones del fin de semana, sólo falta la carrera, quedó antes de Nico Hulkenberg. Y Hulkenberg es un piloto que llevaba siglos bisiestos sin superar por sus compañeros de equipo (aunque claro, con el amigo Palmer el logro no era tan meritorio).

Pero lo bonito, lo que mola mazo, de lo que me pienso acordar incluso después de tomarme el siguiente burbon, otro, por favor es de la imagen que, bien por ellos, transmitieron las cámaras de movistar tv.

Iba Carlos Sainz serio, concentrado, totalmente dueño de sí mismo y vestido de blanco. Y entonces vio a su jefe actual, el capo de Renault, Abitebul, sentado junto a sus ex jefes y aún medio jefes, el ínclito Christian Horner y “John Silver el Tuerto” alias Doctor Marko. El mismo tipo que en el mes de julio le decía, y lo hacía en público para hacer más sangre: “Carlitos, no muerdas la mano que te da de comer”.

Pero Carlitos más que hambre lo que tenía y tiene es un excelente apetito. Y ha mordido todo lo que tenía que morder, hasta conseguir un asiento que le permitirá que tiene condiciones y aptitudes para convertirse en campeón mundial.

Qué gozada, por favor, la sonrisa de pelota de Helmult Marko. Ya lo he dicho antes, pero lo repito una vez más, porque me ha encantado. Y repito aún de nuevo: no lo pienso olvidar.

Otra sonrisa pelota, Doctor Marko, por favor.

 

Otro burbon, por favor.

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