Andaba yo alegremente, entre trago y trago, enredando por Feisbuk, y compartiendo con cuantos grupos y aficionados a la F1 encontraba mis sublimes artículos sobre LAS ALMAS Y LA F1 en Diario16, cuando de repente la paginita dejó de funcionar. Y me contaron… ay que risa

Y me dijeron… es que me descojono.

Me dijeron que si mi nombre no era mi nombre verdadero… me quedaba sin mi paginita. Esa que yo les hago gratis por completo y encima son capaces de limpiarse la cloaca con ellos.

¡Estoy tan contento!

En las ilustraciones para este apasionante y feliz artículo uso los pantallazos de los bonitos mensajes de feisbuk. Tan pacatos. Sí, eso es exactamente lo que son: pacatos.

ME DICEN: Sólo puedes utilizar el mismo nombre que en la vida real.

¿Y por eso en Facebluf hay un señor que se llama Chori Zito? Seguro que sí, que es su verdadero nombre y una señora se busca a un señor que se apellidaba Zito (¿y los Zitipaldis? ¡Viva la F1) y le bautizó Chori.

En la vida real todos me llaman Tigre y en el mundo de la ficción todos me llaman Tigre, Tigre Manjatan; pero eso no voy a explicárselo al robot que ha ejecutado (de ejecución) mi paginita bailona.

Me piden que les mande un carné de identidad. A mí, que salgo enmascarado hasta en el perfil de este noble y valiente periódico.

Ahora un poco más en serio. Cuando nació Facebook, yo ya bebía suficientemente duro, pensé que sería un lugar donde un creador podría expresarse a sí mismo. Y creo que muchísima gente más lo pensó pues hay infinitos nombres, más o menos imaginativos, en el Libro de LOS caras. Pero no.

Facebook no es para jugar. No es para crear. No es para hacer más grandes y mejores a quienes los utilizan. Facebook es un negocio, una valla en blanco de publicidad cuyo único objetivo final es ganar dinero (lo comprendo), y ninguno de sus usuarios puede haber nacido en una ciudad inventada ni ser de profesión teragenio.

Acabo, que se me ha quedado el vaso vacío y voy a tener que bajar al Liquor de la esquina -yo vivo en Mad Madrid y no simplemente en Madrid, y puedo comprar espiritosos en genuinos bares neoloquinos.

Acabo.

Y quizá estoy mintiendo, o creando, y quizá soy abstemio. O adicto al zumo de piña mexicano.

Acabo. Ya acabo.

Que estoy contento. Mazo. Renta esto de que te clausuren o cierren el Facebook.

He escrito capado en el título de este artículo porque los mensajes de esa página a la que ahora no puedo acceder me siguen llegando al correo; los marcaré como spam o quizá los deje para no olvidarme de la que me he librado.

Porque es un curro, es un trabajo. Entrar, salir, mirar, contestar, me gusta, me disgusta… Es un curro no pagado (y yo soy un profesional, cobro por mi trabajo. Me gusta la pasta casi tanto como a los Sucker Brothers).

El Facebook es un invento para gente normal, que va de normal, y yo soy un tío raro que, además, va de raro. Pero que lo intentaba, le ponía buena voluntad. Bah, está bien, apareceré en el Facebook… pero ya no es culpa mía no seguir apareciendo. ¡Yupi! ¡Me lo hacen cerrado!

Así que estoy contento, agradecido por esa falta de flexibilidad que no permite a los tigres convivir con los corderos. Gracias gracias. Facebook facebook. Tigre tigre. Tigre encantado.

Otro burbon, por favor.

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1 Comentario

  1. Lo bonito de esto es la alegre contradicción de que para indicar que te gusta el artículo se utilice la vía Facebook, que al parecer ha decidido que el autor no existe.

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